Categoría: Arbitrariedades

#GimmeShelter: cine, series, libros y otras cosas para sobrevivir (IX)

A lo largo de esta cuarentena infinita (y a mi modo de ver una medida bastante medieval, con pocos testeos, con mucha miseria y angustia acumulada y con poco cuidado real, pero bueno, es otro asunto, no voy a ahondar en él) me dediqué a hacer una y mil cosas. Arreglar partes de mi casa, pintar, pegar suelas, adiestrar bestias, cocinar como loco. Pero en el medio de eso también leí bastante (dentro de las posibilidades), vi unas cinco o seis series (no todas buenas, aclaremos), vi casi una treintena de películas. Pero también jugué mucho (a mis hijos y a mi nos encanta el basquet…a mi esposa un poco menos), aprovechando las bondades del fondo de la casa con un patio para disfrutar. No todos cuentan con esos remansos que te sacan de la locura del encierro (de hecho agradezco haber elegido esta casa cuando la compramos en vez del maravilloso departamento de pozo que estaba entre las posibilidades). Me encanta ver películas con mis hijos. Por eso no sé si les voy a contar tanto sobre las películas que vi solo y si las que compartí con ellos. En algún momento lo hablábamos con mi esposa: casi no aparecieron recomendaciones por ningún lado sobre películas o series para ver con los hijos (más si están entre los 5 y los 10 años, edad problemática para el encierro).

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#GimmeShelter: cine, series, libros y otras cosas para sobrevivir (VIII)

Durante los primeros momentos de la cuarentena me dediqué a escribir mucho, de manera improvisadísima y personal, los pensamientos sobre las cosas que veía o consumía durante el día. Muchas veces eso se fue convirtiendo en un pensamiento arbitrario que me aparecía a la hora de escribir y que quizás no tenía nada que ver con la música que estaba escuchando, las películas que estaba viendo o los libros que estaba leyendo, simplemente eran pensamientos que se me aparecía y sobre los que desarrollaba lo que quería. Y así llegué a muchas conclusiones interesantes. Lógicamente, este momento duró poco, siquiera una semana y media, porque la constancia de escribir todos los días sin sentir que las ideas se van agotando y que la obligación pesa más que las ganas, no dura tanto, y además, comenzaban las clases online y tenía otra rutina con la que condenarme.

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#GimmeShelter: cine, series, libros y otras cosas para sobrevivir (VII)

Ya no sé ni cuándo empezó todo esto. No puedo contar las semanas. Tampoco duermo demasiado así que los días se me meten unos en otros. Allá, al principio de la cuarentena, cuando todavía tenía algo de voluntad y creía que para sobrevivir al encierro alcanzaba una cierta dosis de espíritu, había tomado la determinación de no escribir un diario de la pandemia. Sin embargo, acá estoy. Algunas semanas alcanzan para aplastarlo todo. Una de las cosas más curiosas del encierro es que descubro que tengo menos tiempo que antes: casi no miro películas, cuando no estoy haciendo trabajo remoto trato de entretener a mi hija que más o menos entiende que la situación está más allá de nuestro control pero igual se aburre. Si de casualidad se produce un claro y me encuentro con algún rato libre en el día (¿semana? ¿fin de semana?), no me quedan muchas fuerzas para nada que sea demasiado productivo. Sí, sé que todos ustedes, los que pululan por las redes sociales, están descubriendo el potencial infinito de la educación online, la panadería amateur, los ejercicios físicos entre muebles y la reflexión al paso. Confieso que a mí no me da el cuero. Empiezo a ver algo y tardo semanas en terminarlo. Hasta escribir se me volvió una especie de tortura.

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#GimmeShelter: cine, series, libros y otras cosas para sobrevivir (VI)

La cuarentena es un hotel Overlook para muchos. Los días transcurren como un absurdo día de la marmota donde das vueltas en círculos como Danny Torrance o los felinos enjaulados de Tiger King, una popular serie de las jornadas del confinamiento, amén de traducir los relatos salvajes de una especie decadente tras la rejas. En mi caso fue útil para pensar las derivas extranjeras, como si las películas me hubieran llevado a los territorios en donde el encierro se vive de forma distinta. Me pregunto si tendremos la misma suerte. Prometo extender la inquietud en una próxima entrega, dedicada a cómo se lleva el trance del Covid 19 en el infierno de Venezuela. Aprovecharé el pretexto del cine, como es costumbre, para narrar una peste nacional que se propaga con la fuerza del coronavirus.

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#GimmeShelter: cine, series, libros y otras cosas para sobrevivir (V)

Fui uno de los tantos ingenuos que se emocionó pensando que durante la cuarentena iba a leer dos veces la biblioteca de Alejandría, recordar algo de cálculo diferencial, llenar algún que otro hueco en mi cultura de cine-arte, lograr el lomo de Charles Atlas con esas pesitas de morondanga y subir dos niveles de alemán… que el coronavirus me valga. ¿Qué querías, que te creciera el pelo también? Ya hace un mes que estoy como el ameo David en su cuarto blanco de Odisea del Espacio, flotando en un tiempo de goma que combina los quehaceres de la cocina, la limpieza y la crianza. Mientras tanto, a puro machetazo mental, trato de talar un claro en esta selva de locura colectiva y virtual para trabajar con medios que cuando hice la secundaria eran (¡todavía son!) Ciencia Ficción. Ya perdí la cuenta de las veces en que, deambulando por casa, de repente me pregunto qué hago en la cocina con un par de medias en cada mano. Mandela logró la presidencia después de 27 años encerrado en un 2 x 2 con una mesa, una silla y un balde. Era Superman y nunca nos enteramos.

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