Batman

Ascenso y caída: algunas ideas tardías sobre el último Batman

Por Ariel Esteban Ramos

The Batman
EE.UU., 2022, 175′
Dirigida por Matt Reeves
Con Robert Pattinson, Zöe Kravitz, Paul Dano, Andy Serkis, Colin Farrell, Jeffrey Wright, Peter Sarsgaard, John Turturro, Jayme Lawson, Con O’Neill, Barry Keoghan, Gil Perez-Abraham, Peter McDonald, Alex Ferns, Rupert Penry-Jones, Kosha Engler, Janine Harouni

The Sepia Knight Rises

Ayer vi Batman. La última Batman. The Batman.
La fotografía, y entiendo que este es el efecto buscado, me recordó a esos planos de Blade Runner que se filman en no más de 30 metros de vía pública distópica, saturada de detalles. Ahora la cosa es más oscura, con filtros sepia y efectos; para decirlo en el lenguaje más accesible al usuario de smartphones: todo está filmado en modo retrato. El problema de esta estética tan sofocante es que anula algunos goces visuales más tradicionales, como la tecnología, que tiene un formato no sólo retro, sino casi cyberpunk, lejos de la hi-tech impecable que el millonario Wayne se armaba en el sótano de la empresa. 

Se anima a un punto más de erotismo que las anteriores, más franco y creíble, y con una de las pocas actrices (¡la hija de Lenny Kravitz!) que puede bancarle la parada con el látex a Halle Berry. En medio de algo que está bien llevado, aparece en boca de Gatúbela un “white people” polémico, para el VAR. Están discutiendo en el norte si es una voz autoral o es el personaje, están contando cuántos villanos negros pusieron, etc. En fin, los que armaron todo esto dejaron un campo minado para no poder disfrutar nada en paz. 

Hablemos del protagonista: el hecho de que se insinúe un gótico le permite a Robert Pattinson hacer una mudanza corta: transicionar de vampiro tímido a murciélago torturado; en el contexto de esta nueva idea de Batman, la elección está bien. Pero eso sí, que Bruce Wayne sea un muchacho con temitas a resolver no lo excusa de mejorar la higiene personal: Ben Affleck, lo sabemos, es de madera, pero siempre sale a la calle limpito y peinado. Si esta es la primera entrega de una nueva saga con el mismo actor, la destrucción o mejor dicho “la caída de la casa Wayne” amerita un nuevo comienzo, más aseado: Michael Kane estaría grande, OK, pero te limpiaba mejor. Ahora han contratado un ama de llaves en la mansión, pero todo sigue sucio. Si en la próxima peli no hay más plumero, jabón y shampoo, este murciélago arriesga comenzar una nueva pandemia. Gran diferencia, las distancias: si antes el enmascarado llegaba desde las alturas y enseguida tomaba una distancia sacrosanta, dejando a los maleantes atados, ahora se zambulle en la grela. Está en la escena del crimen avivando giles, va a la comisaría y se pechea con el cabo primero, termina huyendo de los milicos como un gaucho… el murciélago como ángel caído sui generis. 

Lo que resulta trivial, ustedes me disculparán, es el gran misterio de fondo (spoiler alert): al final el mafioso que trafica la falopa era el que manejaba Ciudad Gótica, con policías comprados, jueces… por favor, que alguien me explique qué clase de misterio es este. Detrás de este hilo, la película invierte HORAS de intriga. Yo quiero un misterio real, o al menos uno que no sea superado largamente por la cotidianeidad argentina. En resumen: está bien, es un tanto monocordemente opresiva, muy larga… y le falta una buena trapeada a toda la escena. Buen finde.

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