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Tiempo de lectura: 3 minutosMartin Eden

Por Amilcar Boetto

Italia, 2019, 129′
Dirigida por Pietro Marcello
Con Luca Marinelli, Jessica Cressy, Carlo Cecchi, Denise Sardisco, Vincenzo Nemolato, Carmen Pommella, Autilia Ranieri, Marco Leonardi, Savino Paparella, Elisabetta Valgoi, Pietro Ragusa, Giustiniano Alpi, Anna Patierno, Vincenza Modica, Gaetano Bruno, Maurizio Donadoni, Chiara Francini, Aniello Arena, Giuseppe Iuliano, Peppe Maggio, Franco Pinelli, Lana Vlady, Diego Sepe, Sergio Longobardi, Giordano Bruno Guerri

Todas las vidas

Es Martin Eden una biopic tradicional, incluso aunque no cumpla con tiene todas las características del género? El protagonista es un personaje ficticio (basado en la obra homónima de Jack London), atraviesa un período particular de la historia italiana y encarna una lucha de clases (colectiva) sobre sus propios hombros (de manera individual), si, pero el problema de la relación con las biopics radica en una regla que vino estableciendo el género durante los últimos años: presuponiendo que sabemos sus reglas, por lo que, mediando las elipsis, antes que narrar, se describe. De ese modo las escenas pasan con velocidad porque la película ya está segura del contrato descriptivo que ha entablado con el espectador: la historia real del personaje abordada con énfasis anecdótico. Algo de eso que pasa en Bohemian Raphsody, en Rocketman, en Vice, sucede en Martin Eden: exhibir los momentos decisionales que moldean una identidad (como la escena en que Martin conoce a Elena y al tener una breve charla sobre  Baudelaire, él se da cuenta que lo suyo es el conocimiento). En alguna medida es como si la pregunta que se hacen  las biografías sobre el origen de una personalidad fuese respondida por una lógica de causa-efecto. Es consciente Martin Eden de semejante operación subrrayada y redundante? 

El problema de las biopics conductistas (que impostan causas y efectos como procesos de determinación vital) es que muchos de sus personajes atrapados en semajente estructura terminan entregados a la pueril caricatura. El determnismo los convierte, antes que en personajes, en piezas de un engranaje preconcebido. Esa linealidad causa-efecto elimina cualquier posible complejidad, cualquier contradicción. En definitiva, el problema central que acontece alrededor de las biopics es que quieren darle un sentido teleológico a cada acto de una vida y quieren, a su vez, que estos actos encarnen una visión del  mundo que una sociedad tuvo en un momento. Ahí estaba Citizen Kane para demostrar que esa es una misión  imposible, pero también lo hicieron algunas de las bio-pics de John Ford, como The Long Gray Line, en la que su protagonista ve la vida y la historia americana pasar frente a sus ojos como ausente, sin experimentar una reciprocidad con estas como en las películas que mencioné más arriba. En la  película de Ford, Martin Maher, vive una vida afectada por la historia pero sin que él la afecté directamente, es un personaje que sufre las consecuencias de su tiempo. En cambio, Martin  Eden es una película en la que su protagonista se constituye como eje de un centro alrrededor del cual gira la historia (con mayúscula y minúscula).

Avanzada la película, sin embargo, cuando todo se emcaramaba a definir una predecible historia de superación personal, una elipsis nos muestra al personaje viviendo en una decadencia burguesa, como si,  ahora sí, la vida hubiera dejado de tener el sentido que tenía y le hubiese pasado por arriba. En  este momento, vuelve a tener un encuentro con la mujer que lo enamoró y lo hizo creer en  lo importante de la educación, y la rechaza, gritándole una serie de desoladoras afirmaciones  rodantes en torno a su negligencia amorosa que llegó justo en el momento de mayor debilidad del escritor. Esa elipsis logra un tono que la película venía amenazando, pero no había logrado hasta el momento: las imágenes que pueblan el mundo del protagonista empiezan a convertirse en una insistente degradación de todo lo que en la primera parte era exaltación. El propio Martin se convierte en una caricatura de sí  mismo, en un intelectual destruido por su fama, la película entera encarna una inverosimilitud. Pero curiosamente se trata de una  inverosimilitud que se siente más libre. En alguna medida, en sus contrapuntos, Martin Eden también expresa el saludable proceso de contradicciones de un género en el que, a veces, la mentira, la hipérbole puede configurar un terreno que nada tiene que ver con la vida y si con el cine. Contrariamente, a veces las libertades pueden acercarnos a las contradicciones vitales, pero no son, precisamente, virtudes en las que el cine se mueva con comodidad. Encerrada en sus contradicciones (dar cuenta de un tiempo, de un espacio a partir de una persona), amparada en el realismo, las preguntas de la película de Pietro Marcello resuenan a otras épocas. Un cine inoxidable.

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