The Endless
EE.UU., 2017, 111′
Dirigida por Justin Benson y Aaron Moorhead
Con Aaron Moorhead, Justin Benson, Tate Ellington, Callie Hernandez, James Jordan, Lew Temple

Creer

Por Raúl Ortiz Mory

Desde los tiempos en que las primeras sociedades tribales empezaron a organizarse, el hombre ha relacionado sus acciones a los designios de un ser superior. Por más paganos que fueran sus cultos religiosos y rudimentarios sus procesos terrenales -cielo y tierra siempre han tenido una relación causa consecuencia indivisible-, el hombre ha cultivado el afán por creer que “algo mayor” lo ha puesto en la Tierra para cumplir un objetivo. El camino, invariablemente, será un misterio para el ser humano, así asuma que su destino ya está marcado por esa fuerza sobrenatural. Así, la voluntad se cifra en un mero goce momentáneo de autoengaño que nos hace creer independientes (un libre albedrío farsesco).

Sin embargo, para los fieles, la omnisciencia tiene, y tendrá, un atributo bondadoso. Algunos filósofos romanos sugerían que el absolutismo divino estaba presente en los tres tiempos posibles: pasado, presente y futuro. Nadie podría escapar de los ojos centinelas, ergo, del prestidigitador celestial. Otros pensadores aseguran que la relación espacio-tiempo y sus variables coexisten en un mismo momento, bajo los hilos de un ente supremo dadivoso. Pero, ¿qué pasaría si los bucles temporales y la autodeterminación estuvieran dirigidos por una eminencia maligna que destruye a sus seguidores haciéndolos sufrir, para volver a crearlos, y fomentar nuevos espirales a fin de captar más adeptos?

The Endless, la última película de los directores estadounidenses Justin Benson y Aaron Moorhead (quienes también son los protagonistas y utilizan sus propios nombres en la cinta) responde a la interrogante del párrafo anterior de una manera hiperrealista que sugiere un acercamiento a múltiples géneros cinematográficos. En medio de todo este universo de escalas temporales, espaciales y deístas, irrumpe el temor. No es casualidad que en el inicio del film aparezca una frase de H.P. Lovecraft: “la emoción más antigua y más intensa de la humanidad es el miedo, y el más antiguo y más intenso de los miedos es el miedo a lo desconocido”.

Esa intensidad que remarca Lovecraft también está patentada a través de una relación culposa entre dos hermanos que, a la muerte de su madre, fueron criados en el seno de una secta. Uno de ellos, Aaron, el menor, añora el tipo de relación que entabló con los demás fanáticos durante los 10 años que estuvo inmerso en el grupo. Su nueva vida en Los Ángeles es monótona y sin perspectiva. Trabaja al lado de Justin, su hermano mayor, en una empresa de limpieza. Un día, Aaron le propone a Justin regresar a Arcadia, la alejada comunidad que les dio cobijo. Justin, metódico, dominante y racional -todo lo contrario de Aaron- desconfía de la propuesta por una sensata razón: fue él quien delató a la secta después de huir y “rescatar” a su hermano. No obstante, accederá al pedido de Aaron. En ese momento, The Endless empieza su recorrido, sombrío y escabroso, crepuscular y penitente.

Si bien estamos ante un híbrido que puede encajar en el listado de películas sobre sectas y viajes en el tiempo, también tiene un componente dramático que, al inicio, no hace suponer que se trate de un film orientado en dirección al terror y la ciencia ficción. Otros destacados trabajos, por ejemplo la reciente Hereditary (Ari Aster, 2018), poseen esa cuota de drama que ayuda a construir mejor la psique de los protagonistas. Para Benson y Moorhead es fundamental descomponer las aspiraciones de sus personajes con tal de volcarlos hacia el camino menos apreciable y más riesgoso (reintegrarse a la secta). La urbe se encargó de marginar a Justin y Aaron por su pasado excéntrico. Los hermanos nunca alcanzaron una plena reinserción social; por lo tanto, Arcadia es un refugio emocional, psicológico y material, más para Aaron que para Justin. La parábola del hijo pródigo en su máxima expresión.

 

Reitero, ese cariz dramático que destila The Endless resulta tan necesario como solvente para captar la esencia de su propuesta. Sin ello, caeríamos en un espiral de fantasía superficial. Sobre la atmósfera que invade, y sofoca, la película se puede decir que hay cierta similitud con dos trabajos cercanos a organizaciones herméticas que abordan el tema del fanatismo: Red State (Kevin Smith, 2011) y The Invitation (Karyn Kusama, 2015). En los tres casos, la tensión está llevada por la alternancia de personajes secundarios que exponen subtramas tan atractivas como la que va hilvanando la historia central y sus retorcidos conflictos. La interacción de Justin y Aaron con los otros integrantes de la secta puede ser distante e íntima, a la vez, pero nunca desdeñable. Desde una perspectiva visual, es otro el nombre que resuena y la referencia ineludible: Take Shelter (Jeff Nichols, 2011)

Con su tercer largometraje, Benson y Moorhead, retoman ese alentador y original camino que significó Resolution cuando debutaron en la escena indie hace seis años. Viajes temporales, fanatismo religioso y conflictos fraternales son las bases que soportan esta atractiva película de terror y ciencia ficción.

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