The Spy
Estados Unidos, 2019, 6 episodios de 45′
Creada por Gideon Raff
Con Sacha Baron Cohen, Noah Emmerich, Hadar Ratzon Rotem, Nassim Si Ahmed, Yael Eitan, Mourad Zaoui, Hicham Goullal, Hassam Ghancy, Uri Gavriel, Waleed Zuaiter, Hyam Zaytoun, Alexander Siddig, Ait ben Azzouz Brahim, Reymonde Amsallem, Ahmed Boulane, Maria Zreik, Kamal Kenzo,  Ori Pfeffer, Faical Elkihel, Yousef ‘Joe’ Sweid, Philippe Gray, Jawad Elbe,  Benjamin Hicquel, Robbie Leacock, Marc Maurille, Mohcine Nadifi, Faycal Zeglat

Lo impresentable

Por Gabriel Santiago Suede y Luciano Salgado

GSS: Yo me pregunto, ya con cierto morbo…quién fue el responsable que le dio el ok a semejante papelonazo? Quien logró venderle no la idea -que es buena, que es interesante por el caso real pero que carece de un tratamiento interesante como para adentrarse en ella- sino el desarrollo de esta serie a los incautos productores? Qué está haciendo Netflix que tira su dinero por la borda financiando bodrios imposibles como esta película que no tiene nada que envidiarle al cartón pintado de Hollywood a la hora de representar el medio oriente de las películas de los 40s?… El problema es que no estamos ante una película de espías de Raoul Walsh…

LS: No sé quién le subió la palanca a esto. En todo caso puedo imaginar un interés en reflotar una historia relativamente poco conocida. El caso es que no hay una sola decisión valedera, de esas que permiten que uno se encuentre con una narración de espías que se aparte un poco de las convencionalidades. Yo no puedo dejar de pensar en maravillas como Espía internacional y cuando veo este producto subestandar hecho como si entre el período de la guerra fría y la actualidad no hubiera pasado mucha agua bajo el puente. Asi las cosas, esto vio la luz. Y por algún motivo nosotros tres lo vimos y estamos acá castigándonos y haciendo catarsis grupal por esas casi seis horas de nuestra vida perdidas…

GSS: Me pasa que con esta serie dese el inicio no hizo mas que comprobar todo lo horrible que pensé que iba a ser. Pero tengo que confesar que morbo mediante me quedé para verla caer en ralenti, como quien ve un accidente hogareño tonto y torpe y luego larga la risotada mientras el otro está en el piso también algo sonrojado por la fatalidad. Bueno, aquí de fatalidad no podemos hablar, pero si de incapacidad de planificación. Esta serie, técnicamente parece no haber pasado por ningún filtro cognitivo que le ofreciera a los responsables una devolución sensata de los materiales.

LS: A una película o a una serie de espías, como mínimo, les exigimos un par de cosas. O bien velocidad, intriga, ritmo trepidante sostenido sobre la acción del movimiento (ahí está toda la saga de Misión: Imposible para comprobarlo) o bien niveles de complejidad, ambigüedad, cerebralidad, paranoia y vacíos informativos (como bien sucedía en la extraordinaria El Topo, de Thomas Alfredsson). Pero lo que seguro no puede pasar, lo que está mal es que la trama de espionaje sea obvia y pueda descularse de inmediato o que la velocidad del movimiento que procura mostrar sea, como bien decías, ralentada. Y aquí pasan las dos cosas. No podés. Encima con un caso que realmente demandaba varias vueltas de tuerca y que queda reducido a la historieta penosa de un patriota vulgar que se inmola por su país de maneras inverosímiles…

GSS: Impresiona también cómo se produce una reconstrucción de época que parece ignorar los mínimos estándares de dirección de arte. En ese punto me pasó algo raro. Me pregunté si realmente no estábamos ante una comedia oculta. Si la presencia de Sacha Baron Cohen no era otra cosa que un gesto en esa dirección. Y que quizás, vista con esos ojos, la serie podía, aunque fuera, cambiar el código con el que debíamos leerla. Hice el intento y se me ocurrió pensar los primeros tres capítulos de esa manera. El problema es que como la serie carece de humor, es ahí donde la hipótesis no encuentra sustento. De hecho es uno de sus mayores problemas: es solemne como pocas cosas podemos encontrar hoy en Netflix. Es extemporánea (uno no entiende muy bien por qué esta necesidad de contar esta historia ahora y con medios tan anticuados, como si realmente se tratara de una película de espías de hace 70 años). Bueno, tras el intento fallido de verla como comedia, me empecé a reír de la suma de datos y cosas ridículas. Y ya estaba en la mitad del rio.

LS: Qué suerte la tuya, porque yo ni eso. Una serie sobre un hombre común que de un día para otro es convocado para convertirse en agente secreto del Mossad y se nos cuenta la historia de su doble vida a lo largo de los años pudo haber sido perfectamente una gran narración. Pero la duplicidad está sustentada sobre aspectos risibles (una esposa que no ve a su esposo en meses, que no recibe llamadas casi, que se conforma con dos o tres cartas y con presencias oscilantes mientras el tipo vive en el exterior como si se tratara de un acaudalado). Para colmo no hay un solo atisbo de explorar el costado emocional de esa duplicidad. Apenas en algún momento se esboza la idea del personaje que termina por comerse a la persona y los efectos que eso trae. Pero no mucho más. Es como que uno termina haciendo un esfuerzo sobrehumano por ponerle energía e interpretación a una lectura que la misma serie no entrega. Más bien es una serie entregada al desgano.

GSS: Es cierto que en un momento hay una leve tentativa de explorar el costado del personaje que supera, que exacerba a la persona. Pero en vez de haberse agarrado de este costado toda la serie parece avanzar sobre lo obvio, que es la inminencia de el descubrimiento de las autoridades enemigas que el tipo es un espía que está jugando a dos puntas. Incluso el modo de resolver esa filtración que terminará derivando en el encarcelamiento y ejecución es digna de los anales de la estupidez narrativa: el tipo podía haber sido descubierto en diversas situaciones (se trepa por muros adelante de soldados y ni se mosquean, pero para ser interceptado por radio deja todas las huellas todo el tiempo), pero es descubierto por hacer comentarios sobre un partido de futbol vía clave morse. Es insultante. Insultante lo que hacen como uno como espectador.

LS: Asi y todo, con tanta impresentabilidad junta, por algún motivo que desconozco, terminamos viendo todo el asunto de corrido, como si el mismo morbo te llevara. Evidentemente es algo que está sucediendo con los formatos seriados y que hace mucho (pénele 20 años) no hubiera sido factible. Uno antes si no se enganchaba con una serie la abandonaba y ya. Por algún motivo, que tiene que ver con ver lo que otros están viendo en el instante (una sensación de estar en el mismo barco, ponele), nos exponemos a seguir hasta el final, haciendo que también la percepción del asunto sea distinta. Quizás esta serie no hubiera llegado a encontrar un público de haberse emitido por tv. Pero en el formato streaming logra el milagro de que queramos llegar al final. No sé, me pasaba pensar eso mientras decía “esto no puede empeorar más”.

GSS: Es cierto. La sensación de estafa termina menguando un poco por la de sentirse parte de algo, incluso malo, muy malo. Creo que es parte del secreto de plataformas como Netflix. Saber que se cuenta con series de distintos órdenes. Y que así como tenés maravillas como Mindhunter y otras también tenés cosas intermedias…y The Spy. Vaya uno a saber si no estaremos siendo parte de algún experimento social o de consumo, qué sé yo. Por lo pronto, si de algo sirve la crítica, es también para pensar en estas cosas: la mierda es un buen punto de partida para hacer ladrillos.

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