Barbie, Oppenheimer, Misión Imposible: el mainstream sin salida

Por Varios Autores

Vamos a ponerlos en contexto. Resulta que, visto en entusiasmo que nos generó Misión: Imposible – Sentencia Mortal – Parte I (o M:I-7-P1 para los amigos), decidimos armar un diálogo entre varios redactores que se frustró por complejidades con los tiempos. Así las cosas, dos de los participantes contunuaron con el plan. Pero de a poco, con el paso de las semanas del estreno de la séptima entrega de la saga, comenzó una preocupación: el inexplicable éxito de Barbie y Oppenheimer. Y lo que había empezado siendo un elogio para una forma del mainstream que está casi extinto, la conversación empezó a derivar hacia otro lado. Lean y opinen.

Un callejón sin salida

Por Federico Karstulovich & Rodrigo Martín Seijas

FK: Creo que, como lo dije en mi crítica, a diferencia de la anterior, en esta entrega MI recuperó la memoria y la vitalidad. Y hasta se olvidó un poco de que Tom como Ethan es un señor mayor. Casi como si hubiera vuelto a la tercera o la cuarta. Como si el cuerpo no doliera. Como si el artificio fuera posible nuevamente. Me resulta imposible no pensarla en tándem con Top Gun Maverick y a MI como último exponente posible de un cine que a a extinguirse. En este punto es un monstruo de dos cabezas: mira al pasado como si el tiempo no hubiera transcurrido y juega a ser joven. Por eso es autoconsciente de su historia y de la saga. Pero mira al futuro y es sombría, porque sabe que lo que viene es la peste y la muerte del espectáculo sustituido por la agenda pura y dura

RMS: Disiento un poco respecto a que no piensa en la vejez. Lo que sí, lo hace un poco desde la pérdida, desde la noción de que Hunt es un héroe trágico, que está casi condenado a perder incluso cuando gana. Y que hasta podría decirse que va a morir siendo eso, un tipo que solo puede ser un salvador, alguien que se sacrifica por una causa e incluso un poco más por sus amigos, por la gente que quiere. Coincido en que hay, de reojo, una mirada sombría sobre el mainstream contemporáneo, reivindicando un tipo de cine que está al borde de la extinción. En eso se parece a Indiana Jones y el dial del destino, donde también lo temporal y lo trágico jugaban un rol. Hay, asimismo, un gesto donde lo analógico recobra un rol central, a la par de lo físico y lo sacrificial. En eso me hace acordar un poco a Duro de matar 4.0, aunque en esa película John McClane tenía una posición casi política en contra de lo digital. Acá eso surge, o más bien se confirma (en el fondo, Hunt siempre fue un héroe analógico, por más que se rodee de tecnología digital) a partir de ese villano llamado La Entidad, que consigue encontrarle una vuelta de tuerca al antagonismo con la inteligencia artificial.

FK: En efecto creo que ese componente discursivo (el de hombre contra máquina) no se hace pesado ni solemne, pero sí presente, lo que cada tanto agrega alguna disonancia a lo que vemos, como un ruido informativo. Es el único momento en el que el componente trágico que mencionás se me queda de lado. Miento: hay otro: los flashbacks. En este aspecto ninguna MI había necesitado apelar a ellos y el modo en el que aparecen en MI7 también extraña un poco la pertenencia a la saga, que supo, a lo largo de los años, hacer todo el recorrido que va desde lo diurno del héroe expansivo y bidimensional a la no turbiedad del héroe trágico/ético que el mismo Hunt compone. Así las cosas esto obliga a preguntarse desde qué lado está pensando la saga al cine de hoy. Y así como apuesta al gran espectáculo también se va a achicando en su discurso de resistencia, como si la autoconciencia no diera para más, como si la apelación al clasicismo tampoco, como si la cinefilia no bastara. Es, en todo caso, un cine que está sufriendo en su propia carne la imposibilidad de dialogar con un espectador contemporáneo. Ahí es donde la saga obliga a preguntarnos quién es su público ideal. No me extraña que esté fracasando en distintas partes del mundo, como si deliberadamente un tipo de espectador estuviera dándole la espalda a propósito.

RMS: Me resultó raro cómo la película rindió muy por debajo de las expectativas en la Argentina, a pesar de que está rindiendo muy bien en Estados Unidos. Concuerdo con eso del ruido informativo y sumo que me parece que es de los pocos elementos donde la película parece depender de un complemento que podría venir en la segunda parte. Sin embargo, esa mirada al futuro que tiene, aunque pesimista, no deja de ser vital a su modo, y creo que eso se sustenta en su apuesta constante por el movimiento. En Misión: Imposible – Sentencia mortal: Parte 1 pasa de todo, todo el tiempo, a nivel temporal y espacial, con un trabajo desde el montaje que es notable. Creo que eso se debe en parte a que con Christopher McQuarrie la saga encontró a su director definitivo: al fin y al cabo, el tipo siempre fue sombrío y a la vez noble. Se notaba en esos marginados trágicos del guión de Los sospechosos de siempre y en ese protagonista granítico que era Jack Reacher. Veo a la saga de Misión: Imposible como una actualización de los mosqueteros de Dumas, y a McQuarrie como un D´Artagnan que busca preservar viejos valores, incluso cuando todo el mundo parece ya no creer en ellos.

FK: Es cierta la relación con Dumas. Incluso en su crepuscularidad (no sé si la veo tan oscura, pero si crepuscular), incluso aunque la idea de equipo no esté tan presente como en otras, el aroma a despedida es innegable, básicamente porque el gran texto que atraviesa la película no estaba en las otras, que es la idea de la muerte de lo humano. En este punto el tiro por elevación es doble: hacia cualquier agenda que elimine la idea del mal en el cine (como la agenda woke), pero también contra un tipo de cine que desde hace rato cree que Oppenheimer (o películas similares de catadura solemne) o Barbie (en su costado elementalmente feminista de tablón) son expresión de un mainstream “adulto” mientras que la saga MI es un material anticuado. Inevitablemente lo es porque el viraje del público se empieza a notar. Pero la película es una expresión evidente del estado de las cosas: lo que años atrás te rompía los cines poniendo  una vara altísima hoy es excepción

RMS: Sí, no deja de llamar la atención el contraste brutal entre la fisicidad y crepuscularidad, además de real vocación por el espectáculo y el riesgo de Misión: Imposible – Sentencia mortal: Parte Uno, con el cálculo ideológico de Barbie y Oppenheimer. En especial con la película de Greta Gerwig, que se la da de rupturista, pero es más conservadora que el Partido Republicano. Lo de la dupla Cruise-McQuarrie es la verdadera adultez: esa que no necesita de impostaciones para hablar de la muerte y la pérdida; que dice casi todo con el cuerpo; que construye un verdadero feminismo, sustentado desde la acción y las decisiones antes que los monólogos entre resentidos y culposos; que apuesta a lo grupal y el crecimiento de cada uno de los personajes. Que su desempeño esté por debajo de las expectativas, mientras Gerwig y Nolan rompen la taquilla habla de un estado de cosas inquietante, aunque no quiero sacar conclusiones apresuradas.

FK: Se da una especie de pelea casi azarosa, pero no, entre tres formas distintas del mainstream actual: comenzamos hablando sobre MI7-P1 que piensa al cine mirando al pasado, con el formato de blockbuster inteligente que siempre supo cultivar la saga, en particular gracias a su pragmatismo y su capacidad de pensar que el cine sólo puede sobrevivir colectivamente justificando esa experiencia. Y para ello no pueriliza a sus espectadores rogándoles por una adscripción ideológica de moda (Barbie) o asumiendo que el “cine adulto” tiene que sostenerse sobre la base de un autismo solemne que sólo pueda respaldarse por el formato de “película-evento” (Oppenheimer). No, en MI7-P1 la  decisión radica en jugar al juego que mejor sabe jugar el cine: confiar en las imágenes y en los sonidos como generadores de entretenimiento y de pensamiento a la vez (uno podría pensar que toda la saga está atravesada por la  mejor tradición hitchcockiana del gusto por el juego de las formas sin por ello descuidar el espectáculo). En este sentido, entonces, lo que se juega con estas tres películas en sala (pero habría que incluir a la variante de Flash, que es un fracaso estrepitoso y augura un futuro oscuro para el cine de superhéroes si no se produce una rápida reformulación en el DCEU así como en MCU), es algo más que una pelea por la cantidad de espectadores. Lo que se puede vislumbrar es la posibilidad de un tipo de cine u otro en el mainstream de los próximos años.

RMS: Me llama la atención que esa pelea estética -pero donde lo económico puede jugar un rol decisivo- que vos describis es que el modelo Barbie según Gerwig propone una especie de involución, donde la realizadora abandona las herramientas del cine para someterse al mero discurso no solo panfletario, sino cobarde, porque al final lo único que se busca es satisfacer a todos, mientras se juega a ser disruptivo. Allí lo ideológico es algo precisamente “de moda”, porque todo se trata de impostar para quedar bien con la coyuntura. Si nos vamos al modelo propuesto por Nolan, lo que vemos es una estructura estática, donde hay un realizador que, alimentado por su ego pero también por un público acrítico -y en eso podríamos incluir a una crítica acrítica-, se dedica a repetirse a sí mismo en sus manierismos narrativos y audiovisuales, sin encontrar resquicios para madurar y pensar su propio cine. En cambio, lo de Misión: Imposible es una puesta en crisis constante, una búsqueda de evolución permanente que ya se vislumbraba en los comienzos de la saga, con los cambios de directores -cada uno aportando su perspectiva y retro alimentándose con la mirada de Tom Cruise como protagonista y productor-, y que con Christopher McQuarrie encuentra las formas definitivas para analizar no solo la iconicidad de las aventuras de Ethan Hunt, sino también la del cine de acción en su conjunto.

FK: En efecto, lo de Gerwig es producto de una discursividad demagógica, en formato Zelig: quedar bien con todos para despersonalizarse por completo. Ojo, no es una defensa del cine de autor lo que digo, sino que, en todo caso, es el resultado de un cine especulativo, que es distinto al cine no autoral que nos puede llegar a sorprender. Aquí la no autoralidad parece dar señas personales de una presunta “evolución del indie al mainstream”, cuando en realidad lo que hay es una concesión al agendismo más ramplón. El caso de Nolan, en efecto, es el otro extremo, el del autorismo-evento (el mismo Nolan se refirió a que buscaba hacer una película como JFK, que fuera un evento cultural: olvidate del cine, a esta gente le interesa otra cosa).Ese estatismo que mencionás no es problema porque, desde otro orden, como Barbie, se trata de películas que vienen blindadas por cosas que exceden al cine. Parecen ser, en alguna medida, una transición entre un cine de superhéroes sumido en la fractura del formato exitoso (desde Dr Strange y el Multiverso de la locura a Antman and the asp: Quantumania por el lado del MCU a la sucesión de fracasos del DCEU-pre Gunn, que van de Black Adam a Shazam 2, pero encuentra en el fracaso absoluto de The Flash, con su museo multiversal retro su paredón final) y un horizonte de cine sin evento que se vuelva incapaz de traer al espectador al cine, por lo tanto, obligado a generar estos artilugios que repelen al cine como lo son Barbie y Oppenheimer. En esa pelea, cómo no aferrarse al mainstream que entendió que para que exista el futuro hay que recuperar las mejores tradiciones del pasado como lo hace MI7-P1?

RMS: Muy de acuerdo, hay una lucha entre un cine ligado al evento (o sea, algo eventual, efímero), donde todo se sostiene en función de una marca -sea de un director como de un juguete- y un cine que realmente apuesta a ser una experiencia realmente estimulante. La vuelta a lo clásico de Misión: Imposible – Sentencia mortal: Parte Uno es también una forma de construir futuro, de ir para adelante. En cambio, lo que proponen Barbie y Oppenheimer, a pesar de su parafernalia supuestamente innovadora, es algo más ligado al conservadurismo, antes que al estatismo, que quizás no era el término apropiado. En Barbie, porque el gran triunfo de la protagonista es finalmente preservar un status quo, que todo igual, tanto en Barbieland como en el mundo real. En Oppenheimer, porque se reivindica un autorismo prepotente y una bajada de línea ideológica que hasta fuerza los eventos narrados: por eso la referencia arbitraria a JFK y la reivindicación solo porque es “una de Nolan”. El tema es que el cine propuesto por Cruise/McQuarrie viene perdiendo la batalla hace un rato largo.

FK: A veces pienso si vale la pena preguntarse por estas cosas o estas diatribas cuando el sistema casi siempre logró encontrar sus propios anticuerpos. Y a su vez porque varias veces el mainstream murió para renacer más o menos peor. El problema es que todos estos fenómenos que estamos pensando tensan la cuerda del cine mismo como posibilidad a límites que antes no se habían pensionado ni frente al peligro de disoluciòn que suponían la televisión, el directo a video o el cable (por pensar en tres instancias de crisis del formato por la competencia previos a la aparición de plataformas). El tema es que hoy por hoy la asimetría es monstruosa. La pérdida de la experiencia (que no”evento”) de ir al cine es cada vez más pronunciada, los contrapesos para evitar esa pérdida son cada vez más pueriles (exceptuando la muy buena década de los 10 que tuvo Marvel, que hasta Avengers Endgame supo sacara el jugo a la mezcla de público, riesgo, calidad). Hoy estamos ante un páramo que obliga a preguntarse: si este es el único cine que puede llenar salas de forma masiva, qué le queda al cine que puede tomar algún riesgo real? Posiblemente nada, excepto su propia retroalimentación hasta que el cuerpo de las estrellas que lo sostienen no de para más.

RMS: Creo que una de las claves del panorama a futuro que vos describís está precisamente en lo que puedan dar las estrellas, sean actores, productores, directores o todo eso junto. Es difícil encontrar un reemplazo para Cruise hacia el futuro. O sea, alguien que piense al cine y lo que él puede aportar desde su lugar, con la dedicación y el conocimiento que él muestra. Y más aún si lo pensamos en relación con los directores: no veo relevos para Eastwood, Spielberg o Scorsese, por citar algunos ejemplos. Sí veo cada vez más “estrellas” que ponen primero la agenda antes que el arte.

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