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Tiempo de lectura: 2 minutosEl motivo

Por Gabriel Santiago Suede

The Motive
Israel 2020, 4 episodios de 30′
Creada por Tali Shemesh y Asaf Sudri

No abras nunca esa puerta

En sus cuatro redundantes episodios El Motivo comparte una estrategia con el ejercicio de observar una pintura: no se puede agotar de un solo movimiento, en un simple recorrido. Para entender lo que vemos estamos obligados a volver obsesivamente sobre los materiales, como si siempre nos estuviera faltando cinco p’al peso, como si de una u otra forma se nos ocluyera el acceso a toda la información que precisamos. En este punto, su inteligente mecanismo de procrastinación y la invitación constante a revisar la mirada y los archivos convierte a la serie israelí -sobre el asesinato de una familia perpetrado por el hijo menor de la misma- en un objeto a la vez común asi como extraño.

Observamos con minuciosidad la escena de un crimen atroz: un niño de 13 años es el único sobreviviente de una masacre familiar. Poco después comprobamos que eso sucede exclusivamente porque sobre sus hombros recae la autoría de los hechos. Pero si esa fuera la finalidad de esta docuserie el asunto no duraría más de 15′. El extrañamiento, entonces, es el que nos impide alejarnos de lo que vemos: es cierto que el joven mató con la instrucción de un tercero? Es cierto que se trata de un genio criminal que se propuso heredar la fortuna de sus padres como único heredero? Es cierto que el asesinato encubre una serie de abusos perpetrados por la familia en cuestión? Es cierto que hay otro motivo inconfesable que no sabremos nunca pero que puede intuirse y llenarse con una diversidad de teorías?

Lo mejor que hacen los responsable de El motivo es abrir una multiplicidad de puertas que mantienen abiertas hasta el mismísimo cierre, sin que ninguna de ellas anule a su contraparte. De esta manera nos enfrentamos a un sistema de especulaciones que quizás hable más de las capacidades narrativas de los creadores de la serie que del caso en si. Pero acaso eso sea lo que menos importa, porque el juego está lanzado: el vacío de interpretaciones (no casualmente aludido en la fuente elegida para el título en el que la O de “Motivo” se convierte en un gran pozo sin fondo) prevalece, nuestro cerebro crece en cálculos y en posibilidades. Pero como siempre, el misterio del mal y del crimen son una oscuridad apabullante que funciona mejor sin respuestas. El final abierto no hace más que corroborar este principio de incertidumbre. En ese vacío pervive ese crimen sin móviles y sin responsables constatables.

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