Día: 4 de agosto de 2018

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The Devil and Father Amorth

El documental The Devil and Father Amorth viene a redondear un ciclo creativo en un espíritu de justa reivindicación. William Friedkin lo dirige con apenas un par de cámaras digitales y un aliento de veterano deconstructor de sus juguetes ópticos, cual Orson Welles de F for Fake. Vuelve así a propinarle un cachetazo al Hollywood millenial que lo excluye y lo considera un paria irreparable.

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El Atelier

La banalidad que campea en El Atelier nos sale al cruce desde su primera imagen. Apenas arranca la película lo primero que vemos es un plano de un videojuego, en el que un personaje vagamente fantástico camina por la cima de una montaña nevada, al parecer sin rumbo, y en algún momento, sin razón aparente, sacude su arma (una espada) en el aire y sigue caminando. Videojuego. Los jóvenes juegan videojuegos. Más adelante vamos a escuchar al protagonista de la película, Antoine, decir que su actividad más frecuente durante el día es simplemente salir a caminar por el pueblo, sin rumbo, solo. Antoine, suponemos, era quien jugaba aquel videojuego inicial; lo vemos en otro momento jugar en plano, aunque también vemos a varios de sus amigos enfrascados en videojuegos, porque, se sabe, eso es lo que hacen los jóvenes. Y así, lo que parecía una imagen banal puesta en la puerta de entrada por un “hombre mayor/inteligente” que lo mejor y primero que tiene para mostrar de su personaje es que juega videojuegos, por obra y gracia de una operación cinematográfica se vuelve también metáfora.

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El cine del siglo XXI (3): Concentrar o morir

Hollywood no tenía en los videoclubes una sección propia, no decían que vayas a buscar películas norteamericanas, lo norteamericano era sinónimo de lo cinematográfico. Hollywood logró de alguna manera eso, normalizar que su cine no necesite presentación del país. El logro no es menor si lo tomamos desde el punto de vista del marketing. Por ejemplo se sabe que uno de los mayores logros que puede tener la publicidad (si no el mayor) es que se logre identificar un objeto X con el nombre de un producto. Que llamemos a la gaseosa “Coca”, o “chicles” (derivado de la marca Chiclet’s) a la goma de mascar, o que por ejemplo en Estados Unidos se utilice muchas veces el término “Xeroxing”(por la marca de fotocopiadora Xerox) en vez de fotocopiar. Hollywood logró de alguna manera eso, normalizar que su cine no necesite presentación del país; que si hablamos de dramas, comedias románticas, o películas de terror hollywoodenses no necesitemos decir que son de Hollywood.

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Casa propia

Con Casa propia, Ruiz parece haber entrado en nuevos terrenos sin tener que salir de su ciudad. No sería descabellado hacer una primera traslación entre el personaje principal y el propio cineasta. De ser así, toda la película sería el reflejo de un director que pretende instalarse en una nueva casa cinéfila propia. Las intenciones parecen estar claras desde la notable escena inicial, en la que un grupo de adolescentes ejercen a pleno su cordobesismo. 

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PERRO BLANCO | NÚMERO 17 | AGOSTO / 18

Entrevistas: La omisión+Sebastián Schjaer & Casa Propia+Rosendo Ruiz/Jóvenes titanes en acción/Una pastelería en Tokio/Dulce país/El amor menos pensado/La otra piel/¿Quién mató a los Puppets?/Megalodón/Desobediencia/Años luz/Ghost stories/The Crescent/Calibre/ Zoe/The Devil and Father Amorth/El cine del SXXI (parte III)/Contra la critica ideológica/#SecciónRescates: el regreso de los telefilms/
Festivales: Locarno/#LoQueNoFue: Batman, el centinela de la noche/Cine on-line off-Netflix: sí, hay vida

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