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Tiempo de lectura: 3 minutosDe la noche a la mañana

Por Amilcar Boetto

Argentina, 2019, 88′
Dirigida por Manuel Ferrari
Con Esteban Menis, Manuela Martelli, Alejandro Goic

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En De la Noche a la Mañana, el personaje de Esteban Menis experimenta un proceso, en algunos  aspectos, similar al del protagonista de Vientos de Agua. Es un proceso que está (fuerte y  sutilmente al mismo tiempo) ligado a un problema económico-cultural: consecuencias de ser un  profesional recibido que no puede insertarse en el sistema (en ambos casos se trata de  arquitectos, habría que preguntarse por qué). En este caso nuestro vecino Chile funciona como el  lugar hostil/idílico donde eso tan normal que en nuestro país parece una fantasía está al alcance  de la mano: se puede trabajar y ganar mucho dinero. Pero (y acá es donde la hostilidad dice  presente) hay terremotos, y hay (como en Burning de Lee Chang-Dong) empresarios new rich que  ofrecen tantas comodidades que asusta (porque, como reza el refrán, si la limosna es de cuantía hasta el santo desconfía). 

Pero en un comienzo, Chile no representa eso. Al iniciar el viaje del protagonista a Valparaíso,  notamos que hay algo extraño y es que el viaje no parecía tan serio como él lo pintaba (lejos de la  supuesta “gran oportunidad”). Es más, parece como si todo hubiera sido un invento suyo: le  pierden las valijas, la facultad está tomada. Y aquí es el momento donde podemos asumir que  más que gran oportunidad el viaje le significaba un escape a esa crisis que le estaba generando,  no solo su economía, sino que el embarazo de su mujer, por lo tanto, la prueba irrefutable de que  los años pasan y es hora de hacerse cargo. En este punto es donde aparece Moretti, en el punto  de la angustia no admitida y redimida en lo político (recordemos la ira que se auto provoca el  director-actor italiano en Aprile cuando la derecha gana las elecciones) como forma de escaparse  de asumir su crisis de mediana edad. En el caso del film de Ferrari la somatización no está en en  la política, sintomática directamente en sus mareos provocados por el pánico (como un breve  excursus: quien estudie sobre el romanticismo alemán descubrirá fácilmente que varios artistas  murieron en plena locura generado por melancolía o tendencias suicidas, es interesante la idea  de que cada época puede representarse según las enfermedades mentales que se vuelven más  comunes, dos ejemplos de eso serían la esquizofrenia paranoide en la época de la guerra fría y,  en la actualidad, la ansiedad y el pánico como síntoma de una época de nihilismo  hipercomunicacional).  

Chile se va resignificando siempre para el personaje, pasando de ser una tierra hostil de  terremotos a una tierra fértil de oportunidades increíbles, pero siempre un lugar anómalo, extraño,  exótico. Chile representa, para él, rebotes constantes, ir de un lugar a otro con su subjetividad  prácticamente apagada. Quizás las únicas dos decisiones que toma el personaje son ir a Chile,  en aquella bella escena en donde despide a su mujer del aeropuerto, quizás la única escena de la  película donde hay más de un plano y es para oponer a él de su mujer, a su “nueva juventud” que  va a encontrar en Chile con su paso a la madurez que está abandonando, su hijo por nacer, sus  responsabilidades, e irse de Chile. Por eso, no hay que confundir, aquí no hay vagabundeo, hay  rebote, hay desplazamiento, desvío, voluntario en un principio y luego automático. El personaje  no se apodera del espacio, el espacio se apodera de él.  

Cuando el personaje está en Valparaíso, pareciera que no existen en él marcas de la vida que  dejó, salvo cuando aparecen los momentos de duda, las pausas. La interpretación por momentos  fantasmal, por momentos neurótica y por momentos desesperada (en el sentido de la urgencia,  del pánico, en una de las escenas finales cuando huye del terremoto se ve claramente ese tono  que augura una angustia -Moretti de nuevo, llorando por haber llevado a su hijo a ver una película  horrible se hace presente en este tono de sobre angustia sintomática-) de Eugenio Menis deja  lugar a una ambigüedad constante entre la intromisión total al nuevo mundo de su nueva  juventud y el otro mundo que abandono, su flamante madurez representada por la concepción de  un hjio. Su interpretación oscila entre la pasividad y la potencial angustia de una manera tan  concreta visualmente que nos permite sentir esta lejanía constante del personaje con Chile y, al  mismo tiempo, esta tensión entre que tan sumergido está en la fascinación/horror hacia estas  nuevas tierras y que tanto extraña lo que dejó.

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