La húerfana: el origen

Por Santiago Gonzalez

Orphan: First Kill
EE.UU., 2022, 99′
Dirigida por William Brent Bell
Con Isabelle Fuhrman, Julia Stiles, Rossif Sutherland, Hiro Kanagawa, Stephanie Sy, Jade Michael, Andrea del Campo, Lauren Cochrane, Erik Athavale, Matthew Finlan, Morgan Easton-Fitzgerald, Sarah Luby, Kennedy Irwin, Kristen Sawatzky, Alicia Johnston, Bradley Sawatzky, Sadie Lee, Alec Carlos, Gwendolyn Collins, Parker Bohotchuk

La bondad de los niños

La Huérfana fue una gran sorpresa para todos los que la vimos en su estreno allá por el lejano 2009. Su director, Jaume Collet-Serra trabajaba con la estructura narrativa de un relato típico, como lo es el de los niños malvados. Pero lo hacía con suficiente capacidad narrativa como para meterse en un juego perverso, casi insoportable por momentos, en el que, gracias a algunas escenas que demostraban el gran dominio de las herramientas cinematográficas y un gran manejo del suspenso, se mencionara, cuando no, a la sombra de Alfred Hitchcock. No solo por esas escenas de suspenso, sino por la idea del doble y la pelea entre el bien y el mal, casi en un orden metafísico. ¿Qué paso después con la carrera de Serra? Como buen artesano que conoce su oficio antes que como autor, algo que no es, optó por seguir trabajando en proyectos que requerían profesionalidad pero que estaban bien lejos de su talento, incluso a pesar de algunas películas interesantes como Non stop (2014).

En épocas de consumo cultural fanatizado, la villana interpretada por Isabelle Fuhrman se convirtió en un icono del genero. Como consecuencia lógica los fans pidieron una nueva película. ¿Por qué? Por la necesidad de darle una lógica de continuidad al consumo, algo que complicaba un poco el asunto con el personaje de Esther, interpretada por Fuhrman…con varios años menos. Como podrán imaginar: una mente siniestra entendió que era buena la idea de traer de vuelta al personaje de Esther. Traerla de la muerte de la primera entrega no sería un problema: para esos están las precuelas, que en este caso no busca explicar el porqué de su maldad, apenas nos propone cambiarla de contexto. El problema era otro, el verosímil actoral, sobre el cual hablaremos luego.

La vuelta de tuerca de La huérfana era sorprendente no sólo por su perversidad, sino porque seguía la tradición de un personaje psicópata que venía desde La mala semilla (Mervin LeRoy, 1956), pero que se perdió en algún momento en pos de un cine donde la maldad en los niños se configuraba como posesión diabólica o por alguna otra entidad malvada. La huérfana recuperaba el espíritu del film de LeRoy porque exponía una idea insoportable para la contemporaneidad: los niños pueden ser malvados y sádicos porque si, sin motivación aparente. Ahora bien…qué es lo que hace esta precuela con aquella idea? Exactamente lo contrario, porque el misterio, la revelación de la primera aquí se tranforma en el motor justificativo. No estamos frente a la perversión de un niño porque sabemos (con el diario del lunes post final de la primera entrega) que se trata de un adulto haciéndose pasar por una niña. Ergo: el sadismo y la maldad dejan de suponer un problema de observación moral sobre los niños para convertirse en un motor de lectura de las perversiones adultas.

Si, Fuhrman está muy bien como Esther, eso es cierto, pero no hay forma posible de morigerar que se trata de una mujer adulta interpretando a un niño, por lo que el verosimil actoral se convierte en un segundo gran problema. Su nuevo director William Brent Well hace lo imposible para lograrlo con medios artesanales (y muy pocos digitales). Se propone filmarla desde ángulos convenientes, usar maquillaje y algún que otro retoque digital. Pero, invariablemente el resultado es el mismo. Es por eso que recurre a otra idea. O mejor dicho, a otra posibilidad, que es básicamente el mango del cual se agarra toda la película. Veamos: sabemos que Esther es adulta, entonces por qué no cambiar el ángulo y seguirla para ver cómo se las ingenia para no ser atrapada. Esta decisión ingeniosa genera, por lo tanto, alguna que otra secuencia de suspenso bien conseguida, precisamente porque logra que nos identifiquemos con la villana, en particular gracias a los recursos de montaje.

Pero los problemas se multiplican. La Huérfana: El origen es también una película pobre de recursos (materiales y narrativos), por lo que el director, que está a años luz de las capacidades artesanales de Collet Serra, tiene que trabajar con un presupuesto ínfimo en donde las decisiones de puesta son audiovisualmente feas y pobres. A tal punto llegan estas limitaciones que en algunas secuencias, como la de una casa ardiendo, esta pobreza visual se acentúa a un punto tan insoportable que provoca que veamos las costuras de la puesta, algo que genera una forma involuntaria de comedia que nos expulsa del relato. Pero también acaso se trate de un error de concepto a la hora de abordar el plan de producción. En vez de suprimir, de jugar a menos y aprovechar las limitaciones de recursos, La Huérfana: El origen busca una espectacularidad innecesaria que expone la carencia de recursos. A esta pobreza visual también hay que sumarle una puesta en escena chata y plana, motivo que genera que festejemos los mas mínimos espasmos vitales, en escenas innecesarias pero visiblemente llamativas, como el escapa del manicomio de Esther, filmado con un plano secuencia. Esos momentos, incluso en su gratuidad, le otorgan alguna sobrevida a una película estéril.

Ahora bien, vayamos a un contrafáctico: si la película se hubiera quedado en el manicomio, como ocurre en los primeros veinte minutos, el resultado aunque inevitablemente malo, al menos podría haber ofrecido un giro más interesante. Esto se debe a que todo lo medianamente valioso -aunque fallido- se encuentra en esos espacios cerrados con pocos personajes. Desafortunadamente la historia pega el primero de varios giros imposibles, bastante canallas deberíamos decir, a tal punto que terminan posicionando a Esther como una especie de heroína. O incluso configurándola como alguien que es malo pero que no es tan malo en relación a otros personajes. Al final de cuentas se trata de una operación que busca rehacer la misma historia que la original pero proporcionando una vuelta de tuerca que termina lavándole la cara y sacándole todo atisbo de perversidad.

Esta nueva entrega es una película limpia, pulcra y correcta en su discurso, pero también una que se va volviendo aun más fea con el correr de los minutos, en espacial cuando el desgano se traduce también a los actores, que deben estar preguntándose por qué motivo se prestaron a esta mascarada.

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