Noche de juegos (Game Night)
Estados Unidos, 2018. 100′
Dirigida por John Francis Daley y Jonathan Goldstein.
Con Jason Bateman, Rachel McAdams, Kyle Chandler, Sharon Horgan, Billy Magnussen, Lamorne Morris, Jesse Plemons, Michael C. Hall y Danny Huston.

Don’t stop me now

Por Ignacio Balbuena

Ojalá todas las películas fueran como Noche de Juegos. Despreocupadas, amables, o simplemente muy, muy graciosas. En un mundo ideal hablaríamos más de películas como esta antes que hablar de los bofes nominados al Oscar en tal o cual categoría. La película de John Francis Daley y Jonathan Goldstein sencillamente alegra el espíritu. Tengo que aclarar que fui con el ánimo muy predispuesto: el trailer me había resultado doblemente efectivo (comunicaba bien la premisa y tenía excelentes gags), y la vi el día de mi cumpleaños después de comer una de las mejores hamburguesas de la ciudad. Pero no solo me dio lo que exactamente esperaba de ella (la película…y la hamburguesa también), sino aún más. Y aunque tal vez no sea otra cosa que una comedia de estudio sobre personajes suburbanos en a. situaciones locas/extraordinarias y b. teniendo epifanías sobre su pareja y familia, varios elementos de la puesta en escena le dieron a la película un plus desde lo formal, algo que celebro ya que en contadas ocasiones la comedia mainstream se preocupa por ese extra al que en muchos casos se deja de lado en pos del gag.

La película arranca presentándonos a Max y Annie (Jason Bateman, haciendo el mismo everyman de humor semi-deadpan de todas sus películas, y Rachel McAdams, especialmente jovial y luminosa) en un montaje al ritmo de ‘Don’t Stop Me Now’ de Queen. Se conocen en una noche de juegos en un bar, Max le propone casamiento a Annie en el medio de un juego de dígalo con mímica, y terminan casándose jugando al Just Dance mientras la cámara se mueve de forma estilizada alrededor de ellos. Es el primer indicio de que Noche de Juegos se corre un poco del lugar común de la comedia americana (plano, contraplano y que los actores improvisen diálogos y chistes), y de que se hará uso de una mayor paleta de recursos visuales. Luego de conocer a los protagonistas, nos enteramos de que además de ser fanáticos de los juegos (que no ludópatas) y la competencia, son una pareja buscando su primer hijo, sin demasiado éxito producto del estrés de Max. La visita de su hermano mayor Brooks (Kyle Chandler, otro acierto de casting), lo tiene mal. Brooks es más fachero, exitoso, está en una excelente posición económica y siempre, siempre derrotó a Max en todos los juegos que jugaron desde pequeños. Noche de Juegos se inserta entonces en la tradición de la nueva comedia americana de contar, sea cual sea el contexto, una suerte de crisis de mediana edad. Esto no es un disvalor, claro. Guionista y directores trabajan dentro de los mecanismos del sistema de estudios de forma aceitada y los hacen funcionar, los engranajes se ven pero mientras giren sin trabas, no hay quejas.

Entonces, el conflicto fraternal/matrimonial funciona como una trama de la película; la otra es básicamente Al filo de la muerte (David Fincher, 1996) en clave de comedia. Brooks invita a Max, Annie y su grupo de amigos (la pareja de toda la vida Kevin y Michelle, y Ryan con su cita de turno, la irlandesa Sarah) a jugar un juego de rol realista que involucra la simulación de un secuestro. Por supuesto, la gracia de la película, al menos durante una buena parte de la misma, es algo que anuncia Brooks cuando explica las reglas del juego: “No van a saber que es real y que no”. Además del grupo de amigos, está Gary, un policía creepy e introvertido que lamenta su exclusión de la noche de juegos luego de su divorcio. Este personaje, interpretado por Jesse Plemons, que nunca me cayó bien básicamente por ser una especie de Matt Damon más feo y menos carismático, acá funciona perfectamente, en otro acierto del casting y de los directores, que saben sacarle el jugo a los actores para que den exactamente lo que la película necesita.

Hasta aquí llego con los detalles de la trama. Es innecesario contarlos en detalle, dado que la película, por su naturaleza de thriller de intriga, involucra una serie de twists que es mejor no revelar. Algunos son más obvios, alguno tal vez se pasa de rosca en lo “hollywoodense”, como un diálogo conmovedor entre hermanos que parece la escena de Charlie Kaufman y Donald Kaufman en El Ladrón de Orquídea  (aunque sin la autoconciencia); pero en general la trama de suspenso se desenvuelve con bastante gracia, y las secuencias de acción no tienen nada que envidiarle a películas que hacen lo mismo pero “en serio”. Además, como dijimos, hay una ambición formal en la película que la eleva por encima de las comedias de este estilo, como una persecución dentro de una casa en plano secuencia, o varios planos de establecimiento que dan la sensación de estar viendo un diorama, algo que se enlaza temáticamente con la cuestión de los juegos de mesa y con la imposibilidad de distinguir lo real de lo falso.

También está el soundtrack, lleno de sintetizadores nerviosos y potentes que por momentos bordean el acid house, producto de la mano experta del siempre extraordinario Cliff Martínez. Podría insistir con esta idea que mencioné antes, y decir que el soundtrack no estaría fuera de lugar en un verdadero thriller, pero lo cierto es que Noche de Juegos funcionamente perfectamente como película de suspenso y acción en sí misma. No es una parodia, sino que, a la manera de las películas de Edgar Wright (que aparece casi citado en varias transiciones de planos detalle muy cercanos, y editados rápidamente), es un ejercicio de género y homenaje con la comedia, como una superficie que permite jugar más libremente con los códigos establecidos. No solo son Bateman y McAdams los que llevan adelante la película, aunque varios de los mejores gags (ya adelantados en el tráiler) los tienen a ellos presentes. El resto del cast también hace lo suyo: Kevin y Michelle tienen un running gag sobre ella acostándose con un famoso que se resuelve hacia el final con un twist excelente (de nuevo, sobre cosas que no son lo que parecen), y Ryan (Billy Magnussen, los que vieron Ingrid Goes West el año pasado lo recordarán de allí) es un personaje notable por su estupidez, que remata cada gag de la peor (mejor) forma posible. Hacia el final aparece el doble twist, el triple twist, el cameo esperable de una figurada conocida, y la esperada resolución de la trama familiar. En ese sentido, Noche de Juegos resulta convencional, pero de la misma forma que una noche de juegos semanal con amigos, es entrañable. Por no salirse de la comodidad de la repetición, por compartir códigos con familiaridad, Noche de Juegos es la prueba viviente de que el mainstream americano es todavía capaz de crear productos que aprieten todos los botones correctos y que pongan todas las fichas en su lugar para dejar en el espectador una gran sonrisa de satisfacción, como esas de Jason Bateman y Rachel McAdams que abren y cierran la película.

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