Los efectos y las máscaras: 15 puntos para pensar el nacimiento de un género

Por Hernán Schell

1. Siempre me he preguntado cuánta gente ha revisado alguna vez en profundidad Batman vuelve. Cuánta gente se ha detenido a pensar la grandeza de esa película y su lugar central en el imaginario futuro de lo que entonces no podía pensarse ni remotamente como un género. Supongo que para que se logre esa obra maestra fueron necesarias dos cosas: primero tener un Tim Burton en estado de gracia, uno que por esos años se había transformado en uno de los cineastas imprescindibles de los 90. El otro, quizás tan importante como lo anterior, es haber estado en un momento industrial preciso donde se podían hacer esas cosas con los superhéroes. Burton siempre cuenta que cuando él se reunió con sus guionistas lo primero que le dijo es que había que olvidarse de los fanáticos y hacer una película propia. Hoy en día, quebrar la fuente original es casi imposible, con la única excepción de Iron Man 3 (que puede hacer de un villano icónico un chiste extraordinario): el cine de superhéroes está también hecho para un público que espera más o menos un terreno conocido de sus propios cómics.

2. Pero creo que hay otro tema aún más importante que permitió que surgiera algo como Batman Vuelve y es que en algún punto, su producto fue la consecuencia de la suma entre un cineasta en estado de genio, su forma de concebir el mundo y la forma en la que se concebía la figura del superhéroe. Cuando Burton estrenó esa segunda parte sólo había habido siete producciones importantes sobre superhéroes: las cuatro Superman dirigidas por Richard Donner y Richard Lester, la primera Batman, dirigida por el propio Burton e incluso Darkman, la excepcional y oscura película de Sam Raimi, aún cuando esta no estuviera basada en ningún cómic. Junto con todo esto convivían las adaptaciones (para cine asi como telefilms) de personajes de Marvel tales como The Punisher, El increíble Hulk, Dr. Strange, Nick Fury, Spiderman, Los cuatro fantásticos y Capitán América, que integraban un corpus mayormente bizarro de efectos especiales berretas que representaban, en el mejor de los casos, películas malas y en el peor (como en la película de Capitán América, de 1990, protagonizada por el hijo de Salinger), una verdadera cumbre del trash, como pueden ver aquí.

3. Hasta la llegada de Batman vuelve quizás lo mejor que había dado fuera del cómic el mundo de los superhéroes había sido la serie de los 60, protagonizada por Adam West. Vista hoy como una suerte de celebración camp, Batman (la serie, que debió llamarse Batman y Robin) puede ser tomada también como una de las primeras series de la historia genuinamente preocupada por la puesta en escena. Dueña de una estética colorida, un humor extrañísimo y varios actores extraordinarios (entre los que estaban César Romero, Burgess Meredith, Eli Wallach y el enorme Vincent Price) haciendo papeles que demostraban su nulo miedo al ridículo, esta serie entendió de manera excepcional cómo hacer para que sus propias limitaciones de producción se volvieran un punto a favor a la hora de hacer la historia de un superhéroe. La enorme originalidad de esta serie residía en construir un tipo de humor que no se basaba en gags verbales directos sino en un refinado sentido de la ironía (ironía incluso en el sentido más literal, al decirse lo contrario de lo que se expresaba verbalmente) por el cual el personaje de Bruce Wayne decía moralejas de colegio primario como si fuesen verdades reveladas. Pero también había lugar para los gags visuales que tenían que ver con la exhibición de efectos especiales berretas, abiertamente falsos, entre los que estaba el reiterado efecto de ver al dúo dinámico escalando por los edificios. Justamente en este último rasgo había una idea genial basada en que, ante la resignación de no poder hacer algo a la altura de su producción, tenía que valerse del humor autoconsciente. Después de todo, estamos en los 60, y la idea de construir de manera creíble escenas de acción y aventuras con la misma libertad y belleza con la que podría hacerlo un cómic es absurda. Por otro lado, la serie sabía que no tenía la opción de hacer una acción modesta con superhéroes: después de todo, la característica excepcionalmente fuerte y ágil de estos personajes reclamaban una espectacularidad que era inconcebible de poner en términos visuales por esos tiempos.

4. Si las películas de Marvel de los 80 y parte de los 90 son tan malas, no es sólo por sus historias imposibles y el nivel mayormente paupérrimo de sus actuaciones, sino porque justamente su bajo presupuesto juega en contra de personajes que están llamados a tener espectacularidad visual en sus escenas de acción. Si la Superman de Donner funcionó mucho en su momento (hoy no ha envejecido del todo bien, pero aún así sigue siendo querible y tiene varios momentos efectivos de humor) era porque era una producción costosísima (la más cara hecha hasta ese año) que contaba con los mejores efectos especiales hechos hasta ese momento. La llegada del Batman de 1989, llegó al público un poco también por el mismo motivo: era una producción hipercostosa, con efectos especiales especiales lo suficientememente avanzados como para hacer creíble que esa épica superheroica pudiera ser aceptada. Esto también tenía que ver con otro rasgo de estas películas, y es que en este tiempo, lo que más importaba de los superhéroes era su característica excepcional, sea su superpoder en el caso de Superman, sea los diferentes instrumentos de los que podía valerse Batman para combatir el crimen (piénsese en el cinturón multiuso que llevaba el Batman de West, piénsese que una de las frases más famosas del primer Batman de Burton era aquella en la que el Guasón hablaba de los “magníficos juguetes” que tenía el protagonista).

5. Fue el éxito de la primera X-Men (Bryan Singer, 2000) la que inauguró el cine de superhéroes tal y como lo conocemos ahora: uno en el cual lo que le sucede al protagonista cuando no se pone la máscara es tan o más importante que lo que sucede cuando se la pone. Es un cine donde el don superheroico se vive además como una maldición, y donde duele la soledad y el sentido de la responsabilidad que puede dar un talento semejante. Puede decirse que con X-Men se inauguraría un nuevo modelo de superhéroe cinematográfico más humano, pero también más triste, y de dimensiones más épicas. Después de todo, hay una mayor empatía y también heroicidad en un personaje vulnerable que hace lo que puede con sus poderes que en un personaje poderoso que nos vive mostrando sus habilidades.

6. Por otro lado, lo que inauguró X Men fue también una paradoja en términos de producción: cuando el cine no podía hacer efectos especiales que estuvieran a la altura de una épica superheroica, cometió mil veces el error de querer generar efectos ridículos para impresionar con cosas imposibles, ya llegado el sXXI, con una tecnología digital que podía hacer cualquier cosa, con la que se hizo un cine de superhéroes en el que el elemento humano del personaje empezó a pesar mucho más. Y eso habilitó un imaginario de mayor espesor dramático para el género. Ya no solo se trataba de que lo que se vea fuera posible sino que sus personajes tenían que ser portadores de un grado de humanidad que existía en las historietas pero que el cine no había querido/sabido/podido explotar. Pero no me voy a meter con la saga, de la cual se ocupará otra de las notas del dossier.

7. Volvamos a Batman vuelve, ¿por qué se trata de la obra maestra  mayor de esta primera etapa de cine de superhéroes? Esencialmente porque fue la única en sacar provecho  de manera profunda de este rasgo humano de lo superheroico. Para hacer esto Tim Burton buscó por el camino que lo obsesionó siempre y en Batman Vuelve incursionó en la idea del superhéroe como freak. La primera Batman coqueteaba con esta idea, pero nunca terminaba de asentarla: ahí Bruce Wayne era alguien que obraba con un sentido de la justicia, que habitaba una Ciudad Gótica en la que uno podía reconocer alguna arquitectura relacionada con el mundo real y en la que el héroe finalmente quería estar con una chica hermosa.

8. Batman Vuelve propuso otra cosa: la Ciudad Gótica parecía sacada de una película alemana expresionista, en la que todo era desmesurado y abiertamente artificial. Ciudad reflejo de las personas que lo controlaban: cuatro hombres bestias que en algún punto parecían representar dos caras de una misma moneda. El Pingüino y Gatúbela eran dos personas maltratadas y marginadas, miembro uno de las alcantarillas y la otra de las clases medias estresadas; Bruce Wayne y Max Schreck (personaje que no está en ningún cómic de Batman y cuyo nombre no por nada remite al actor que interpretó a Nosferatu en la película expresionista de Murnau) dos multimillonarios poderosos que a su modo usan su fortuna para controlar la ciudad. Puede haber mayores o menores niveles de demencia o inmoralidad en estos personajes, pero esencialmente lo que la película plantea es que son cuatro freaks cortados con la misma tijera, ajenos a un mundo a los que no les interesa pertenecer, con su propia idea de casta, de justicia y hasta de las relaciones amorosas.

9. No se trata sólo de la osadía industrial de hacer una película de Batman en la que el superhéroe aparece como un personaje más. O de poner a una Gatúbela hipersexuada en un traje sadomasoquista y armada con un látígo (e interpretada además por una de las mujeres más hermosas de la historia). O de destrozar la historia original del Pingüino para convertirlo en un personaje de cuento de hadas demasiado resentido como para tener un final feliz. Se trata también de articular una historia que es, en segunda instancia, una reflexión sobre el poder. Sobre la perversión del poder y sobre la forma en la que la ostentación del mismo logra que normalicemos ciertas cosas insólitas. Pero también es una reflexión sobre los beneficios y horrores de la soledad y el hecho de ser un freak. A todo esto se le suma lo esencial: Batman Vuelve es una película dueña de una puesta en escena virtuosa a más no poder, película en la que se mixtura el grotesco felliniano con las películas de terror de Mario Bava, todo envuelto en un paquete operístico dónde sólo faltan que los personajes canten como parte de un oscuro musical. Era demasiado y era excesivo para aquel entonces. Y a la luz de las décadas lo sigue siendo como para haber fundado una tradición con futuro.

10. Burton lo sabía: el superhéroe era -en ese momento, en el mundo del cine- esencialmente un freak, un raro, alguien que se destacaba sobre todo por su excepcionalidad y no por rasgos humanos cercanos a nosotros. Por eso llevó esto al paroxismo. Los hizo enfermos, rencorosos, violentos, en dos casos hipersexuados, pero también con características míticas (la creación de Gatúbela por obra de gatos que la resucitan podría ser el relato de cualquier mitología fantástica) y bíblicas (recuérdese que el Pinguino vive hasta los 33 como Jesucristo, es abandonado en una canasta como Moisés y manda a matar primgénitos como Herodes). Eran fascinantes, podían despertar compasión (hay pocas imágenes más potentes y visualmente osadas del cine de los 90 que las del funeral del Pinguino), pero desde ningún punto de vista uno podía acercarse a ellos. De ahí que Burton dinamitó cualquier posibilidad de explotación comercial por fuera de la película, ya fuera vía merchandising (de hecho Burger King iba a hacer juguetitos para vender en cajitas con las hamburguesas, pero se bajó del proyecto ni bien vio la película) como por otros medios. No había lugar en las jugueterías para una Gatúbela que se pasea en traje sadomasoquista ni para el psicópata frío de Max Schreck; por otro lado, la figura de Batman quemando viva a una persona con la turbina de su vehículo tampoco parecía una imagen atendible para la familia promedio.Tampoco ayudaba que Bruce Wayne estuviera interpretado por un actor con gestos tan oscuros e hiperbólicos como Michael Keaton.

11. En definitiva lo que hizo Burton fue sincerar un estado de las cosas superheroicas de ese momento. ¿El público quería ver freaks porque era lo que reconocía como el fondo de todo superhéroe? No lo sabemos, pero lo que podemos decir es que creó un imaginario posible y lo llevó a su enésima potencia como algo más que un gesto arriesgado: dio principio y fin a algo al mismo tiempo. Hizo una obra maestra mayor, pero también dinamitó un negocio. Si Batman Vuelve tuvo éxito fue más que nada por el arrastre de expectativas de la primera. No obstante la imposibilidad por percibir ganancias extras y que sus recaudaciones hayan caído después de la segunda semana de exhibición hicieron que Burton no dirigiera sus continuaciones.

12. El resto es conocido. La tercera y cuarta entrega de Batman tuvieron una intención más abiertamente familiar, más juguetona y burlesca (en el peor sentido, no en el sentido de la recuperación del espíritu de la serie de los 60s) y el encargado de llevar esto a cabo fue el director Joel Schumacher. El realizador hizo algo muy fallido en la tercera y una aberración estética de proporciones monumentales en la cuarta.

14. Batman no volvería al cine hasta después de once años y de la mano de Christopher Nolan con su trilogía. Signo de los tiempos, ese nuevo comienzo sería una historia del inicio de Batman donde lo que más preocupa es el carácter de Bruce Wayne, su conflicto consigo mismo, su relación con su maestro y sus amores. Ciudad Gótica, por otro lado, se transformaría en un lugar más terrenal y reconocible. También el cine de superhéroes había cambiado: ya no se quería (o no se podía) ver en realidad el desfile de freaks o máscaras. Lo que interesaba era la convivencia de lo excepcional con lo vulnerable, de lo épico con lo cotidiano. Eso supuso la fundación de un tipo de cine que hoy ya puede ser considerado perfectamente un género con sus códigos propios, códigos que ya han sido parodiados en Deadpool, despedidos en Logan, y anticipados en El Protegido. Pero de eso también se ocuparán otra notas de este dossier.

15. De ese desfile esporádico de máscaras y superpoderes que fueron las películas de superhéroes previas al siglo XXI, nos queda una serie excepcional, una obra maestra, algún que otro largometraje logrado y toneladas de basura, hecha sólo para alimentar ocasionalmente nuestro morbo en algún sábado de búsquedas bizarras. Quizás esta prehistoria no se trate de algo muy grandioso, pero no deja de ser interesante ver en qué ha mutado.

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