No te preocupes cariño

Por Carla Leonardi

Don’t Worry Darling
EE.UU., 2022, 122′
Dirigida por Olivia Wilde
Con Florence Pugh, Harry Styles, Olivia Wilde, Gemma Chan, Chris Pine, KiKi Layne, Nick Kroll, Douglas Smith, Kate Berlant, Asif Ali, Dita Von Teese, Timothy Simons, Sydney Chandler

El estallido de la utopía

Alice (Florence Pugh) y Jack (Harry Styles) son una joven pareja, sin hijos (pero en su fértil juventud), que vive en un idilio romántico en el acomodado, apacible y perfecto suburbio de Victoria, una enclave paradisíaco en medio del desierto. Mientras las mujeres de la comunidad realizan las tareas hogareñas y brindan soporte emocional a sus maridos; estos se van cada día del hogar para trabajar en el secreto Proyecto Victoria, que se vincularía a la producción de materiales innovadores. Se trata de un típico proyecto experimental de vida comunitaria en entornos agradables y seguros, en contacto con la naturaleza, como tantos hubo en los años 50 en Estados Unidos, cuyo creador, líder y gurú es el enigmático Frank (Chris Pine), quien sólo pide a cambio de esta vida de lujos y felicidad absoluta, discreción respecto al secreto Proyecto Victoria. A las mujeres se les sugiere no traspasar los límites del suburbio o acercarse a la Oficina del Proyecto Victoria, porque sería exponerse a lo peligroso. 

La directora de Booksmart (2019), Olivia Wilde, vuelve a abordar el universo femenino, pero ahora con un proyecto mucho más ambicioso y esta vez con las claves del thriller psicológico y elementos de la distopía tecno-científica, pues poco a poco irán apareciendo las grietas en el mundo feliz de Alice. 

Las primeras alarmas surgen cuando una perturbada Margaret (KiKi Layne), esposa de uno de los trabajadores del Proyecto Victoria, comienza a denunciar en medio de una reunión social, el peligro de permanecer en la comunidad. Según cuentan los chismes entre mujeres, se habría adentrado más allá de los límites, donde desapareció su hijo. Las mujeres comienzan a segregarla y se la tilda de “loca”. Un día Margaret le pide ayuda a Alice por teléfono, pero ella la ignora. El desenlace de Margaret será perturbador para Alice, pues la vió degollarse. El relato oficial de la comunidad dice que fue curada por el Dr. Collins (Timothy Simons), pero a ella le resulta difícil creerlo. 

Comienza entonces la curiosidad de Alice con respecto al secreto que sostiene a la comunidad (la prohibición en sí misma engendra un empuje a la transgresión), cuando ve a un avión estrellarse en las montañas. Esto lo lleva hasta una suerte de fachada de edificio de oficinas e incrementa la desconfianza Alice hacia el tan mentado y loable Proyecto Victoria, que la directora trabaja a partir del progresivo proceso de extrañamiento de la realidad y de desintegración del yo de Alice. Los huevos de sus manos son pura cáscara, un vidrio la aprisiona hasta casi ahogarla, pierde la consciencia en la bañera para hundirse en un extraño sueño y repentinamente se envuelve el rostro con papel film. La elección de construir la película desde el punto de vista de Alice, mantiene al espectador en cierta vacilación, propia de lo fantástico, respecto de si la protagonista está loca o si la comunidad realmente está en peligro como ella comienza a denunciar, a partir de lo que va experimentando.    

Lentamente lo familiar se vuelve extraño, develando su aspecto siniestro. En este punto, es interesante el uso que realiza la directora de los vidrios, los espejos, la pantalla del televisor, los sueños; portales posibles en sus fisuras a una realidad otra; que está velada por ese imaginario ideal. Lo que retorna a través de las grietas es la imagen en negativo, visiones en blanco y negro, que contrastan con el colorido vibrante y la luminosidad de la realidad maravillosa.  

No te preocupes Cariño (2022) permite por un lado, dar cuenta de cómo la hermosa y bondadosa comunidad utópica del sueño americano, se sostiene al precio de ocultar un oscuro secreto de goce: la dominación fálica machista, que rechaza el goce femenino y lo sustituye por la abnegada figura de la esposa y madre de los hijos. 

Por otra parte, desarrolla también una línea biopolítica, al transmitir el control de los cuerpos que se ejerce a través de los dispositivos que produce la tecnociencia: cuerpos disciplinados, homogéneos en su modo de gozar y consumidos como sujetos. La vida en comunidad exige, la renuncia parcial a un goce, como condición para tolerar las diferencias. En contrapartida, el goce absoluto e ilimitado, que prometen los dispositivos de realidad virtual, se acerca mucho a la lógica de vender el alma al diablo. Se accede a un goce todo, pero no es sin el precio de deponer la libertad de elegir (acaso un goce limitado, pero consentido) e incluso la vida.   
No te preocupes Cariño se sostiene principalmente en la interpretación de Florence Pugh, en los aspectos técnicos de fotografía y de la dirección de arte, pero el recurso al extrañamiento para dar cuenta de la sujeción de la protagonista a una realidad que de tan perfecta, ahoga; resulta reiterado y subrayado, diluyéndose hacia la mitad del film, el efecto de tensión que podría generarse en el espectador. El espectador termina aplastado, ante tanta reiteración y ante el efecto recargado de los recursos empleados. Con todo, se valora la intención de la directora de alejarse del tono meramente realista para dar cuenta del lado B de las utopías comunitarias, de un proceso de despertar de la protagonista a otra realidad, que le permite emanciparse, e incluso del retroceso creciente en la actualidad de ciertos derechos adquiridos por la mujer, debido a la nostalgia de un cierto conservadurismo que retorna, como ya lo expresó Atwood en su distopía El cuento de la criada. 

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