50 Chuseok 
Argentina-Corea del Sur, 2018, 81′
Dirigida por Tamae Garateguy

Volver al barrio

Por Rodolfo Weisskirch

¿Quién no siente un leve cosquilleo en el estómago cuando vuelve al barrio en el que se crío y ve los negocios que recorría, la casa donde pasó su infancia, su primera escuela o acaso la plaza donde jugaba  con sus amigos? Bueno, ahora imagínense el mismo sentimiento 50 años después y del otro lado del océano. 

Tamae Garateguy abandona las mujeres lobo, las cuerdas, el género slasher y la guerra de mafias porteñas para documentar el regreso de un amigo a su tierra, a su cultura y a sus raíces. Y este amigo no es otro que Chang Sung Kim, actor coreano, que lleva trabajando en Argentina cerca de dos décadas. Hablamos de alguien que ha participado como intérprete secundario en numerosas series de televisión -desde Los simuladores hasta Graduados– y tuvo destacadas actuaciones cinematográficas, por ejemplo, en Pompeya, la ópera prima en solitario de Garateguy.

Asi y todo, con una carrera consolidada como actor secundario, Kim acepta ser la cara visible del 50° aniversario de la fiesta Chuseok, que no es otra cosa sino la celebración del arribo de la primera ola de inmigrantes coreanos en Argentina. En este sentido, al menos durante la primera hora del documental, el protagonista recorre los diversos centros culturales de la comunidad coreana porteña introduciendo al espectador en las danzas, celebraciones y gastronomía que podemos encontrar cotidianamente en Buenos Aires. 

En paralelo, vemos asados que el actor celebra con sus amigos, como Juan Palomino, Mike Amigorena y Daniel Valenzuela; la familia que ha formado acá y reflexiones varias sobre los prejuicios y la estereotipación de los porteños para con los inmigrantes coreanos. Estos recorridos son interrumpidos con datos biográficos que van anticipando lo que se viene en el último tercio del documental: el viaje a Séul.

Frente a ese salto Garateguy decide despegarse de los documentales tradicionales para llevar a cabo una especie de road trip emotivo e introspectivo, concentrándose en las experiencias del protagonista con su propio suelo. ¿Cuanto se siente coreano, cuánto se siente argentino? En ese estilo descontracturado, similar a un backstage (algo que también es una suerte de marca en ciertas películas de la directora) el actor se reencuentra con su tierra, pero al mismo tiempo se siente alienado en relación a ella. 

La directora exhibe las diferencias culturales con honestidad y de manera genuina. La calidez y el humor nunca resultan forzados, y la empatía que se genera es plena, en gran medida porque el personaje es el primero en habilitar esto. Garateguy le escapa al golpe de efecto emotivo tanto como el actor le escapa a sus emociones, pero finalmente el sentimiento aparece naturalmente, y lo que más importa, acaso, es la redención que el personaje logra con su pasado, con su familia y, especialmente, con su padre, que es una figura tácita, ausente, pero al mismo tiempo influyente en el relato.    

50 chuseok se disfruta por la misma mirada que Garateguy le imprime a toda su obra. Esto tiene que ver con esa sensación de ir a contramano, de hacer las cosas que nadie hace, pero no porque pretenda desmontar un sistema, sino porque el acercamiento que opta responde a las herramientas con las que cuenta para narrar. A título personal creo que hablamos de una de las realizadoras más ingeniosas, capaces y honestas que hay en Argentina. En una época donde pareciera que las tendencias o el lobby de un estilo, de una marca autoral o de un producto es lo que vende, Garateguy nos ofrece lo que no hay en el resto del mercado: corazón y verdadero amor, por la propuesta y por el modo de acercarse a sus criaturas.

Esos sentimientos que se despliegan naturalmente, que se palpan pero no se dicen, como la empatía absoluta de la directora por su actor, o como la lágrima que cae, sin que él (o nosotros) nos demos cuenta, funciona discretamente, como un cosquilleo en el estómago apenas perceptible, algo parecido a esa sensación que se tiene cuando se vuelve al barrio que lo vio a uno nacer.   

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