Allá lejos y hace tiempo, en la época en la que varios de los integrantes de Perro Blanco escribíamos en El Amante, usábamos un criterio para las notas que incluían una entrevista y una crítica breve que a su vez se complementaran mutuamente y que se publicaban en dos páginas. Esa clase de notas llevaban el formato cariñoso de La Doble Castagna (Gustavo, integrante histórico de la revista que luego se alejó). Hoy EA no existe más como revista, pero en PB recordamos ese formato con cariño por eso la llamamos #LaDobleC. En esta caso Nadia Marchione habla largo y tendido con el director de Invisible, justo en un momento de nuestra historia en donde el tema central de la película parece entrar en perfecta sintonía con el clima de época. Casualidad o no, la película de Pablo Giorgelli llegó para interpelar a varios. A veces el azar construye esos encuentros. Acá la autora de la entrevista intentó dar cuenta de algo de esto. Tómense su tiempo, pasen y lean.

Invisible
Argentina-Uruguay-Brasil-Alemania-Francia, 2017, 86′
Dirigida por Pablo Giorgelli.
Con Mora Arenillas, Mara Bestelli, Diego Cremonesi, Agustina Fernández, Paula Fernández Mbarak y Jorge Waldhorn.

Hoy es hoy

Por Nadia Marchione

Si uno ve el tráiler de Invisible ya sabe todo lo que tiene que saber. Ely tiene 17 años, está embarazada y tomó una decisión.  No hay mayor misterio en esto. El tema es puesto sobre la mesa ya desde antes de empezar a ver la película. Y hoy día en Argentina, cuando la discusión por la despenalización del aborto ha tomado tal estado público, uno sabe perfectamente de qué se está hablando cuando la ecuación integra a una adolescente, un embarazo y una decisión.

Pablo Giorgelli también toma una decisión con Invisible. Desde el principio de la película, decide acompañar sin juzgar, con una mirada desde afuera del personaje que paulatinamente y sin que el espectador note cambio alguno se hará cada vez más introspectiva. Porque como dice el refrán “la procesión va por dentro” y este proceso de entendimiento de la situación para una adolescente a la que en ningún momento se juzga ni se victimiza es un proceso netamente interno, plagado de silencios (esos que Giorgelli maneja tan bien ya desde la maravillosa Las Acacias) que de vacío no tienen nada.

Por eso estamos lejos de una película didáctica sobre el aborto. Porque Eli se hace carne en esos silencios, en esa mirada esquiva, en ese ser personaje que se torna persona en tanto singular. Eli es Eli y no es “adolescente decide abortar”. Esa historia, como cada persona, es netamente subjetiva y está plagada de sutilezas, de esas que cualquier película que sólo persiguiera fines “educativos” pero que no se planteara con sensibilidad, carecería. Invisible permite un acercamiento al tema desde un lugar despojado y humano, por eso su centro de apoyo son las personas y en particular su protagonista. El aborto como tema excede a la película, pero la película ni su personaje proceden a agotarlo, sino a establecerlo, a dejarlo en la superficie incómoda del presente.

En la película abortar es una decisión tomada desde el minuto cero pero no por eso una decisión gratuita ni liviana. Lejos de ser tomado como “un método anticonceptivo más” (el gran fantasma de muchos que están contra la legalización del aborto), la película permite al espectador entrar en la dimensión real de la decisión sin meterse a juzgar a la decisión en sí.  La escena donde Eli y su amiga lee el prospecto de las pastillas abortivas es una clara prueba de ello. Se habla de espasmos dolorosos, se habla de pérdida de sangre… evidentemente no estamos frente a una decisión tomada alegremente ante el inminente embarazo. Pero esta lectura es algo que sucede en la cabeza del espectador. Giorgelli jamás subraya. Observa. Acompaña amorosamente a su criatura.  Sí. Quizás la cámara sea la única contención que Eli tenga a lo largo de toda la película, porque dentro de Ella, del universo de sus personajes, no hay para Eli refugio posible. La soledad es ineludible. Y los únicos que estamos ahí para ser testigos y empaticos con Eli somos nosotros, los espectadores que a través de la cámara de Giorgelli somos a medida que avanza la película un poco más cercanos a ella. Al fin y al cabo en eso consiste la empatía, no?

 

No existen las casualidades: entrevista a Pablo Giorgelli, director de Invisible

Por Nadia Marchione

 

PB: En este momento Invisible se presente como una película necesaria para profundizar el debate sobre el tema del aborto. ¿Te imaginaste cuando empezaste a pensarla que se estrenaría en un momento tan preciso, donde el tema está tan claramente en la agenda pública?

Respecto del contexto, la verdad que por un lado me parece increíble y por otro lado pienso que las coincidencias o las casualidades no existen.

Por cierto nunca me imaginé hace cinco años cuando empezamos a escribir la película en el 2012 con María Laura Gargarella, que la película se iba a estrenar en un contexto como este. En la misma semana -una precisión tremenda- en que se abre el debate y se presenta el proyecto al congreso por la legalización del aborto…

Y al mismo tiempo también pienso que en nuestros países, en nuestro continente (excepto en Uruguay) siempre este tema es una asignatura pendiente, siempre está en el aire. También por algo apareció eso hace cinco años cuando empezamos a escribir. Y también por eso te decía que pienso que las casualidades no existen. Era algo que estaba en el aire. En cualquier momento que hubiéramos estrenado creo que el tema podría haber sido un tema muy presente (no tal vez con la potencia que está ocurriendo ahora, porque se da en el medio de marzo la presentación del proyecto, y eso desde ya ayudó mucho en la visibilidad de la película, pero por ejemplo cuando estrenamos en Brasil en noviembre del año pasado pasó algo parecido. Justo la semana que estrenábamos en Brasil pasó algo parecido. El congreso, impulsado por el gobierno de Temer, había decretado un ambiente constitucional que endurecía aún más la posibilidad de legalizar el aborto, y entonces saltó todo el mundo porque también allá es un tema tabú como acá en Argentina y la sociedad está fracturada de modo muy parecido. Posiciones conservadoras, extremas. Y justo eso ocurrió la misma semana que estrenábamos y empezamos a salir en los diarios, no sólo en la parte de espectáculos sino en la parte política: “la película argentina que habla sobre aborto” y cosas así. Y fue un montón de gente. Más gente en Brasil que lo que vamos por el momento en Argentina, con lo cual ahí tuve una segunda coincidencia. Por eso te digo que las casualidades no existe cuando los temas son asignaturas pendientes. Tantos años de postergaciones, de lucha, de historias dolorosas pendientes están ahí y creo que hubiéramos estrenado en el momento que lo hubiéramos hecho en países como el nuestro y en América Latina siempre son un tema vigente aunque desde ya hay semanas más especiales que otras.

PB: Hay en la película un tratamiento muy minucioso de los silencios (algo que ya pasaba en Las acacias), que genera la sensación en uno como espectador de poder pensar con la protagonista. En este sentido, la actuación de Mora Arenillas está muy ajustada porque todo el tiempo está conteniendo. Son silencios llenos de preguntas los que se perciben. ¿Cómo fue el trabajo con la actriz para lograr tal profundidad de entendimiento de una situación tan particular a su edad? ¿Ya la conocías o atravesó un proceso de casting?

Lo que hicimos tiene que ver exactamente con lo que planteás. Básicamente el eje del trabajo con Mora fue esta idea de que Eli no puede verbalizar. No puede poner en palabras lo que le pasa. Ese vendaval físico que la atraviesa, ese proceso interno que está llevando adelante mediante el cual intenta descubrir qué quiere, o qué necesita, o qué puede hacer en cada caso, cada día; justamente ese proceso interior es lo que cuenta toda la película. Toda la película trata de un proceso interno, de un conflicto interno. Y bueno, cuando uno está procesando y todavía no ha encontrado respuestas, o no ha decidido qué actitud o qué decisión tomar, muchas veces no puede nombrarlo, no puede ponerlo en palabras. Y esa es la principal razón. No es una razón estética la elección de que el personaje hable poco. Habla poco porque está tratando de entender. Ese es el principal eje del asunto.

Y con respecto al casting sí, cuando Mora vino al casting me encantó. Pero era muy chica, tenía quince años. Yo estuve haciendo un año y medio de casting. Vi como doscientas, trescientas chicas, ya ni sé. Actrices y no actrices. Y Mora me había encantado pero era muy chica. Entonces la descarté por una cuestión de edad. Y un año y medio más tarde pedí que la llamen porque se había quedado dando vueltas en mi cabeza. Y lo que me había impactado de ella era justamente esa capacidad de comunicar un estado sin hablar. Esto es algo muy difícil en el cine. Es muy difícil contar un estado interior, porque el acto cuando tiene que prescindir de la palabra muchas veces no encuentra el punto justo, y tampoco el director. Entonces ahí a veces nos encontramos con sobreexplicaciones o subrayados gestuales o nos quedamos cortos y no se llega a transmitir. Esa idea de que ella está todo el tiempo dudando: “lo tengo o no lo tengo”. Esa es LA pregunta. Eso es lo que debía verse en ese cuerpo abatido, en esa mirada llena de dudas y de preguntas.

Así que una vez que elegí a Mora, después de ese año y medio larguísimo de casting en el que sabía que no me podía equivocar: la película dependía en gran medida de acertar en la elección de Eli. Por eso decidí tomarme todo el tiempo hasta estar completamente seguro de que estaba eligiendo bien. En realidad es algo que trato de implementar en cada proceso, en cada etapa. Siempre trato de no pasar a la etapa siguiente hasta no sentir que estoy completamente conforme, o hasta que siento que entendí que la etapa se agotó de manera satisfactoria.

En relación al casting, una vez que la elegí tuvimos unos cuantos meses de trabajo antes de rodar, donde se fueron ajustando ya en relación a las escenas concretas el modo en que las íbamos a encarar. De todos modos a mí me gusta tener una instancia previa que tiene que ver con el vínculo con el actor. Yo necesito tener un vínculo personal; establecer una relación con el actor o con la actriz. Mismo con el equipo técnico, lo que pasa es que del equipo técnico ya muchos son compañeros y amigos, entonces ya lo tengo a ese vínculo. Pero con un actor que no conozco, en este caso una actriz, primero necesito hacerme amigo, y poder compartir otras cosas, otros tiempos, hablar de películas, de música, entender un poco quién es la persona para después de conocerla un poco al menos poder trabajar mejor. Entonces eso fue lo que hice con Mora. Nos fuimos a pasear por el barrio de Eli, La Boca, que en realidad es mi barrio, donde filmamos la película, donde yo nací y me crié, y donde vive mi madre aún. De hecho filmamos enfrente de la casa de mi madre; el departamento de Eli es el departamento que está literalmente enfrente del departamente de mi madre. Entonces también es un barrio que conozco de memoria, donde están mis amigos de la infancia (algunos aún viven allí). Y después cuando sentí que ya nos conocíamos un poco, ahí empezamos a ensayar escenas concretas.Y en esas escenas, junto con María Laura Berch, Directora de Casting, que me acompañó durante todo el proceso de casting y es una persona de una capacidad, un talento y una sensiblidad realmente increíbles. Es de las mejores personas que existen acá para trabajar con actores, sobre todo con niños y adolescentes. Así que junto con ella empezamos a trabajar varias de las escenas para tratar de encontrar ese tono justo que luego se ve en la película, donde la ves dudar y podés llegar a adivinar o a pensar junto con ella (como decís vos). Cuando tiene que hablar de todos modos habla. A la madre le dice que tiene que salir, a su amante le dice que está embarazada… Cuando tiene que hablar habla. Después está procesando, y cuando uno procesa es difícil que hable..

PB: Cuando comienza la película uno tiene la sensación de que ya está todo dicho. De que es una situación que ya está planteada y que las cartas están echadas. Sin embargo en el transcurso hay micromovimientos en la situación que le aportan más pliegues al tema. ¿Desde el guión siempre estuvo planteado así o fue cambiando desde su primera escritura hasta el día del estreno?

Invisible es una película muy poco improvisada. Las Acacias tuvo un poquito más de espacio en el set para algunas cosas que fueron apareciendo. Invisible casi que no. Es una película que fue muy controlada. Del principio al final tuve claro qué quería hacer en cada momento. Tal vez el momento de mayor incertidumbre y de mayor búsqueda fue el montaje justamente, donde la película termina de encontrar su verdadero tono. Porque en el montaje fue que se decidieron muchas cosas que cuentan de un modo mucho mejor esa soledad de Eli; por ejemplo quitar todos los interlocutores y centrarnos únicamente en ella. Esa fue una decisión de montaje. Los sonidos de televisión y radio, todo ese universo también es algo que trabajamos en el montaje, que para mí es una etapa clave y es la escritura final de cualquier película.

PB: ¿Cómo fue estrenar en este contexto?

El estreno en este contexto realmente fue una cosa increíble. La posibilidad de que se trate la legalidad del aborto en el congreso fue una coincidencia muy contundente y eso ayudó a la película en su repercusión. Incluso mucha gente que no sabe cómo se hacen las películas nos tildó de oportunistas. Pero en definitiva creo que es algo muy bueno. Nunca me tocó estrenar una película en el mismo momento en que la realidad presente está tan en contacto con la realidad de la película. Eso para mí es algo nuevo y es algo que me pareció muy bueno y muy potente. Esa cosa de estar viendo en el cine algo que se toca con lo que está pasando afuera. Muchas veces hay películas que llegan tarde o a veces anticipadamente a tocarse con la realidad. Esta coincidencia es algo positivo y la celebro y creo que puede contribuir de un modo modesto, pero contribuir al fin, al debate. Tal vez desde un ángulo diferente o por lo menos con una potencia distinta a la que tal vez puedan tener funcionarios o personas que se acercan al debate más desde el mundo de las ideas. Me parece que lo que la película puede aportar tiene que ver con cómo es la intimidad de una mujer que tiene que atravesar eso en soledad y cuál es el peso que puede tener que el aborto sea ilegal. Una decisión sin un contexto que te proteja, pero haciendo foco en la persona. Me parece que muchas veces detrás de las posiciones extremas que dominan esta discusión, se pierde esa persona, esa mujer que está detrás. Esa intimidad, ese mundo doloroso que hay que atravesar. Ahí es donde la pelicula puede hacer un aporte.

Una chica de una organización feminista que vino a ver la película me dijo “antes no teníamos una herramienta como esta, pero ahora está tu película para ver cómo es para una chica tener que atravesar eso”. Y eso ya es un granito de arena. Ojalá la película se pueda constituir en una posibilidad de reflexión. Ahora estamos trabajando en un segundo circuito de exhibición de la película que tiene que ver con escuelas y universidades que están recibiendo con mucho entusiasmo la película y que nos están invitando a tener charlas y vamos a eso con algunos profesionales. En fin. Algo totalmente inesperado para mi cuando empecé a pensar la película. Yo encaré la película como un hecho artístico y jamás lo pensé desde este lugar, de aporte a la reflexión. De hecho evité la película didáctica, a pesar de que pueda haber algunas cosas en ese sentido. Pero es algo que me propuse de entrada. Rapidamente entendí que la película tenía que ser contada en primera persona, desde ella, y lo otro que entendí es que quería evitar la película instructiva, sino focalizarme en el drama íntimo de esa adolescente, con esa madre, en este país, en esta ciudad.

PB: ¿Cuáles han sido las repercusiones de la película en el público? ¿Sentís que la recepción del público es diferente de acuerdo al lugar geográfico donde se proyecta la película?

Yo estuve en Europa. En algunos países de Europa y básicamente en América Latina. Pero la película también se vio en Asia, en India, en Hong Kong… En realidad de India dos o tres personas me escribieron fascinados con la película, que la habían visto en el festival de Bombay. Uno diciendo cosas muy lindas, que la película le había impactado y le había gustado mucho la manera tan directa, sin escenas distractivas. Pero en Europa es un poco diferente el recibimiento porque allá tienen el aborto legalizado hace cuarenta o cincuenta años, entonces lo miran desde otro lugar y básicamente gran parte de las charlas tenían que ver con el tema de la desigualdad social. Que justamente tiene que ver con la desigualdad y el desamparo de esta adolescente. Aunque también en el Festival de Venecia, en Italia, donde fue el estreno mundial de la película, al finalizar las proyecciones, un monton de gente se nos acercó a Mora (la actriz) y a mí, emocionados, conmovidos con la película. E incluso señoras que nos contaron experiencias personales, incluso hombres también. Eso fue como un primer indicio de que la película funcionaba y conectaba bien con un público bastante amplio.

Y eso lo ratifiqué luego en todas las proyecciones en América Latina. La gente sale con necesidad de hablar. Algunos te cuentan cosas íntimas. Creo que la película genera eso. Y por cómo es la película y el tono que tiene y por cómo está contada permite que sea completada por el que la ve. Con lo cual el espectador tiene una función muy activa en la película. La idea un poco también es esa, que el espectador se convierta un poco en Eli ese rato que dura la película.

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