Mister Universo
Austria, 2016, 90′
Dirigida por Tizza Covi & Rainer Frimmel
Con Tairo Caroli, Wendy Weber, Arthur Robin, Lilly Robin

Postneocontempostneorrealismo (late, corazón)

Por Federico Karstulovich

Uno de los desafíos más interesantes de la post-vanguardia es, básicamente, preguntarse qué debe hacer la cultura con sus propios restos, sus propias acumulaciones, sus propias mareas que traen botellas viejas, algas, basura, pero también gemas perdidas. Porque la post vanguardia es un oleaje que va y busca para luego volver a la playa (o al revés: le sustrae a la playa para llevar cosas al mar y confundirlas entre si). Como fuera, si hay algo contemporáneo en el cine contemporáneo es la presencia de esa pregunta. En algunos casos algunos directores saben encontrarle alguna respuesta: Olivier Assayas, Abbas Kiarostami, Jia Zhang ke, Todd Haynes. Otros, en cambio, chapotean en el oleaje, intentando ver si se meten cada vez más adentro o si la marea en algún momento los deja varados en la playa.

Tizza Covi & Rainer Frimmel, pareja de directores que cuentan con casi tres lustros de experiencia en el formato documental, decidieron hacer en 2009 el salto hacia la ficción (o una semificción, que acaso será una de las marcas de su cine) con la notable La Pivellina, película que lograba dosis inauditas de ternura y de melancolía detrás de un registro aparentemente frío. Con ese antecedente profundizan la idea de un cine que registre el otro lado de la Europa primermundista y llevan adelante The shine of day (2012), película que mantiene el registro semidocumental pero que cambia de destino geográfico. Con Mister universo, sin embargo, vuelven a filmar en Italia, pero sin diferencias con lo que venían haciendo en sus dos películas anteriores. ¿Está mal? No, no necesariamente. En todo caso uno bien podría pensar que están construyendo el grueso de una obra también, sin dudas. El problema es que eso que construyen no está haciendo nada con lo que ellos han heredado. ¿De dónde? De la tradición del documental, por un lado y de la tradición del neorrealismo, por otro. Está, sin dudas, la melancolía y la condescendencia del Fellini de los primeros 50’s (de hecho comparten el eje puesto en el universo del circo y en la lógica de la road movie como motor narrativo películas como Mister Universo La Strada). Hay suficiente ternura y amor por los personajes como para evitar pensar que estamos frente al morbo de la observación de vidas que están siempre al borde. El problema es que aquí no hay futuro. Es un cine pasado que retorna, es un cine sin riesgos ni cuestionamientos. Es un cine políticamente correcto y a la vez con un ojo demasiado atento al mundo. Si, es cierto: sus personajes tienen el suficiente peso como para poder ir más allá del registro de la miseria. No obstante algo del pobrismo miserabilista (algo que ya era un problema para Rosellini en los 50’s….mirá si no lo va a ser hoy) se mantiene.

La pregunta que uno se hace frente a películas como Mister Universo es la del principio: un corazón no puede contrarestar la falta de ideas. La emoción no es antagónica del razonamiento. Es, más bien, una de sus formas sofisticadas. La post-vanguardia que rebuzna en el arcón de lost&found de las vanguardias de posguerra no hace otra cosa más que caer en la burrada. Nosotros somos buenos, nos dice este cine. El problema es que no le interesa a nadie. No se puede ir dando lástima ni mendigando amor ni prestigio cinematográfico. La película de Covi & Frimmel forma parte de ese cine-mendigo que, en el fondo, odia las emociones y el pensamiento. Por eso el final es casi un ruego cantado: “late corazón, late dulce amor, dime dónde estás…”. Pero ya nos perdió.

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