El libro de imagen (Le livre d’image)
Suiza-Francia, 2018, 88′
Dirigida por Jean-Luc Godard.

Esperanzas de un mundo nuevo

Por Sebastián Santillán

Escasos días antes del estreno mundial de Le livre d’image en el Festival de Cannes, apareció en Internet una pequeña película que distintos medio atribuyeron a Jean-Luc Godard. Se titulaba Vent d’ouest, y era un cortometraje en supuesto apoyo a la causa de la ZAD, una agrupación anarquista que desde hace décadas lleva adelante una lucha contra la instalación de un aeropuerto en una zona agraria de Francia. Realizado bajo el muy reconocible estilo de montaje dialéctico de Godard, incluyendo su característica voz, este cortometraje generó mucho debate entre los admiradores del cineasta (algunos arriesgados llegaron a afirmar que se trataba de “la mejor obra del cineasta de los últimos años”). Pero un día después de su lanzamiento, Le Monde informaba que en realidad todo se trataba de un engaño: el cortometraje no había sido realizado por Godard. Los responsables de este hoax en realidad eran miembros de la ZAD, que a partir de un preciso estudio de los procedimientos de montaje de Godard habían inventado una película godardiana. Para salvar con elegancia su ingenuidad, varios admiradores del cineasta expusieron la posición que el corto podía ser reconocido como godardiano, porque supuestamente era conceptualmente fiel a las posiciones ideológicas y estéticas del autor. En cambio, algunos detractores, eufóricos ante lo que veían como un bochorno, encontraron la excusa ideal para salir a vociferar que “el gran genio del cine” no debía ser tan genial si cualquiera podía falsificarlo.

Personalmente, considero a Jean-Luc Godard el mayor genio del cine. Sin embargo, me parece que su exaltación automática es tan inconducente como la impugnación liviana de sus detractores. Cada película de Godard presenta un desafío nuevo, y si bien existen procedimientos en los que se puede encontrar una continuidad, siempre se incorporan elementos novedosos, cuya funcionalidad puede incluso poner en duda lo que se daba como seguro. Godard jamás se repitió, por eso el abordaje de cada una de sus películas es una tarea tan ardua como apasionante, que requiere una indagación atenta, desprejuiciada y minuciosa. El talón de Aquiles del cortometraje falsificado, donde quedó en evidencia su carácter fraudulento, es que replicaba mecánicamente procedimientos y citas, pero se mostraba incapaz de ir más allá. En cambio, Le livre d’image —una de las películas a las que Godard dedicó más tiempo, tal vez desde la conciencia que por motivos humanos podría llegar a ser su testamento autoral— propone un cambio de perspectiva mayúsculo, que resulta de interés analizar.

Uno de los puntos distintivos a remarcar (y que las lecturas más desatentas han pasado por alto) es que Le livre d’image no es un trabajo completamente individual de Godard, sino que se trata de una obra de producción colectiva. La película no lleva la clásica firma “JLG”, sino que su autoría es atribuida a varias personas: Jean-Luc Godard, Jean-Paul Battaggia, Fabrice Aragno y Nicole Brenez. Bajo los aspectos legales, los cuatro aparecen formalmente acreditados como montajistas, lo cual a nivel estético significa ubicarlos en el lugar central de la autoría, ya que, como es ampliamente conocido, para Godard el montaje es el momento y lugar donde las películas cobran vida, algo que quedará remarcado en Le livre d’image. Sin lugar a dudas, el capitán del equipo es Godard, pero también es de interés considerar el aporte de los otros responsables (aproximación que es extensible a trabajos previos del cineasta, como los realizados codo a codo con Anne-Marie Miéville). En especial es relevante el aporte de Nicole Brenez, una de las más brillantes intelectuales de nuestro tiempo, y particularmente una de las ensayistas que con mayor lucidez han aportado a una revisión integral y rigurosa de la historia del medio, desde una perspectiva que desborda el tradicionalismo narrativo.

Como suele ser habitual en Godard, Le livre d’image se formula desde lo metadiscursivo, y explícitamente se propone como una lectura personal de la historia de las imágenes. La cita inicial («los amos del mundo deberían desconfiar de Bécassine, precisamente porque guarda silencio») expande el terreno más allá del cine y de la plástica tradicional. Bécassine —un personaje de la bande dessinée muy popular en Francia, que lleva más de cien años de publicación en múltiples medios gráficos y que fue adaptado al cine en un par de oportunidades— deviene en un ícono cultural que ha sido testigo mudo del siglo. El personaje volverá a ser referenciado en momentos clave de Le livre d’image, adoptando una funcionalidad estructural que puede ser pensada como un paralelo al que tenía el Angelus Novus de Pa