State of the Union 
Reino Unido, 2019, 10 episodios de 10′
Creada por Stephen Frears y Nick Hornby
Con Chris O’Dowd,  Rosamund Pike,  Jitendra Rai,  Aisling Bea,  Janet Amsden, Laura Cubbitt,  Elliot Levey,  Jeff Rawle,  Sope Dirisu

Diferencia y repetición

Por Federico Karstulovich

A Dani, mi compañera de vida

Las películas de Stephen Frears y los guiones de Nick Hornby comparten una característica que es muy difícil de encontrar en el cine y la televisión contemporáneos: hacen que lo dificil se vea fácil, que lo sofisticado parezca simple y que lo incómodo de la experiencia humana tenga una representación aparentemente convencional. Hay, en las capacidades de ambos, una característica común, que es la economía. Menos es más. Keep it simple podría ser el lema que los convoque. Por eso la reunión de ambos en este proyecto extraño que es State of the union tiene precisamente todas las características anteriores mencionadas. Pero a esto se le suma una característica extra: la economía del formato.

Apenas 10 capítulos (LO QUÉ??? APENAS? DIEZ CAPÍTULOS ES MUCHO, FEDERICO), pero de 10′ de duración cada uno, motivo que permite pensar a la serie como una película de menos de dos horas fraccionada en 10 segmentos. Esa economía es, en efecto, la mayor responsable de que lo que se dice, el modo en el que se lo dice y quienes lo dicen sean creíbles, empáticos, humanos. Y aclaro esto porque si ese formato no impusiera su lógica de algún modo terminaría resultándonos intolerable observar a una pareja decirse cosas más o menos terribles en los 10′ antes de las sesiones de terapia de pareja a las que asisten (pero que la serie deja convenientemente fuera de campo). Digo intolerable porque solo en esas condiciones de espacio y tiempo dramático le toleramos a la serie la constante de información previa actualizada mediante los diálogos. De no ser ese el contexto dramático nos parecería inverosímil por donde se lo viera, ya que nadie en la intimidad se lo pasa todo el tiempo pasándose facturas pasadas por todo (para los lectores no argentinos, el término “pasar factura” refiere a echar en cara cuentas pendientes emocionales entre personas).

Pero decíamos también que State of the union está sostenida sobre recursos económicos. No solo el formato, sino la estructura narrativa: elipsis convenientes que dejan fuera de campo una enorme cantidad de información (por eso la necesidad de actualizarla por vía verbal), un uso elegante de la vestimenta de los personajes como estado de ánimo, explotación del espacio (un pub a media tarde) y los objetos que lo pueblan (no es lo mismo para la pareja sentarse en una mesa que en un sillón), explotación de los tamaños de plano para dar cuenta del estado de la unión marital, al mismo tiempo multiplicación de variantes a la hora de mostrar casi siempre una misma serie de acciones pero con las variaciones necesarias que nos permitan entender el cambio de estado de una pareja en crisis. Insisto: aunque no lo parezca, aunque resulte simple al ojo, lo que hacen Frears & Hornby es realmente muy dificil de hacer sin una precisión absoluta y milimétrica en los personajes. Pero por eso la serie no solo supone el registro de conversaciones (lo que la volvería estrictamente teatral o peor, radiofónica), sino un complejo sistema narrativo en el que las formas incluso más minúsculas aportan información sobre los personajes y su evolución dramática (quién dijo que no podía construirse el arco dramático de un personaje en 10 minutos ?).

Pero State of the union no es solo un prodigio narrativo y formal (prodigio no implica virtuosismo sino capacidad de explotar todos los materiales que se tienen a mano y potenciarlos mutuamente sin que se note, sin estridencias ni exhibicionismo), sino que también construye -no sin cierta distancia afectiva, acaso con un código extremadamente anglosajón- una serie de ideas sobre la pareja que son observaciones que exceden la sagacidad y la inteligencia. Porque quizás lo más interesante de los problemas que la serie narra pasa por los eufemismos que los personajes buscan para decirse cosas terribles (aunque a veces pueden ser directos y brutales) y cómo todo ese rebusque redunda en no saber entenderse de otro modo que no sea echándose en cara cosas. Pero también es interesante como el eje de la serie no está puesto en lo que los personajes dicen sobre ese background sino sobre como entre ambos buscan las estrategias para escaparse por los laterales de esas discusiones: desde observar a quienes salen de la sesión de terapia de pareja antes que ellos, desde hacer especulaciones sobre el estado de otros matrimonios, pero también al ocuparse de pensar el propio con metáforas delirantes solo para no aceptar que a veces, estar en pareja es también elegir a un compañero con el cual poder sostener momentos felices, aburrimiento, depresiones, distanciamientos, en definitiva una apuesta por pensar que el mundo no es una burbuja individual en la que nadie debe entrar ni ofenderme.

Por eso también parte de la simpleza de lo que narra esta serie que se escapa entre los dedos (cuando uno menos se dio cuenta ya se miró la mitad de la serie como si nada) también tiene que ver con una idea que retorna a la economía que mencionábamos al inicio: cuando los personajes parecen comenzar a darse cuenta que en una pareja el entendimiento también implica apelar a un principio de paz y entendimiento (el keep it simple convertido en un mantra: no te enrosques, no le busques las vueltas, son relaciones humanas en las que lo que vale es el entendimiento y el crecer juntos y no la necesidad de tener razón sino de acompañarse mutuamente a la vez que respetar el tiempo y crecimiento del otro). En buena medida, cuando eso sucede, la serie parece destrabarse (a la vez que sostiene un perturbador elemento que podría comenzar una nueva crisis, lo que deja abierto la frase final de la serie) e ir en una dirección reconciliadora de las partes. Pero tanto Frears como Hornby saben que no quieren construir una fábula o un cuento de hadas, sino en todo caso un artificio posible en el que, como si se tratara de un pequeño laboratorio humano, podamos testimoniar el proceso de evoución emocional de una relación de pareja.

Con todos sus lugares comunes en relación a ciertos tópicos de las relaciones de pareja State of the union funciona porque hace de lo previsible un punto de partida y de lo esperable un punto de llegada falso. Porque también su estructura narrativa repetitiva, obsesionada con los lugares, las acciones y los objetos, determina una idea que no deja de tener un viso de perturbación: una pareja puede ser también un eterno loop en donde vivir. El punto es cómo transitarlo de la mejor forma posible, para que eso que puede estar cargado de repetición (como los capítulos) también pueda estar cargado de diferencia.

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