Ant-Man and the Wasp
Estados Unidos, 2018, 118′
Dirigida por Peyton Reed.
Con Paul Rudd, Evangeline Lilly, Michael Douglas, Michael Peña, Walton Goggins, Bobby Cannavale, Laurence Fishburne, Michelle Pfeiffer, Judy Greer y Randall Park.

Reino Cuántico

Por Ignacio Balbuena

Los prólogos de Marvel tienen que abandonar las escenas con personajes rejuvenecidos digitalmente. Ant-Man and The Wasp arranca con un prólogo que recapitula un poco cómo es que Janet Van Dyne, la esposa de Hank Pym (Michael Douglas, el Ant-Man original), termina atrapada en el Reino cuántico. Pero es difícil concentrarse en los aspectos emotivos de esta secuencia cuando al mismo tiempo el make up digital la enrarece. Principalmente en el rostro de Michael Douglas (con quien ya había pasado lo mismo en el prólogo de Ant-Man, tres años atrás), no así con el rostro de Michelle Pfeiffer, que hace aquí su aparición como la madre perdida de Hope Pym, hija del personaje de Douglas y compañera de andanza/interés romántico de Scott Lang (Paul Rudd).

Despues del logo de Marvel la cosa mejora un poco más. Vemos a Scott Lang en un túnel oscuro, linterna en mano, diciéndole a un compañero fuera de campo que sea cuidadoso. Claro, la anterior era una heist movie (película de robos), y esta escena nos sitúa de nuevo en ese tono. Pero es un fake out: Scott está simplemente jugando con su hijita Cassie, en un complejo sistema de túneles con hormigas gigantes de cartón. No solo estan jugando a que hacen un heist, están jugando a que lo hacen miniaturizados como Ant-Man. Una escena tierna, lúdica, de padre e hija conectando emocionalmente a través de la experiencia superheroica del padre. Hay algo en la escena que recuerda al maravilloso prólogo de Toy Story 3, ese que mostraba la puesta en escena que Andy hacía con sus juguetes, construyendo un western de rescate y sci-fi simplemente con su imaginación. También hay algo de Nueva Comedia Americana: no solo por el rostro y la comicidad de Paul Rudd, sino también por esta cuestión de ahondar en los vínculos familiares -la relación padre-hija, la relación con la ex-mujer y su nueva pareja, la custodia compartida en el divorcio. Y si bien otras franquicias del MCU -como Guardianes de la Galaxia- abordan las relaciones paternofiliales, Ant-Man and the Wasp (AM&TW de aqui en más) lo hace desde un lugar más (pun not intended) pequeño. Pero la película retomara eso más tarde.

Primero, nos enteramos de las circunstancias de Scott Lang a través del agente del FBI Jimmy Woo, interpretado por un más que efectivo Randall Park, otra forma que tiene la película de acercarse a la comedia mainstream americana. Aprovechando el timing comico de Park, la pelicula nos tira un monton de exposición a modo de recap, disfrazada de un monologo chistoso. Para los que vienen siguiendo las películas de Marvel, no hacía falta recordarlo: Paul Rudd está cumpliendo dos años de arresto domiciliario por haber participado de los eventos de Civil War. Por eso se salteo el encuentro con Thanos en Avengers: Infinity War, pero también nos enteramos de algo nuevo. Ya no es más Ant-Man, el traje supuestamente esta destruido, y todo contacto con Hank o Hope Pym violaría su arresto domiciliario. No es que ellos quieran hablar con él, después de estar fugitivos por dos años. En ese tiempo, ambos aprovecharon para construir un Túnel Cuántico para intentar recuperar a Janet Van Dyne. Con esto empieza uno de los problemas y virtudes de esta secuela, que es la de poner el Reino Cuántico como excusa/solución para todo. Scott Lang y Janet Van Dyne están entrelazados psíquicamente? Es por el Reino Cuántico. La villana Ghost tiene la habilidad de atravesar la materia sólida? Es por un accidente con el reino cuántico. Janet Van Dyne tiene poderes curativos? El fuckin reino cuántico. El propio Paul Rudd señala esto en una escena con Lawrence Fishburne diciendo ‘Ustedes basicamente le ponen la palabra cuantico a todo lo que dicen, no?’. Y es cierto. Pero este costado de ciencia ficcion falopa que tiene la sub-franquicia Ant-Man también permite, ademas de resoluciones arbitrarias en sus tramas, momentos muy hermosos, como toda la secuencia lisérgica de Michael Douglas navegando con una navecilla en escenarios psicodélicos y fractales en busca de su mujer.

Breve excursus. Dos películas aparecen citadas directamente en esta secuela: Animal House y Them! y de alguna manera AM&TW toma un poco de ambas, y lo revuelve con secuencias de accion con el grado justo de imaginacion e inventiva a la hora de poner y mover la cámara (nos seguimos preguntando qué hubiera sido del MCU con la presencia de Edgar Wright). De todas formas, esta síntesis de comedia americana con ciencia ficción clase B es algo que ya vimos en la anterior, y esta secuela no amplía el panorama. De hecho, es una película con un guión y una estructura muy poco elegante, llena de subtramas que se van formando y resolviendo medio a los tumbos. Por un lado, están Hank y Hope Pym intentando rescatar a Michelle Pfeiffer y Scott Lang tratando de que el FBI no descubra que esta fuera de su casa (lo reemplaza una hormiga tamaño humano que se dedica a holgazanear y tocar la bateria en su lugar). Por otro lado están la villana principal, Ghost, afectada por sus poderes y que tratará de volver a la normalidad interfiriendo con los planes de rescate de los Pym con la ayuda de Bill Foster (Fishburne), y Sonny Burch, el shady business man infaltable en toda película de Marvel, interpretado por Walton Goggins, que con esta película añade otro villano pedorro de segunda línea a su perfil de imdb. No es el único actor con talento desaprovechado: Michelle Pfeiffer, si bien muy promocionada en el marketing, aparece realmente muy poco.

Como siempre, hay mucho setup para películas posteriores y AM&TW no es la excepción. Pese a todo, y después de la mastodóntica Avengers: Infinity War, la franquicia Ant-Man sigue siendo un respiro, y el carisma de Paul Rudd, que es TODO, alcanza para vendernos una nueva película. La actuación de Evangeline Lily y su presencia física en las escenas de acción es un añadido que se agradece, al igual que el de la actriz Hannah John-Kamen, que le da la película un villano con matices y motivaciones. Muy superior al Yellowjacket de Corey Stoll en la entrega anterior, otro gran actor de reparto desaprovechado en un papel genérico de hombre de negocios corrupto devenido una versión maligna del héroe. Paul Rudd brilla más en las escenas que muestran su costado más cómico (como la secuencia de la escuela, con el traje funcionando mal) o humano (como la escena de la charla con la hija chiquita, o algunos intercambios muy graciosos con Randall Park), cuando la película apuesta un poco a mostrar cómo sería la vida cotidiana de Ant-Man fuera de las aventuras y los combates. Podría mirar una película entera Paul Rudd acompañado de insectos gigantes mirando clásicos de serie B en un iPhone gigante acurrucado en un auto encogido. Tal vez cuando se asiente el polvo (de las cenizas del chasquido de Thanos), llegue el momento para una película que redoble la comedia y la humanidad del personaje.

Comentarios