Día: 27 de octubre de 2019

#Dossier Gray: epílogo para un futuro canon

Gray, como director, nace como debe nacerse: pequeño, con manos inquietas, conociendo el mundo, en voz baja, sin altisonancias. No hay en su cine gestos declamatorios, no hay convocatorias a la validación autoral ni nada que se le parezca sino (me atrevo a pensar una filiación) una voluntad eastwoodiana por el trabajo, por el culo en la silla que asegura pensar obsesivamente (pero no como en esas obsesiones mortuorias a lo Charlie Kauffman en donde la vida nunca llega, sino más bien lo contrario) las formas del mundo que un artista como Gray puede ir configurando. Hay, en su cine, un doble movimiento, acaso infrecuente en el cine actual: por un lado un movimiento que confía en las imágenes y en una ética posible, que es la del trabajo y la de una forma de lenguaje audiovisual, que es el código clásico.

Terminator: Destino oculto

Como muchas sagas de largo aliento, la franquicia Terminator fue empeorando mucho con el paso del tiempo. Empezó como una especie de slasher en versión tech-noir y se re-inventó con una secuela que es una de las grandes películas de acción de los 90’s y acaso de la historia. De paso, puso la vara muy alta para cualquier blockbuster que hiciera de la presencia del CGI algo fundamental. Terminator: Destino oculto apunta a ser una continuación directa de esas dos películas iniciales y trae una serie de novedades además de la intención de hacer borrón y cuenta nueva con esta franquicia tan manoseada.

10 ideas sobre el puritanismo en el cine contemporáneo

Creo que hace unos años algo se rompió y corre el peligro de no poder volver a repararse. Muchos críticos que hasta hace poco tiempo pensaban con libertad, con sentido del humor, con la ironía como arma contra el pensamiento único y el autoritarismo, hoy se manifiestan bajo el paraguas unificador de la corrección política. Y de repente todos dicen cosas más o menos parecidas, mas o menos esperables, más o menos en el mismo momento.

Fleabag

Una protagonista canchera hablando a cámara en una dramedy original no parece, en principio, nada revolucionario. Pero hay montones de detalles y situaciones que ya desde el primer episodio dan indicios de que Fleabag es una serie especial. Incluso el brevísimo opening de la primera temporada, apenas una placa de tipografía anodina sobre negro con medio segundo de free jazz ruidoso, marca una intención: la de generar momentos abruptos e inesperados (de humor, pero también de intranquilidad o de cringe) mediante el montaje, ya sea con inserts breves y gags o flashbacks que de a poco reconstruyen parte del pasado del personaje.

Platform

¿Cómo se filma el fracaso definitivo de una utopía revolucionaria?, no adentrándose precisamente en los vericuetos del poder y en sus intrigas políticas, tampoco poniendo en escena la cegadora realidad frente a un discurso o a un mandato ni, mucho menos, balanceándose entre lo viejo y lo nuevo diciendo que, después de todo, los vientos del cambio son favorables si se mantiene algo en pie.

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