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Tiempo de lectura: 7 minutos#Diálogos: 1917

Varios Autores

1917 
Reino Unido, 2019, 119′
Dirigida por Sam Mendes
Con George MacKay,  Dean-Charles Chapman,  Mark Strong,  Richard Madden, Benedict Cumberbatch,  Colin Firth,  Andrew Scott,  Daniel Mays,  Adrian Scarborough, Jamie Parker,  Nabhaan Rizwan,  Justin Edwards,  Gerran Howell,  Richard McCabe, Robert Maaser,  John Hollingworth,  Anson Boon,  Jonny Lavelle,  Michael Jibson, Chris Walley,  Pip Carter,  Paul Tinto,  Andy Apollo,  William Postlethwaite, Gabriel Akuwudike,  Josef Davies,  Spike Leighton,  Adam Hugill,  Benjamin Adams, Tommy French,  Merlin Leonhardt,  Jos Slovick,  Jack Shalloo,  Elliot Edusah, Jacob James Beswick,  Daniel Attwell,  Samson Cox-Vinell,  Michael Rouse, Richard Dempsey,  Phil Cheadle,  Jonah Russell

Empezar de nuevo

Por Federico Karstulovich, Luciano Salgado & Gabriel Santiago Suede

FK: No les voy a negar que casi todo lo que ha hecho este pobre hombre me hace alejarme de sus películas a velocidad Match 5. No es nada personal, pero me sucede que no veo, no reconozco aspecto cinematográfico en la mayor parte de lo que ha filmado. No obstante las cosas, tengo que decir que desde hace rato Mendes me viene comprobando una hipótesis (que se puede aplicar a otros directores perfectamente): los directores que comienzan inflados, llenos de humo, autorizados (en su triple acepción), legitimados por los premios que precisan de nuevos autorcitos, cuando se enfrentan a la necesidad de comportarse como artesanos por encargo, de alguna manera, bajan los humos. Y aprenden. Como si el cine industrial tuviera sus anticuerpos frente a los agrandados. Y los pusiera en su lugar. Pero no para arruinarlos ni arruinarles la carrera, sino para dimensionarlos en relación a lo narrado. Bueno, luego de un par de James Bond fallidas (pero notablemente cinematográficas en relación a las primeras barbaridades que Mendes filmó -incluida la inflada Camino a la perdición-), Mendes miró para atrás. A ver si había pasado algo en medio de esa carrera. Y el resultado, una década de por medio alejado de cierta «perspectiva de autor» (pensando a su cine entre 1999 y 2009 como una obra infladísima, que en el fondo no tiene mucho que envidiarle al teatro filmado, aunque la venta de humo quiera convencernos de que ahí hay cine) no pudo haber sido mejor. Que si me gustó 1917? No precisamente. No es una maravilla. Pero tampoco es mala. Es un justo intermedio. Un seis. Es decir, la mejor película de toda la carrera de Sam Mendes y la posibilidad de un recomienzo, un reboot en su carrera.

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LS: Yo creo que sos demasiado cruel con algunas de las cosas que hizo Mendes. Pero no viene al caso discutir eso, sino pensar un poco qué fue lo que pudo haber pasado con ese cambio que descibís, al que adscribo plenamente. Me pasó algo similar cuando vi 1917. Dije: «a este tipo se le bajaron los humos». No, no completamente. Pero en buena medida si. Lo que le resta de vendehumo en la película viene por el lado de la música, del énfasis solemne, de la necesidad de machacar momentos específicos que son elocuentes en su dramatismo. Ahí sigue estando el viejo Mendes. Pero la novedad llega con la decisión de confiar en la imagen más que en la palabra. Ahí el campo es distinto. Las reglas son otras. Y el hombre parece que eligió ir a los bifes antes que andar verbalizando sobre ellos. Por eso lo mejor que tiene la película viene siempre por el lado de la elección de focalizar la perspectiva desde los dos protagonistas. Y enfatizar esa decisión con el plano secuencia (en realidad toda la película son dos grandes planos secuencia (ya de por si falseados)) es una decisión acertada, porque obliga a la película a pensar en acciones conectadas, todo el tiempo. No es menor ese condicionamiento: por más que Mendes quiera arruinar la película con sentencias, con escenas solemnes, es el mismo tiempo y la urgencia la que le marca el ritmo, como si todas las tentativas de arruinar el asunto se fueran corrigiendo sobre la marcha.

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GSS: Mendes y Lenin. Dos pasos adelante y un paso atrás. Como si se tratara de una estrategia bélica contra si mismo. Como si la película fuera, en efecto, un conflicto constante entre dejarse llevar por los géneros, por sus arquetipos y patrones pero al mismo tiempo el Mendes que conocemos fuera poniendo bombas de trascendencia en el camino: que el bebe, que la mitología, que Borges, que el morbo de la denuncia a los horrores de la guerra. Un movimiento entre centrípeto (hacerle decir a la película cosas sobre el mundo y encerrarla) y centrífugo (dejarla narrar, confiar en sus personajes haciendo cosas). Quizás eso sea lo más interesante. En parte, inclusive, me hizo acordar a Dunkerque, de otro vendehumo (Christopeh Nolan), en la que también contra toda tentativa de narrar la gran historia (con mayúsculas) la película gana cuando se concentra en el micromundo, cuando se vuelve táctil. No sé si esa batalla interior la hace buena, pero por lo pronto parece sincerar eso que uds decían respecto al pasaje por el maintream y los géneros: la industria también enseña. Y el retorno a la artesanía puede ser un buen camino para repensarse.

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FK: igual yo no me entusiasmaría tanto, tampoco, porque los momentos en los que Mendes la caga con sus marcas (la necesidad de decir cosas terminantes y solemnes, el comentario obvio sobre el horror que describe, la puñetera obsesión con el mal gusto arty) en buena medida generan una descompensación que bien podría funcionar a la inversa de lo que Luciano indicaba previamente. Bien podría ser que mientras la película va avanzando y construye con sonidos y con imágenes destruye los propios climas gracias a su propia banalidad. No sé. Me cuesta quedarme del lado de la esperanza. O en todo caso, al revés: la película comienza con muy buenos resultados pero conforme avanza y va metiendo la pata va perdiendo la energía. Por eso siento que es una pelea que se va perdiendo. Y que termina dentro de todo en un buen lugar porque no tuvo más tiempo para arruinarla. Asi como hay directores que operan por sustracción, como si fueran esculpiendo, Mendes le tira cosas encima a sus películas, para que parezca que lo que está haciendo es más sofisticado que el bloque de origen. Por eso esa ambivalencia de la que hablaba me deja más bien en una situación en la que imagino que quizás su siguiente película mejore si se dedica a dejar de ser quien es para ser un director más. O para decirlo de manera menos agresiva: que se acerque más a ser un director del montón lo puede convertir, alguna vez, en un director sin obra, es decir, en un director más preocupado por el cine que por su prestigio.

LS: Mi costado mendecista (dentro de lo que se puede defender, ojo) igual me hace pensar que muchas de las cosas que en otras películas de SM nos podría haber molestado porque encontramos a esas decisiones o a esos gestos como decisiones injustificadas narrativamente, en este caso, curiosamente, se justifican. Y creo que esa justificación depende que estar frente a una película con un punto de vista privilegiado, es decir, una película que mira junto a su personaje principal, por tanto, buena parte de lo que vemos no es más que la visión alucinada de un soldado que debe llevar a cabo una misión suicida a lo largo de aproximadamente seis horas. Por eso buena parte de las cosas cursis que nos molestan, incluyendo la misma música, también puede formar parte de esa mirada privilegiada…

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GSS: Ahí me perdiste. No podría estar más en desacuerdo. Porque, justamente, una cosa es el recurso de la construcción de la mirada en los movimientos, en la puesta de cámara, en la actuación, en el sonido…y otra muy distinta es el carácter machacón, sentencioso, molesto y redundante, contrario a la sequedad de la experiencia de los personajes (o del personaje en particular, el pobre protagonista). Me parece que el problema de Mendes es que confunde los recursos constantemente. Ahí es donde mete la pata. Y es en donde se le escapa la tortuga. Insisto: esta misma película casi sin música, ausente de planos enfáticos, sin escenas trascendentes «de un humanismo excepcional», es decir, la película sobre un acto de supervivencia y no la película sobre los lugares comunes de un género trabajados desde una perspectiva distinta (oh, e dispositivo formal y su lavada de cara!), era otra cosa. Pero lo que salió fue 1917.

FK: Insisto con la idea: para mi estamos ante un aprendizaje, un territorio de pruebas. Un viraje lento pero constante de un tipo que supo ser un director mediocre, que está lleno de taras y problemas, pero que de a poco quizás termine entregando una película como las que pudieron influir a 1917. En definitiva: un director que baraje y dé las cartas de vuelta. Hasta les diría lo siguiente: deseo que le den para dirigir una Rápidos & Furiosos. Incluso si lo pienso, creo que el costado inmersivo que mejor funciona en la película la emparenta con el cine de acción y con los videojuegos. En su planificación extrema, coreográfica y artificiosa hay, paradójicamente, un atisbo de libertad. No de las formas, que en este caso digitan la libertad de acciones de los personajes hasta un nivel cero, como si no importara el fuera de campo, como si todo sucediera en el plano. Me refiero a otra libertad: la de si mismo. Forzar la forma y la narración para que la identidad se disperse en las formas de la cultura popular (el cine bélico no es otra cosa que una expresión de esa cultura de masas). Hay que tenerle menos miedo a la cultura popular. A veces un baño de grasa es lo mejor que puede pasarles a quienes están llamados a la importancia.

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