Altered Carbon
EE.UU., 2018, 10 episodios de 60′
Creada por Laeta Kalogridis
Con Joel Kinnaman, Martha Higareda, James Purefoy, Katie Stuart, Dichen Lachman, Lisa Chandler, Renee Goldsberry, Chris Conner, Leonardo Nam, Ato Essandoh, Nicole Anthony, Marlene Forte, Kristin Lehman, Stephanie Cleough, Trieu Tran, Hiro Kanagawa, Anna Van Hooft, Waleed Zuaiter, Riley Lai Nelet, Olga Fonda, Michelle Lee, Vivian Full, Celeste Ziegler, Adam Busch, Fiona Vroom

Recuerdos del futuro

Por Ignacio Balbuena

¿Qué más le podemos pedir al cyberpunk a esta altura? Entre Blade Runner y Akira, poco menos que está todo dicho. Curiosamente, el cyberpunk nació como una visión del futuro, pero es de los géneros que más se niega a soltar el pasado. Devino un género nostálgico, justo en el momento en donde el mundo real más se acerca a esa visión del futuro llena de corrupción corporativa, luces de neón y desigualdad social. Altered Carbon, una serie que pasó un poco sin pena ni gloria por la plataforma Netflix, acaso por estrenarse al mismo tiempo que The Cloverfield Paradox en el medio de un gimmick de marketing, ni siquiera se molesta en plantear una alternativa al diseño de arte a lo Blade Runner/Akira.

La paleta de recursos visuales de Altered Carbon es una ya que vimos mil veces. Incluso recientemente, en Blade Runner 2049 y la adaptación live action de Ghost in The Shell, otra piedra angular del género. Carteles gigantes de neón y tecnología futurista que contrastan con calles oscuras llenas de lumpenaje pueblan los primeros capítulos de la serie, que hasta tiene los clásicos puestos de ramen infaltables en todo setting cyberpunk. Pero la estética no es el único elemento familiar. El regreso a un enfoque más policial y de pequeña escala, al menos en la primera mitad de la serie, es otro elemento que la serie toma de Blade Runner y que se agradece. Porque debajo de toda la fachada de tecnología, multiculturalismo y ambiciones existencialistas, Altered Carbon no es más que un policial hard boiled clásico. Uno con un antihéroe cínico por protagonista, que se enfrenta a instituciones corruptas a la vez que avanza en la resolución de un crimen sencillo como lo es el asesinato de un hombre poderoso con una esposa rubia y sensual. Sí, es cierto, además del policial hay sci-fi: en el mundo de la serie, la premisa central es que cualquier persona puede superar la muerte como quien no quiere la cosa, simplemente pasando un backup de su conciencia a un cuerpo nuevo, una ‘funda’. Toda la construcción del mundo de la serie gira en torno a este concepto sencillo y sus eventuales ramificaciones.

Los neo-católicos, por ejemplo, son personas que no apoyan el concepto de esta suerte de re-encarnación digital, y codifican sus ‘pilas’ (básicamente, la conciencia en una suerte de pendrive que se lleva en la nuca) para que no revivan en fundas nuevas. Los pobres a veces mueren y reaparecen en la funda que les asigna su seguridad social o sus escuetos ahorros. Como reza el mantra cyberpunk, son las megacorporaciones las que ostentan el poder, y en el mundo de Altered Carbon, los ricos esencialmente encontraron una forma de vivir para siempre, clonando sus cuerpos jóvenes y haciendo backups constantes de su cerebro. Son esencialmente inmortales. Pero un pequeño glitch en el sistema deja a un millonario con la intriga cuando una versión de sí mismo termina muerta. Y allí aparece nuestro protagonista Takeshi Kovacs, que es japonés en los diversos flashbacks de la serie, pero que a lo largo de la historia tiene el cuerpo del actor sueco Joel Kinnaman, que aporta una actuación con pocos matices, pero adecuada para el papel de detective cínico, violento y gruñón, y una imponente presencia física, más que adecuada para las múltiples escenas de pelea, que abundan en la serie. Si Netflix pretende construir a partir de su catálogo una oferta algorítmica de productos para todos los targets posibles, Altered Carbon apunta al hard-R y a un imaginario casi edgy y juvenil. Los tiroteos son sangrientos, hay decapitaciones y gore, hay duelos con katanas, tortura, sopletes, prostitutas virtuales, prostitutas reales, y una oficial de policía latina y sexy que aparece en tetas más de una vez. Pero el cinismo que destilan la serie y los personajes le sienta mejor tanto a la narrativa policial pura y dura, como al escenario futurista de un mundo esencialmente controlado por ricos inimaginablemente ricos e inmortales. Si bien la serie está apuntalada por algún que otro monólogo de nuestro protagonista (otro rasgo del policial), no hay espacio en Altered Carbon para contemplación existencialista. El mundo que construye es simplemente demasiado violento como para detenerse. Tomemos por ejemplo a Poe, la inteligencia artificial (AI) de turno, que está lejos de la AI manic pixie dream girl de Blade Runner 2049. Poe maneja el hotel donde se hospeda Kovacs durante toda la serie, es tan servicial como Joi, pero no duda en sacar de la galera (o del techo) un par de ametralladoras gigantes si la ocasión lo requiriese.

Durante los primeros capítulos, Altered Carbon se centra en la resolución de ese misterio inicial, y en consecuencia, suma puntos y se presta al binge. Incluso con el gastadísimo recurso de darle al protagonista un recuerdo traumático recurrente que se manifiesta como un personaje que le habla como si fuera real, pero en realidad está solo en su cabeza. La serie explica diversos trastornos mentales posibles como resultado de esta cuestión de ir trasladando la conciencia de un cuerpo a otro, pero esto no tiene nada que ver con el recurso del protagonista imaginando un personaje que le habla, es simplemente lazy writing. Pero los diversos clichés que van apareciendo se pueden perdonar, en virtud del núcleo de crime procedural que conserva la serie. Cuando ese costado desaparece en la resolución de la temporada, la serie cae muchísimo. Aparecen personajes nuevos, plot twists, y todo el subplot del pasado militar/terrorista del personaje principal encuentra una resolución melodramática a través de un personaje que es de lo peor de la serie. Es allí cuando Altered Carbon pasa de ser un policial hard boiled de superficie neón, a un drama de hermanos perdidos lleno de subrayados y pobreza narrativa. Lo que antes era puro impulso narrativo, ímpetu, se convierte básicamente en embole. Para colmo, con un villano que es básicamente una mujer loca (‘te amo tanto que voy a matar a todos los que amas para que estés conmigo’), a la que únicamente le falta retorcerse el bigotito para ser más villanesca.

Y esto en una serie que en general no le hace justicia a sus personajes femeninos: sí, la latina es badass y termina con un brazo biónico, pero también aparece desnuda como eye candy y termina como una damisela en peligro. La esposa del millonario es una especie de femme fatale MILF. Y el gran amor del protagonista es un flashback, básicamente. Pero no me voy a poner en progresista reaccionario; Altered Carbon es una serie que retrata un mundo masculino desde una perspectiva masculina, y eso no lo hace ni buena ni mala; es un rasgo más entre otros. Es un mundo de cigarros y whisky, y voz ronca, y de macho posturing, un constante ‘quién la tiene más grande’ con tintura futurista. Pero es por eso que la villana del final molesta el doble, porque se siente fundamentalmente desconectada de toda la propuesta. Ni las escenas de acción con katanas justifican al personaje. Ni hablar en términos de elegancia del plot: antes de escribir esta nota, me puse a ver un recap del argumento en YouTube, y me sorprendieron la cantidad de personajes y subplots. Los recordaba todos, pero ver un video enumerando todos los acontecimientos y personajes de la serie me la hizo parecer como una serie densa, complicada por demás, con firuletes innecesarios. Y es cierto, pretender explicar todo el plot de la serie la haría parecer mucho más compleja a nivel argumental y temática de lo que realmente es. Por suerte, el concepto mismo de la serie implica la capacidad de reinvención, de ponerse una cubierta nueva y ajustar la propuesta. La serie cambia de funda para mal hacia el final de la temporada, pero eso no quita el atractivo de su protagonista gruñón, de sus peleas intensas, de varios personajes secundarios interesantes (en particular una chica que pasa de ser una conciencia virtual con síndrome post traumático a básicamente una asesina robótica), y de una premisa lo suficientemente elástica como para proponer algo diferente, conservando los elementos que funcionaron (el entorno cyberpunk, el misterio policial). Será cuestión de hacer borrón y cuerpo nuevo.

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