HUSTLE-1

Garra

Por Rodrigo Martín Seijas

Hustle
EE.UU., 2022, 117′
Dirigida por Jeremiah Zagar
Con Adam Sandler, Juancho Hernangomez, Queen Latifah, Ben Foster, Robert Duvall, Lyon Beckwith, María Botto, Kenny Smith, Abraham Vasquez, Jordan Hull, Kevin D. Benton, Debbie Lay, Bob Leszczak, Jerry Lobrow, Ainhoa Pillet, Sonya Giddings, Setty Brosevelt, Boban Marjanovic, Dirk Nowitzki, Shaquille O’Neal, José Manuel Calderón, Felipe Reyes, Sergio Scariolo

Hacer la América

Hubo un período de tiempo donde Adam Sandler parecía haberse olvidado de que era un laburante del cine, de que lo suyo eran esos personajes que están fuera del sistema pero que consiguen entrar en él sin perder su esencia, e incluso para revertir las reglas de esos entramados que los rechazaban. Sin embargo, en los últimos años, progresiva y trabajosamente, ha ido recuperando la memoria y, con ella, la vitalidad en su obra. Ese proceso de reinvención lo trae de vuelta al género deportivo, ese al que desarmar con films notables como Happy Gilmore y Billy Madison, para ahora revisitarlo, habitarlo desde otro lugar y mirada, pero, nuevamente, sin perder la energía particular que siempre lo caracterizó.

Decimos que hay un reposicionamiento porque pareciera que Sandler se propone ocupar ese lugar que supo ser de tipos como Sylvester Stallone y Kevin Costner. Es decir, el de los tutores y líderes, el de los que confían en el potencial de otros para lograr un éxito deportivo que luce imposible y, así, encontrar una oportunidad de redención propia. En el caso de Garra, interpretando a Stanley Sugarman, un cazatalentos que trabaja para los Philadelphia 76ers (una de las franquicias emblemáticas de la NBA) y que arrastra un pasado frustrado como jugador. Agotado por un trabajo que lo obliga a viajar por todos los rincones del mundo, parece encontrar la luz al final del túnel cuando le prometen que lo van a ascender a asistente del entrenador. Sin embargo, la muerte del dueño y su reemplazo por su ególatra hijo llevan a que Stanley deba retornar a su antiguo puesto y, en uno de esos incontables viajes, casi por casualidad, surgirá para él la gran oportunidad de su vida cuando encuentre a un jugador de notable talento. Claro que ese individuo, de nombre Bo Cruz (Juancho Hernangomez), que parece un meteorito en el firmamento del básquet mundial, es un integrante de la clase trabajadora española, padre soltero y al límite de la edad para ser reclutado. Así, le tocará a Stanley pulir a ese diamante en bruto, además de luchar contra viento y marea para que Bo pueda llegar a la NBA. Aunque, claro, no estará realmente solo en su misión: como toda épica deportiva, el laburo será en equipo e involucrará a ese dúo improvisado, pero también a sus familias y amigos, en una especie de emprendimiento comunitario que buscará alterar las normas imperantes –o por lo menos retorcerlas un poco- y confrontar con la arbitrariedad de ciertos poderes políticos, económicos y organizativos. 

Si la capa dominante que utiliza Garra es la del drama deportivo, con un humor mucho más acotado y la participación de amigos habituales de Sandler ausente, hay numerosos indicadores de que, en verdad, estamos ante una película que es una representante más del universo sandleriano. Por empezar, el antagonista, un niño rico y malcriado que no valora lo que tiene y que desprecia a cualquiera que no sea como él. Pero también el pequeño núcleo de héroes fuera del foco de atención, pero aguardando el momento correcto para pasar al centro, mientras se apoyan en sus afectos y luchan contra la ira interior: tanto Stanley como Bo deberán aprender a dominar las frustraciones que cargan sobre sus espaldas, porque ese es el seguro camino a la derrota. Y, principalmente, la idea subyacente de que Estados Unidos puede ser una verdadera tierra de las oportunidades, ese lugar donde cualquiera, con esfuerzo, dedicación, tenacidad y hasta algo de terquedad, puede subir en la escala social y alcanzar sus sueños, por más utópicos que parezcan.

El film de Jeremiah Zagar concreta –o más bien clarifica- ese enlace entre el cine de Sandler –que por algo pone a disposición su compañía de producción- a partir de una narración vibrante, donde el montaje para contar procesos, pero también sensaciones, juega un papel preponderante. Del mismo modo, recurre a una puesta en escena con un nivel de frontalidad y honestidad que lleva a que naturalicemos las múltiples apariciones de personalidades de la NBA sin que parezca un institucional; y que saca lo mejor de los intérpretes. Por eso es que Juancho Hernangomez es toda una revelación actoral; Queen Latifah transmite una sobriedad y equilibrio sorprendentes como la esposa de Stanley; y Sandler vuelve a demostrar que es un actorazo todoterreno. Es él, otra vez como gran jugador de equipo, el que nos recuerda que esa idea, tan americana, de que una sociedad diversa, esforzada y trabajadora, con todas sus potenciales virtudes y contradicciones, todavía es (y debe ser) posible.

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