No dormirás
Argentina-España-Uruguay, 2018, 105′
Dirigida por Gustavo Hernández.
Con Eva De Dominici, Belén Rueda, Germán Palacios, Eugenia Tobal, Natalia de Molina, Juan Manuel Guilera, Susana Hornos, María Zabay, Miguel Ángel Maciel y Joche Rubio.

El factor humano como espanto

Por Rodrigo Martín Seijas

Si algo ha demostrado el tiempo en el esquema de producción mixta del INCAA es que el sistema de co-producción entre España y Argentina, al menos para géneros como el terror, tiene un piso decente, especialmente en ciertos aspectos técnicos y formales. Ahora bien, también es preciso aclarar que el techo está aún demasiado bajo, principalmente desde la construcción narrativa y la creación de climas. Hay matrices narrativas que solo por ser establecidas no alcanzan para construir un mundo original. ¿La coproducción justifica cualquier proyecto? Sí y no. Pero a veces los rasgos de mayor interés aparecen desde los laterales. Y quizás en ellos radique la mayor atención que debamos poner a estas películas que a primera vista podrían parecer en piloto automático.

En No dormirás vuelven a aparecer tópicos ya largamente transitados en el género (más en el cine español que rioplatense): la protagonista (Eva De Dominici) con una historia familiar problemática; el psiquiátrico abandonado, con sus espacios vacíos e inquietantes; los fantasmas que invaden el mundo de los vivos y el uso figurativo del género para pensar componentes propios de cierto terror psicológico (y hasta psicologista), en donde el trauma adquiere forma sobrenatural pero no deja de ser trauma (algo tranquilizador y que en alguna medida no ayuda nada al género).

La ligera diferencia pasa por la premisa y es en donde me parece interesante que nos concentremos unos minutos: en el espacio en donde se desarrollan los hechos, un grupo de actores ensaya una obra recurriendo al insomnio como método, pasando la mayor cantidad de horas posibles sin dormir, alcanzando nuevos umbrales de percepción, buscando quebrar los límites de la realidad y el plano espiritual. Hasta ahí un elemento curioso, pero no particularmente disruptivo. Ahora bien, esa pequeña diferencia termina ofreciendo un rasgo extra de interés, porque lo interesante de No dormirás es que lo verdaderamente terrorífico, el componente del terror más palpable no son los espíritus o el hospital abandonado, sino los artistas y sus acciones. O mejor dicho: lo temible es ese compromiso extremo con una obra, un personaje, un método o una idea de público, todas entidades que son, al fin y al cabo, abstractas, difusas e ideales, y que en definitiva pueden llevar al artista a sacrificar la cordura en pos de ofrecer “algo totalmente nuevo y original”.

En función de lo anterior es que la película desplaza su eje de espanto hacia quien acaso sea la única y verdadera villana de la película, que es la directora que interpreta Belén Rueda, quien se hace un festín con un rol que le calza perfecto. Esa directora es manipuladora y explotadora, y tampoco tiene inconvenientes en mentir o humillar a un elenco que acepta todo lo que ella propone porque quiere verla satisfecha, pero también es un personaje interesante y tridimensional (algo que no es tan usual en el cine de terror más remanido) porque es coherente con lo que desea y busca. De ahí que también sea el personaje más atractivo, porque su accionar es un reflejo de las acciones (o incapacidad de reaccionar en todo caso) de los demás personajes.

Es notable entonces que toda la parte sobrenatural y espiritual –que se extiende al drama familiar de la protagonista- de No dormirás esté imbuido de medianía y lugares comunes. La película, desde sus laterales, desde sus costados menos explorados, nos recuerda que los horrores ubicados en el plano real y humano son a veces los de más profundo y desamparado espanto. Y acaso el mayor miedo no sea otro que la pérdida de las capacidades humanas, desdibujarse y transformarse en seres carentes de empatía. El horror pasa también por ese lado.

Comentarios