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Tiempo de lectura: 9 minutosThe Boys- Segunda temporada (Parte II)

Varios Autores

The Boys – Segunda temporada
EE.UU., 2020, 8 episodios de 60′ 
Creada por Evan Goldberg, Seth Rogen y Eric Kripke 
Con Karl Urban, Jennifer Esposito, Jack Quaid, Elisabeth Shue, Laz Alonso, Simon Pegg,Colby Minifie, Jess Salgueiro, Brittany Allen, Bruce Novakowski, Sarah Camacho, Jaiden Cannatelli, Chace Crawford, Brittany Drisdelle, Karen Fukuhara, Haley Joel Osment, Aya Cash, Alanna LeVierge, Dominique McElligott, Nathan Mitchell, Erin Moriarty, Jim Pagiamtzis, Antony Starr, Jessie T. Usher, Lovina Yavari, Jhonattan Ardila, Christian Bako, Abraham D. Juste, Stephannie Hawkins, Andrea Houssin, Akiel Julien, Aniko Kaszas, Anna Khaja, Callum Shoniker, Tomer Kapon

Una expresión de deseos

Por Ignacio Balbuena & Federico Karstulovich

FK: De los 8 episodios, la segunda mitad de esta segunda temporada comienza espantosamente mal. Por un lado comienza a dejar hilos sueltos a lo pavo (líneas dramáticas abandonadas, como la de The Deep, como la de A-Train, como la de Queen Maeve, incluso la de Starlight, quien mas alla de Hughie, carece de interés e identidad en esta segunda temporada), concentrando todas las fichas en Butcher y su esposa, en Homelander y su ego (por mucho lo mas interesante que tiene para ofrecer la temporada en términos de desarrollo de personaje) y en Stormfront y su nazismo de cotillón. En una segunda instancia queda Frenchie con Kimiko (y la relación de esta con su hermano). Al mismo tiempo todo lo que hacía interesante a Hughie aquí se limita a sus actos salvíficos con Starlight. Es como si todo aquello que la serie venía construyendo entre el final de la primer temporada y el inicio de la segunda se cayera a pedazos promediando esta segunda temporada. Recién en los últimos dos episodios la cosa comienza a reordenarse, a depurar un poco la confusión de los capítulos 4-5-6. Pero promediando esa decepción comienza a rearticularse algo que se recupera del todo el el final mismo: la posibilidad de recuperar una ética de personajes y una narrativa más clásica que aleje las cosas de todo ese cinismo de comentarios sobre redes sociales, presente, anticorporativismo. Hay algo de eso que ya estaba en la primer temporada pero que la serie no terminaba de sacarse de encima, como si esto fuera un lastre. Afortunadamente eso se va pero llega el nazismo y la congregación de la secta, que tampoco resultan particularmente auspiciosos, pero que al menos cambian el eje. Como dijimos en la primer parte: cuando se les da pelota a los personajes todo mejora. Ahora bien: hacia dónde se puede ir si esos personajes son abandonados por la serie misma? Me hizo acordar a Rápidos y Furiosos y su spinoff esto. Cuando a nadie le interesaba Vin Diesel y los demás los tipos se sentaron a pensar y dijeron: «Hagamos una película con Hobbs & Shaw, que es lo que garpa». Bueno, buena parte de esta segunda temporada bien podría llamarse «Home & Butch». De cara a una tercera temporada es urgente que se pongan a trabajar en recalcular con los personajes que están y piensen en ingresar a personajes nuevos. O simplemente conviertan al duelo entre los mencionados en un duelo real, con volumen, al estilo de las películas de Michael Mann o William Friedkin.

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IB: Bueno a ver, primero que nada. Yo me declaro mucho más entusiasta. Para mí la serie creció. En todo sentido: comentario social, emotividad, espectáculo. La segunda temporada es todo lo que una segunda parte debe ser: lo mismo pero más. Más grande, más ruidoso. Más torpe también, pero se lo perdonamos. O al menos yo se lo perdono por el que considero un excelente final. Realmente me comprometió emocionalmente. Por supuesto hay cosas que son de mayor interés: es mucho más intensa la relación entre Becca, Butcher, Homelander cada vez más cerca del pánico y la locura y un gran porcentaje del personaje de Stormfront, que por ejemplo todo la subtrama con la falsa iglesia de la cientología. Sin dudas. Pero bueno, que serie sostiene el mismo interés en TODAS sus subtramas por igual. Insisto: a largo de la temporada hubo un gran villano principal, una gran villana invitada, un gran personaje central (Karl Urban obviamente, el hijo de Dennis Quaid tiene poco carisma, apenas funciona como un proxy del espectador) y un final con despliegue, tiro lío y cosha golda…

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FK: Esperá. Si, la parte de espectáculo y algunas set pieces estuvieron siempre, asi que eso siempre se agradece. En especial el modo de sostener el gore, cada vez mas bestial. Pero es a cuentagotas, claro. Y con eso solo no alcanza. En efecto: el final levanta lo que promediando bajaba mucho. Pero lo logra a costa de una pérdida mayor: todos los personajes que van quedando en el medio. Es cierto que es mas de lo mismo, pero no sé si mejor, precisamente. Creo que hay un estancamiento, una meseta alta, mas bien un altiplano. No hay aburrimiento, pero se percibe que giran en torno a la espectacularidad y la hipérbole antes que en los personajes. Pero me aburre insistir con eso.

IB: Quería terminar lo que estaba diciendo. Incluso el twist del final le dio un poco de interés al ángulo político de la serie. Bastante boludo era todo el tema del nazismo y toda esa cosa de evitar nombrarlo como tal. Como cuando Stormfront hace el chiste de »para todo hay una solución» faltaba que guiñe el ojo y diga »eh por las cámaras de gas lo digo eh, wink wink». Es como las películas de zombies que se niegan a decir la palabra zombi. Es como si la serie hubiera decidido tomar un costado ideologico que no podia ser mas trasparente pero tratando de transmitir cierta «sutileza» semantica a la vez. Inexplicable. Por otro lado, ese giro con el personaje de la politica progresista manejando un poco los hilos genera algunas zonas grises más interesantes. Ya de por sí me imagino a algún que otro periodista americano enojado porque la villana resultó ser de izquierda en vez de que la serie se limite a decir »nazi = malo=, y eso me genera algo de satisfacción.

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FK: Bueno, en relación a esto último que decís justamente es cuando la serie levanta, es decir, en los episodios 7 y 8. Ese recorrido final es una vuelta de tuerca respecto de las tonterías previas. Es un momento en el que la serie o bien recula y retoma una senda mas lógica o bien emparcha lo que había arruinado buena parte de el centro de esta segunda temporada. No obstante te diría que todo thriller político (algo de eso juega también acá, en clave liviana, pero juega al fin) que se precie desde hace rato juega con la carta de «viste que se puede ser progre y ser una mierda a la vez?», digo, no es novedoso. En todo caso, claro, es una mejora respecto de la vía del nazismo. En todo caso, creo que la serie recupera en esos dos capítulos finales algo que de por si estaba en los dos primeros: la posibilidad de activar una vía de salida que logre salirse de algunos lugares comunes previsibles. Creo que es hora de volver a darle bola al mito (algo sobre lo que hablábamos en el diálogo previo), porque ahí hay una posibilidad de coexistencia de materiales entre la actitud pop y el género de superhéroes pero que al mismo tiempo puede estar supeditado a la comedia, algo que en esta segunda parte había quedado un poco relegado. No puedo dejar de pensar en el detalle del hijo de Homelander destrozando con sus rayos a Stormfront y a Homelander incapaz de atravesarla cuando ella le pide que le haga una acabada de rayos laser en las tetas. Hay, en esos detalles, una idea de continuidad y de aspectos abiertos que la serie puede explorar pero que deja como cabos sueltos (no sé si deliberadamente o no). Indistintamente hay una identidad que todavía tiene que terminar de definir para la temporada siguiente, pero que claramente no va a ser el código de la primera ni el código plagado de superposiciones y empaches de la segunda.

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IB: Sin dudas creo que hay cosas que recién empiezan a definirse a partir de ahora en términos de una identidad tonal más completa. La serie empieza a encontrar un rumbo recién ahora, cuando paradójicamente los personajes no parecen avanzar demasiado. En muchos sentidos hay una vuelta a cero incluso principalmente para los dos centros de atención. Butcher se quedó sin mujer, odiando a los supers más que nunca y con una oferta de trabajo de la CIA. Y Homelander se quedó sin su noviecita nazi alimentando su ego débil y sus actitudes sexuales desviadas (que linda imagen igual, la que cierra la temporada, con Homelander en culo masturbándose sobre la ciudad). Ahí me parece que surge un punto de interés no menor, que desvincula la serie de su lado más »comentario sobre la actualidad» o de thriller político liviano, como mencionás. Quiero decir, más allá de una serie sobre la relación entre el estado, las corporaciones y la idea de los superhéroes, es una serie que se pregunta »Que pasaría si Superman fuera un villano?», algo que sitúa a The Boys en la tradición de muchos cómics que básicamente proponen una vuelta de tuerca del mito. Si los más grandes íconos del género son Batman y Superman (quizás Spider-Man también), que The Boys intente proponer su versión no es un detalle menor. Frank Miller agarró a Batman y lo situó a años luz del espíritu camp de la era dorada, proponiendo una deconstrucción oscura, distópica, fascistoide. Garth Ennis pretendía examinar las consecuencias de las políticas de Bush en The Boys, pero la serie tangencialmente se hace esta otra pregunta respecto del mito de Superman que me resulta más interesante. ‘Que pasaría si Superman fuera un egomaníaco depresivo y psicótico?» es una pregunta mucho más copada que »Cuál sería el papel de los superhéroes en las corporaciones en el mundo de hoy?’, justamente porque es una pregunta que excede la actualidad y se sitúa en un plano más pop.

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FK: Bueno, por eso digo. Hay algo de barajar y dar de vuelta en la tercera. Creo que eso obliga a la serie a repensarse, lo que ya de por si es un buen ejercicio siempre. Lo que vimos en esta segunda temporada parece mas que nada una depuración. Y si, en efecto hay un recorrido posible hacia zonas mas oscuras (no leamos a Nolan ni a Snyder aquí, por favor) del mundo de los superhéroes. Ahora bien, el punto es si con retomar el mito y revisarlo desde el pesimismo ochentoso alcanza (digo, esto no es Watchmen, claramente, pero tampoco las versiones alternativas de los Batman & Superman convertidos en tiranuelos). Incluso te diría, si vas a Superman III (Richard Lester, 1983), ahí ya tenés a un Superman hecho pelota, depresivo, borracho y violento (acá va un link para que recuerdes la escena). Creo que el desafío que le queda a la serie es jugar entre lo pop como aspecto lateral, pensar un pesimismo un poco mas inteligente que el de la crítica a la política, a las sectas y a la publicidad pero al mismo tiempo un mundo que retome el componente clave: el mito como persona. Sino ya en la tercera lo que menos va a importar es la condición superheroica de whatever. Incluso si le sacás los poderes y lo convertís en un maléfico terrorista con dos caras (una pùblica y otra privada) el asunto funciona igual. Ahí es donde creo que la reflexión potencial sobre el género se les está agotando y creo que sin nuevas ideas no creo que se pueda avanzar mas allá de la tercera temporada. Por eso el final, en donde les permite una mínima felicidad a los personajes, me pareció super noble, de otro tiempo, en donde el cinismo no tiene lugar.

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IB: Por suerte no estamos en el terreno de Nolan ni Snyder acá, claro. Ambos son tan maximalistas como faltos de humor. Y por suerte esa es una virtud en The Boys: la comedia. Quizás algo perdida, como mencionás, en esta segunda temporada abiertamente más politizada, pero sin dudas sigue siendo un rasgo distintivo de la serie. Justamente, quizás la primera temporada balanceaba un poco mejor el trazo político grueso con el humor. Igual está temporada tiene buenos chistes eh, en particular relacionados a The Deep, que si bien es protagonista de la subtrama menos interesante, también nos dio un par de gags muy buenos con esa ballena ultragore llegando al final del mini arco de comienzo de temporada. Y por supuesto la nobleza de los personajes y el deseo de verlos llegar a un lugar feliz también suma un montón. Yo creo que se le pueden perdonar las falencias o incluso la falta de ideas novedosas a esta serie (que ficción pop que recicla tropes gastados las tiene?), siempre y cuando mantenga la comedia y los personajes como norte. Es cierto también que no hay muchos lugares adonde ir sin que la serie empiece a acorralarse contra un rincón (o caiga en la mediocridad de ser una serie de más de 5 temporadas en piloto automático) pero por ahora el carisma de Karl Urban y Anthony Starr me alcanzan. Give or take un plot twist de más, una subtrama pedorra o un chiste poco sutil, igual es una serie que estoy dispuesto a bingear apenas sale. Y eso en los tiempos que corren no es poco. Es el fin del mundo, después de todo, y la distopía canchera de The Boys nos distrae un poco de la distopía real de los galpones de Amazon.

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