Ghost Stories
Reino Unido, 2017, 98′
Dirigida por Jeremy Dyson & Andy Nyman
Con Martin Freeman, Alex Lawther, Jill Halfpenny, Andy Nyman, Paul Whitehouse, Nicholas Burns, Daniel Hill, Kobna Holdbrook-Smith, Jake Davies, Ryan Oliva, Derren Brown, Samuel Bottomley, Lesley Harcourt, Oliver Woollford, Maggie McCarthy, Paul Warren, Emily Carding, Amy Doyle, Ramzan Miah, Louise Atkins, Billy Sneddon, Callum Goulden, Christine Dalby, Benji Ming, Deborah Wastell, Elaine Dyson, Joe Osborne, Maria Major, Macie Allen, Richard Waring

Creer (en el cine) después de todo

Por Sergio Monsalve

Tres relatos confluyen para contar una metáfora del cine fantástico en la contemporaneidad. La película ingresa en los anales del género con comodidad, en el siglo XXI, al proponer una lectura más preocupada por el razonamiento metalingüístico que por el efecto populista de generar un buen susto. No obstante nos mantiene “agarrados” durante el apasionante viaje del antihéroe, un investigador paranormal tan escéptico como frustrado en su oficio, que no ha obtenido el reconocimiento que cree merecer y dedica su tiempo a una profesión que la modernidad parece desechar.

Al contemplar una mirada distanciada y descreída, entendemos algo más que la simple representantación: hablamos de un personaje que oficia como símbolo. Más específicamente un símbolo de la imagen en movimiento, pero también funciona como alter ego de cualquier crítico. Por tanto, es poco el crédito que recibe de una sociedad que prefiere, al final del día, que le respeten sus mitologemas y sus estructuras fundantes y no quien los cuestione.

Al trabajar el encuadre (al menos en las primeras apariciones del personaje) en planos cerrados y ángulos oblicuos, se nos sugiere que veremos una proyección de la subjetividad del protagonista. Y si bien podemos identificar un inicio que comprende algunos guiños al tratamiento documental de la no ficción, con el paso de los minutos no hacemos otra cosa que ser testigos de una huida por los espacios y lugares comunes del terror gótico, buscando subvertirlos y revisarlos con una perspectiva panorámica.

Con inteligencia y humor negro, la película practica el inception de la perspectiva hegemónica del consumidor freak y geek de nuestros días. Las tramas paralelas del guion expresan y explotan el gusto por las narrativas expandidas de los amantes de sagas de detectives e investigadores domésticos (pero también habla de una forma de consumo audiovisual contemporánea y extendida).

Cada quien penetra en su Ghost Stories a la carta, para reforzar ideas o descubrir una nueva lectura del presente, en el mejor de los casos. Se cumple entonces aquella profecía teórica que anticipaba un futuro en el que cine sustituiría a la literatura. No caeremos en el simplismo de sentenciar un veredicto así, pero llama la atención que el pánico actual vuelva a afirmar una vía que consolidó la novela romántica en el decimonónico.

Los tres segmentos que la habitan obtienen resultados dispares en la pantalla, ofreciendo una sensación de descompensación en la escritura del argumento. Los dos primeros logran sostenerse, si, por actuaciones eficientes, que contrastan con la ejecución irregular de los debutantes detrás de la cámara. En descargo de los creadores, el tercer fragmento justifica la fama de su ópera prima, atando los cabos sueltos y arreglando los desperfectos de los actos precedentes, gracias a la construcción de un corto admirable que vampiriza Martin Freeman.

Luego del trayecto vital del especialista enfrentado a la antología de su horror, Ghost Stories se despide con una ambigua conclusión, que nos sugiere que los fantasmas existen, a pesar de todo, siempre y cuando queramos creer en ellos. Pero sabemos que no estamos hablando de una simple lectura. Esos fantasmas son también fantasmas de la cultura, por eso la película connota una segunda lectura, que redunda en hablarnos de la crisis de la espectralidad con una nostalgia por lo que hicieron grandes a Hitchcock y a otros en el pasado, al que no se puede volver.

Entre el neoclasicismo y la deconstrucción de la larga tradición británica por las fábulas de encanto, Ghost Stories  termina siendo un aporte y una alternativa a una época que ha decidido entronizar el qualité por otros medios. Menos solemnidad y estilización hueca ante la dictadura de la expansiva moda del terror artie.

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