Jean-Claude Van Johnson
EE.UU., 2016, seis capítulos de 30′
Creada por Dave Callaham
Con Jean-Claude Van Damme, Kat Foster, Moises Arias, Phylicia Rashad, Bar Paly, Tim Peper, Deren Tadlock, Kevin Michael Walsh, Tait Fletcher, Filip Van Damme, Stacey Danger, Ian Fisher, Chris Palermo, Daniel Hernandez, Alice Haig, Dan Lipsman

One from the heart

Por Ignacio Balbuena

Algunos años atrás, de manera inesperada, contra todo pronóstico, una de las estrellas del cine de acción de los 80’s y 90’s se atrevió a rizar el rizo. En JCVD, aquel extraordinario film de Mabrouk El Mechri, Van Damme se interpretaba a sí mismo, si, pero también nuestro hombre se mostraba humano, vulnerable, con defectos y contradicciones. Lo veíamos fallar filmando escenas de acción complejas con directores orientales too cool for school (recordemos, Van Damme trabajó con John Woo y Ringo Lam), con dificultades para llevar adelante una carrera y en juicio por la custodia de su hija. Había algunos toques de comedia, pero esencialmente, fue una oportunidad extraordinaria para ver un Van Damme que por primera vez se revelaba ante el público como un personaje casi atormentado por una vida de fama y estrellato pero también marcado por una fuerte caída en la adicción y por el descenso a sectores marginales de la industria. Jean Claude Van Johnson, serie original de Amazon Studios, aparece entonces como una especie de sucesora espiritual de JCVD. Y nos pone de nuevo a Van Damme a hacer de Van Damme, pero esta vez con una vuelta de tuerca, ya que que pone el énfasis en la comedia (sin que eso implique sacrificar corazón, reivindicando berretadas que van desde El gran dragón blanco a la saga de directo a video que supo ser Soldado universal o incluso Timecop).

A diferencia de otros titanes de musculatura hercúlea como Schwarzenegger o Stallone, Van Damme siempre se caracterizó por hacer gala de una mayor agilidad, una gracia que daba cuenta tanto de su expertise en el terreno de las artes marciales y de su pasado como bailarín de ballet. Esto abre una doble conciencia en él como actor. Por un lado hay una elegancia distinta en sus movimientos, en su capacidad para dar volteretas y patadas en el aire (por supuesto, su clásica apertura de piernas (‘the splits’) es ya un schtick, un recurso gastado que la serie se ocupa de despachar desde la primera escena) que lo aleja de los musculosos toscos, precisamente porque prevalece un conciencia física, conciencia del cuerpo, que en muchos casos de actores similares suele quedar ausente. Este aspecto físico se complementa con el segundo rasgo, que es el de la capacidad para reírse de sí mismo. A diferencia de otras estrellas de acción que no dejaban ver un sesgo paródico salvo en el ocasional one-liner, a Van Damme siempre se lo notó cómodo con el costado grasún que siempre portó. Muchos de sus personajes “clásicos”, desde el Chance Boudreaux de Operación: Cacería al Guile de Street Fighter, transmiten un entrañable encanto clase B, un aire amable y relajado que combina a la perfección con la falta de miedo al ridículo. A ver, no hay que ir muy lejos: la clásica escena de baile que derivó en meme viral, o trabajos más recientes como la mencionada JCVD, el reality show Jean Claude Van Damme: Behind Closed Doors, que lo muestra como alguien sencillo y amante de los perros, o películas como Welcome To The Jungle, lo muestran dispuesto a abrazar su costado menos vinculado a la acción pura y dura de los 80’s, ya abandonada en el tiempo o reducida a la parodia estilo Los indestructibles. Lo cual no quiere decir que Van Damme haya dejado de estar en plena forma o perdido su appeal como estrella de acción. El mercado directo a video continúa produciendo películas de acción que no apuestan al kick nostálgico y que aprovechan el rostro derrotado y ajado del actor para lograr cosas notables como las últimas Soldado Universal (la tercera y cuarta entrega, de 2010 y 2012, que retomaron una saga cuya última entrega era de 1999…y que había empezado en 1992!)

Bueno, volvamos. Jean Claude Van Johnson es una suerte de combinación de todos estos aspectos, es una summa vandammiana. Hay acción y patadas, vemos al Van Damme humanizado y vulnerable que invita a la empatía, al Van Damme dispuesto a reírse de sí mismo, y está ese rostro marcado por los años, un mapa que invita a ser contemplado con fascinación, que da cuenta de un recorrido tortuoso, irregular, complicado. Es factible que se objete la calidad de la serie en el mapa de un mundo de producciones audiovisuales para TV cada vez más acabadas y presuntamente sofisticadas, pero es sin duda un producto genuino, acaso lo más importante que la serie puede brindar.

En JCVJ Van Damme hace de si mismo, pero en una realidad alternativa donde además de haber sido estrella de hollywood en los 90s, fue un espía/asesino entrenado para realizar operaciones encubiertas de alto riesgo (guiño guiño guiño al cubo). Lo encontramos, al iniciar la serie, retirado de ambos trabajos, pero con el deseo de reavivar un viejo amor lo lleva a su (doble) trabajo de nuevo. Habla con su agente, que es también su handler en la agencia de espionaje, y termina en una operación para desmantelar un cartel de drogas en Bulgaria, donde además se está rodando una versión de Huckleberry Finn de Mark Twain (!) en plan acción clase B directa a video (lo que provee mucho del mejor humor en los primeros capítulos). Lo acompañan su maquilladora/agente de inteligencia/interés romántico, Vanessa, y Luis, un personaje que viene de haber trabajado encubierto en un cartel mexicano y que tiene la pinta de un Michael Cera haciendo cosplay de Zach de la Rocha.

Con seis capítulos de media hora (y nada más por venir, lamentablemente la serie ya ha sido cancelada), JCVJ se puede ver en una tarde, y alcanza para satisfacer a los fans del ícono belga, pero también a quienes entienden que lo berreta también tiene un corazón que es mucho más que consumo irónico. Si, el plot es en extremo convencional, la acción, a pesar de mostrar a Van Damme en plena forma, es apenas competente y la comedia, de trazo grueso, no tiene demasiados gags inspirados, y los chistes satíricos sobre la industria y la propia carrera de Van Damme se hacen repetitivos. Hay sin embargo, otros momentos que justifican la serie, como aquellos en donde el actor se multiplica (el original, un doppelganger de acento raro, una versión del futuro), o una en la que el actor dice ‘estamos seguros, no me buscan acá desde hace más de 20 años’ , y el refugio en cuestión se revela como un Blockbuster abandonado. El gesto meta se multiplica al cuadrado. No hay que ser Spike Jonze en El ladrón de orquídeas para llegar a un estado de gracia de autoconciencia y reflexividad.

JCVJ nunca apunta a ser un estudio de personaje o una compleja deconstrucción de la figura de Van Damme o su carrera. Para eso está el monólogo en francés de JCVD. No, es una comedia de acción pura y dura, una que en su plot berretón y sus personajes acartonados encuentra una continuidad estilística entre su carrera de los 90’s y el presente. El presupuesto es bajo, el corazón es grande. Y de eso hay un montón en esta serie. A 30 años de El gran dragón blanco, Van Damme sigue en plena lucha, explorando caminos, abriendo sus elásticas piernas aún a costa de romperlas, y aún cuando su rostro revela el paso del tiempo y nos hace pensar en películas que ya no tenemos. El viejo Jean Claude, sigue adelante, como un verdadero trabajador del cine, como un Depardieu musculoso de los desclasados del mundo audiovisual berreta. Despojado de la necesidad de ser una estrella, las posibilidades son más grandes. Ayer tocaba una de acción en Europa, hoy una comedia de culto para un servicio de streaming. Y aunque el resultado sea irregular, lo importante para Van damme es respetar un par de máximas: retroceder nunca, rendirse jamás.

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