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Tiempo de lectura: 3 minutosRagnarok – Segunda temporada

Por Pedro Gomes Reis

Dinamarca, 2021, 6 episodios de 45′
Creada por Adam Price
Con David Stakston,  Jonas Strand Gravli,  Emma Bones,  Herman Tømmeraas, Theresa Frostad Eggesbø,  Henriette Steenstrup,  Fridtjov Såheim, Gísli Örn Garðarsson,  Bjørn Sundquist,  Synnøve Macody Lund,  Tani Dibasey, Odd Magnus Williamson,  Kornelia Eline Skogseth,  Iselin Shumba Skjævesland, Eli Anne Linnestad,  Geir Johnsen,  Jeppe Beck Laursen, Karoline Petronella Ulfsdatter Schau,  Ylva Bjørkaas Thedin,  Line Verndal, Kyrre Haugen Sydness,  Jonas Hoff Oftebro

(vacío)

Mi predecesor, encargado de la nota sobre la primer temporada de esta serie que prometía cosas que no supo cumplir del todo, fue más claro de lo que voy a ser yo, más preciso en sus apreciaciones e incluso más personal. Yo, en este caso, me limitaré a pensar la segunda temporada de esta serie – que puede resultar ciertamente decepcionante si es que alguien busca un punto de contacto con los productos de la factoría Marvel – desde otra órbita.

  1. No lo haré desde el perfil de estudiantina (algo que está presente de manera ineludible), pero tampoco desde el componente mítico reconvertido a su versión secularizada (como muy bien había comentado en la mencionada nota Luciano Salgado) ni desde el componente del cuento de hadas.
  2. Tampoco bucearé por el lado del melodrama familiar, aspecto con el que la serie también coquetea.
  3. Tampoco hablaré del caracter transicional que muchas segundas temporadas suelen darle a la identidad de las series.
  4. Ni hablaré del planteo lateral pero presente del discurso LGTTBQ+ en las relaciones entre ciertos personajes.
  5. Tampoco voy a hablar sobre las limitaciones presupuestarias que convierten a la experiencia de los efectos especiales en un verdadero festival camp.
  6. No voy a hablar de los serios problemas de evolución dramática que expresan los personajes, que oscilan de uno a otro extremo del espectro moral con una facilidad pasmosa.
  7. Menos que menos quisiera hablar del discurso anti-corporacionista y proto-ecologista que la serie.
  8. No hablaré sobre la estrategia proctrastinadora y anti climática de prometer y dejar todo para el final…para luego no cumplir, incluso en el cierre.
  9. No hablaré sobre cierto machismo presente y a la vez solapado, expresado en ciertos personajes.
  10. No hablaré sobre los productos multigenréricos, ni sobre las pretensiones de universalidad multiétnicas, que expresan asi a lo local, como un mero aspecto accidental, acaso permutable (porque los derechos de venta precisan que los “materiales audiovisuales” (ya no son cine ni series: son otra cosa): características lo suficientemente elásticas como para trasladarse de una latitud a otra.
  11. No hablaré sobre ninguna de esas cosas, que son lugares comunes, que son hechos consumados de una narrativa automática, sin vida. Hablaré del vacío, que es una experiencia cada vez más repetida en una sucesión indivisa de series sin fondo.
  12. Pero la pregunta no forma parte de esa agenda de las ciencias sociales de inicios de la década del 90. Aquí no vendrán a hablar ni Lipovetsky, ni Marc Auge. Tampoco Byul Chung Han ni Boris Groys. Menos que menos el ya olvidado y oxidado Zygmunt Bauman. Porque el vacío, per se, no supone una categoría que estemis usando como adjetivo.
  13. El vacío como sustantivo puede portar una y mil cosas adentro. El problema del vacío es llenarlo, no se trata del hueco. Digamos que Ozu supo que hacer con ese vacío. Bresson también. Y el primer Wenders. Y Jarmusch. Pero Ragnarok, en esta segunda temporada, no tiene la menor idea de qué hacer con el vacío. Si hasta Marvel se propuso pensar en esa angustia de la nada con los primeros episodios de WandaVision. O con los primeros dos de Loki, que también juega a la experimentalidad, pero que bien sabemos que nos traerá de vuelta a las costas de la aventura previsible del caosmos superheroico. Lynch. Ese también juega con el vacío. Incluso lo hace Harmony Korinne en Spring Breakers. O Gus Van Sant en Gerry.
  14. Vacío no es ausencia de todo, sino en presencia insoportable de actividad. Pero no hay nada de eso en Ragnarok S02, precisamente porque su juego es el vacío lleno. Y si nosotros entramos en ese juego de comentar todas y cada una de las estrategias de su agenda, los que caemos en el hueco (el abismo que se nos abisma) somos nosotros.
  15. Por eso esta crítica no podía estar llena de nada. Sino que tenía que animarse a tomar el vaso y vaciarlo. Que no significa agotarlo. Vaciarlo para recuperarlo. Y quizás, en la temporada siguiente, este vacío pueda llenarse con ideas, cine (o televisión) como alguna vez prometio pero, caramba, nunca cumplió.

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