Anon
Alemania, 2018, 100′
Dirigida por Andrew Niccol
Con Clive Owen, Amanda Seyfried, Colm Feore, Sonya Walger, Mark O’Brien, Joe Pingue, Iddo Goldberg, Sebastian Pigott, Rachel Roberts, Ethan Tavares, Marco Grazzini, Conrad Coates, Mayko Nguyen, Sara Mitich, Damon Runyan, Charles Ebbs

El futuro es hoy

Por Diego Kohan

Obsesiones. Este año tuvimos la fortuna de ver la fascinante y precisa Ready Player One, película que lograba conjugar con inteligencia algunos elementos clásicos del género de aventuras (imposible no pensar en las dos Jumanji, entre tantas) y otros tópicos comunes del autor. Algo similar ocurre con el último largometraje de Andrew Niccol, con la salvedad de que el género en cuestión es el policial negro y los temas del director, claro, son los suyos. A esta altura ya podríamos hablar de una suerte de trilogía -o al menos una reconocible continuidad en la filmografía del director- sobre la industria de las armas y el manejo de las fuerzas de seguridad estatales. Pensamos en Lord Of War y God Kill, pero también en las antecesoras Gattaca y S1m0ne (cuya protagonista aparece aquí), centradas en la irrupción de la tecnología en la vida cotidiana, pues en Anon el director reúne todas sus obsesiones o inquietudes conjugando ambas vertientes. En este caso la película tiene como protagonista a Sal Frieland (Clive Owen), un detective de una sociedad futurista no muy lejana, con la particularidad de que el humano ya alcanzó, finalmente, una simbiosis biológica con la máquina y, como podríamos adivinar hoy mismo, se ha perdido el derecho al anonimato y todo es registrado por nuestro ojo tipo Google (desde una relación sexual hasta un suicidio) que a la vez nos brinda información en tiempo real (imposible no pensar en el “ojo” de Terminator).

Sistema y Poder. AN retoma la reflexión sobre el poder de las fuerzas estatales en relación al uso de la tecnología y a la experiencia y moral humana en relación a ese ejercicio de poder. Si en Good Kill Ethan Hawk era un aviador que mata terroristas abstraído de la realidad y eso más que angustiarlo lo aburre y lo obliga a replantearse muchas decisiones, aquí Clive Owen es un policía que prácticamente tiene toda su tarea hecha de antemano por el sistema online omnisciente, pero esto no le significa un trauma o alguna disyuntiva. Entendemos que la transición futurista en este escenario ya está consumada y aceptada. ¿Es acaso la situación propia del Director? ¿Estará confesando Niccol su vivencia ante las nuevas vías de difusión desde Netflix y las reglas del sistema hollywoodense? En Good kill AN desnudaba la frialdad y deshumanización que hemos alcanzado mientras que en Anon expone la fragilidad de un sistema que, como en Minority Report, no se puede permitir la posibilidad de la imperfección porque esto haría derrumbar la estabilidad del propio sistema en cuestión (recordemos que Niccol fue el autor de la historia que La Terminal pone en escena, también mostrando lo endeble de un sistema mecanizado y burocrático).

Géneros. Anon es un policial negro pero a la vez un thriller con elementos de ciencia ficción. Niccol tiene la astucia de no recurrir a climas clichés o diálogos redundantes para instalarnos dentro del verosímil de los géneros en particular y en su lugar utiliza un aspecto técnico como la fotografía para dejar claro que lo que importa acá es la cuestión moral y no los lugares comunes. No, no es un film “futurista”, no es Minority Report sino un policial negro construido en torno a una diégesis particular. Si bien las reglas científicas podrían estar mejor desarrolladas o explicadas, hay pequeñas zonas grises que al espectador le siembra dudas sobre la verosimilitud o posibilidad de algunas cuestiones o intrigas -como, por ejemplo, si la memoria de los humanos es únicamente su registro fílmico almacenado como data online o si son formas separables-. Pero esto, contrario a ser un problema es también una ambivalencia con la que la película cuenta, como si esas zonas grises a las que me refería fueran en efecto un acto de deliberada incerteza.

La economía de las formas. En El cine según Hitchcock el inglés comenta a un atento Truffaut, casi como al pasar, el recurso de vestir con colores distintos a los personajes para que el espectador pudiera diferenciarlos de forma sencilla sin tener que dispersar su poder de atención en estos asuntos. Siguiendo una lógica similar, AN traslada esto a la cámara: cuando el plano ocupa toda la pantalla y muestra toda la data online estamos viendo lo que ve el personaje de turno; en cambio,cuando no hay ningún agregado a la vista “real” y la proporción es 16:9 vemos la escena de forma testigo, lo que pasa fuera de lo virtual. Ya en los primeros segundos esto queda claro, mostrando una vez más la economía del director para asentar las bases de la película en la primera secuencia (algo que ya había hecho en la apertura de Lord of War). En esta oportunidad caminamos “dentro” de Sal, entendiendo cómo funciona la cosa y algo llama la atención: una mujer peatón no arroja información sino un cartel de “unknow error”, una “anónima”, una anomalía dentro del sistema delimitado en esta diégesis.

Trascendencia. No sé si Niccol está entre los mejores directores actuales (lo dudo), pero sin dudas es uno de los que tienen algo para decir, lo que lo vuelve interesante: es de esos tipos que piensan qué quieren contar y para qué. Pero ojo, eso es un arma de doble filo también. Si bien hablamos de un director que logra dominar el equilibrio entre el concepto y la acción -el qué y el cómo-, podemos sospechar que este status no mantenga un equilibro de fuerzas inalterable y finalmente llegue a hacer películas más parecidas a un congreso moral sobre las nuevas tecnologías que a una película que confíe en lo que narra. Es uno de los riesgos de abandonar la tierra conocida (la narración clásica) en busca de una pretendida importancia.

 

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