Actriz
Argentina, 2017, 81′
Dirigida por Fabián Fattore.
Con Analía Couceyro

Una (actriz) se prepara

Por Nadia Marchione

 

Analía Couceyro tiene unos ojos redondos incapaces de hacerse invisibles y una voz grave, segura y serena. Ella y su mirada -en muchas ocasiones fuera de campo, porque la cámara la sigue con planos super cerrados- son todo lo que queremos ver. Ella y su voz -que repite y se repite a sí misma, que se replica y se modifica, en pos de lograr el objetivo de memorizar un nuevo texto- es todo lo que necesitamos escuchar. Porque viéndola actuar, enseñar o dirigir ingresamos al mundo, que es personal pero también compartido, por eso es complejo. Viéndola jugar con sus hijos seguimos el hilo de pensamiento de quien encarna esa profesión tan singular que se lleva siempre encima, un trabajo fulltime que no conoce de límites y horarios.

Ese permanente juego de espejos -nótese la numerosa cantidad de planos en la película en que vemos a Couceyro indirectamente, a través de un espejo de camarín- no es otra cosa que el complejo mundo de la actuación puesto ahí, de manifiesto, sin necesidad de explicación alguna. Ese deambular por pasillos, subir escaleras que se desandan en busca de camarines o nuevos escenarios. Esa prueba de vestuario, ese ajuste de movimiento, ese permanente cambiar de rol para poder respirar. Eso es una actriz.

El documental de Fabián Fattore que tiene a Analía Couceyro como eje principal y protagonista absoluta, se encarga de seguirla por los senderos de su profesión durante algunos días (quizás meses) mientras nosotros aquí, de este lado, espiamos su rutina de memorización de texto, preparación para la escena, prueba de vestuario o devoluciones de sus directores. Como buen documental de “mosca en la pared” no explica. Sólo muestra. Es un documental de observación puro y duro, que no emite juicio de valor sobre lo que ve, ni interviene demasiado para lograr tal o cual escena, así como tampoco busca una interacción entre la actriz y la cámara, omnipresente a lo largo de toda la película. Registra. Con eso ya es bastante.

Fattore pone de manifiesto el oficio del actor completamente desprovisto de mística y discursos. Lo vacía de contenido en pos de la economía discursiva que se concentra en la palabra como acción y el cuerpo como expresión. Dejar respirar a la película al ritmo de su protagonista. A simple vista parece que estuviera hablando sólo de alguien que se para bajo una luz y dice un texto que aprendió mientras lavaba los platos. Pero no. El director sabe que un actor no es eso. Y ahí está Couceyro mostrando la complejidad de las acciones más simples, porque a veces son esas que definen. Sin necesidad de discursos ni escenas de conflicto, Fattore pinta el mundo del oficio de la mentira y el juego por excelencia. “La ficción es honesta. Honesta y sofisticada” dice el personaje principal de la obra “Constanza muere”, de Ariel Farace, que encarna Analía en varios pasajes de la película. El actor y la actriz son los hacedores por excelencia de esa ficción honesta y sofisticada, y Fattore confía en ello y deja recaer en su protagonista y en sus silencios y miradas toda nuestra atención. Porque Couceyro vive la actuación día a día como el más noble de los oficios, y eso no necesita explicación alguna más que la de verla a ella transitar la cotidianeidad de sus tareas, respirar los textos o mirarse al espejo segundos antes de empezar a desmaquillarse.

El misterio de la profesión más hermosa del mundo, esa que permite ser todas las personas y uno mismo a la vez, se desvela entonces, en esos ojos redondos infinitos de Couceyro. Y entonces las palabras sobran. No es usual que el cine argentino se concentre en la potencia política de los cuerpos representando. Por eso, al final del camino recorrido con Analía, uno siente que entendió todo -o casi todo- del maravilloso arte de ponerle el cuerpo a la ficción.

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