Día: 11 de julio de 2018

Tabula Rasa

El cuento moral que nos narra Tabula Rasa, en cambio, ya no necesita exponer ningún artificio. O en todo caso si muestra algo parecido no viene por el lado de las formas ni por la reflexión sobre el lenguaje, sino por el desenmascaramiento de ciertas instituciones cada vez menos consolidadas, como lo son el matrimonio y la familia. Al disponer de todos los elementos en escena solo para construirnos una idea ingeniosa de ocultamientos selectivos la serie juega a ese juego irritante de juegan algunos guionistas, que no es otro que el de manipularnos a puras vueltas de tuerca, como si el mero retorcimiento narrativo pudiera formular una idea. Y el punto es que, por fuera de su voluminoso exhibicionismo, la serie está tan vacía como la cabeza de su protagonista. Ese movimiento, que en algunos casos no es más que el disfrute lúdico por las formas y por el vacío mismo como ejercicio (vg Intriga Internacional, otra vez Hitchcock, a ver si lo entienden mejor la próxima) aquí no es otra cosa que un vacío impar, una jugada rápida, un gesto canchero.

Claude Lanzmann (1925-2018)

En todo caso, lo que sí me parecería un error grande es el seguir pensando al cine de Lanzmann como un modelo único e infalible para abordar un tema y a Shoah como su representación más perfecta. Es verdad que el propio Lanzmann contribuyó a eso, furioso cada vez que alguien osaba exhibir su película en otro orden que no era el que quería, convencido de que era prácticamente la única forma de representar el Holocausto. Pero creo francamente que caer en las demandas que tuvo Lanzmann respecto de cómo había que filmar ese hecho sería un error. Shoah no debe ser vista como una pieza de ingeniería que alcanzó un estado de máxima perfección. Detrás de su tremendo rigor, de su cuidadosa recolección de información y su aún más cuidadoso orden a la hora de exponerlo a lo largo de sus horas, hay también una desesperación y una furia que la lleva inevitablemente a ser discutible.

Ant-Man and The Wasp

Dos películas aparecen citadas directamente en esta secuela: Animal House y Them! y de alguna manera AM&TW toma un poco de ambas, y lo revuelve con secuencias de accion con el grado justo de imaginacion e inventiva a la hora de poner y mover la cámara (nos seguimos preguntando qué hubiera sido del MCU con la presencia de Edgar Wright). De todas formas, esta síntesis de comedia americana con ciencia ficción clase B es algo que ya vimos en la anterior, y esta secuela no amplía el panorama. De hecho, es una película con un guión y una estructura muy poco elegante, llena de subtramas que se van formando y resolviendo medio a los tumbos.

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