Día: 22 de mayo de 2017

11 minutos

Como un gran collage urbano de pequeñas miserias acumuladas, todo se desarrolla en ese lapso de once minutos que invoca el título, tram(p)a dinámica a la que un guión asfixiante aprisiona en esa ridícula franja temporal. Esa decisión inicial desnuda, en primer término, el lugar que el propio Skolimowski se asigna en el asunto: el hacedor de un universo empantanado y sofocante en el que él mismo se ubica por fuera, un profeta de la caída del que necesitaríamos su advocación y su guía como medio de salvación.

Cannes 2017 – Diario de festival (6)

El año pasado, durante la 69 edición del Festival de Cine de Cannes, Isabelle Huppert y Hong Sangsoo estaban aquí, supuestamente con motivo de la muestra. Primero comenzó como versión: estaban filmando algo juntos. No, no que filmarían, sino que lo estaban haciendo, incluso, durante el festival. Esa versión luego fue noticia y acá está el resultado: Keul-le-eo-ui ka-me-la (Claire’s camera). Esta pequeña película (en duración y en pretensión), rodada con pocos medios, aprovechando las circunstancias, es la prueba perfecta de lo que puede hacer un realizador con talento ayudado por un buen equipo, sin otro aditamento que la pasión y las ganas.

Pasolini

De un pete a otro. Ese es el arco que traza Pasolini, de Ferrara, su inicio y su cierre dramático. Pero no habrá un festín, ni el mareo del sexo como impulso vital y como goce del cuerpo sin culpa. Tampoco la celebración de la alegría o la risa. Estamos a años luz del Decameron bocacciano, porque al Pasolini elegido por Ferrara la muerte le anda pisando los talones: es el tiempo de Saló, de la Italia auténtica (si es que algo así alguna vez existió) definitivamente perdida en el vértigo de esa modernidad que todo lo unifica. Son los últimos días de la víctima, de esa cuña en la buena conciencia burguesa, del marxista cristiano, el homosexual manifiesto, el cordero incómodo que cargaba con su propio trágico fin anunciado desde siempre.

El Profundo Mar Azul

Todo esto puede parecer una suerte de drama interclasista, una decisión terminal, un sufrimiento ajeno, una posición incómoda, y la sensación de que los personajes están arrojados a un mundo cuya amabilidad hay que buscarla colectivamente, de a ratos, por ráfagas, casi a tientas, deambulando solos por la noche, cantando en los bares, estremeciéndose en su soledad y en su compañía también. Tal vez algo de esto sobrevuele el film, tal vez las vidas allí dispuestas se columpien entre un certero pesar y una frágil felicidad, pero siempre hay algo por continuar aunque no se sepa muy bien de que se trata, una pizca de conciencia a la cual aferrarse, una mirada más allá desde donde se está mirando

Nadie nos mira

En Nadie nos mira hay un doble juego de actores, por un lado está Pfening, protagonista de la película, y por otro lado está Nico, personaje que encarna Pfening. Solomonoff logra llevar a Pfening, actor actuando, a ser esa persona que es un actor no actuando cuando no está en ejercicio de su profesión. Eso que parece un trabalenguas, y lo que tan bien sintetizó Ure. Eso logra Solomonoff con Pfening.

Juventud

Juventud (Youth-giovinezza) Italia-Francia-Reino Unido-Suiza, 2015, 124’ Guión y dirección: Paolo Sorrentino. Con Michael Caine, Harvey Keitel, Paul Dano, Rachel Weisz y Jane Fonda   El mal (esto no es una crítica)  Por Federico Karstulovich   ¿Qué clase de director abandona una mirada política incómoda sobre el mundo para convertirse en una suerte de predicador new …

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El buen amigo gigante

Hemos aprendido a estar solos. A jugar solos, a ver películas solos, a comer solos, a leer solos, a escuchar musica solos. Nos han enseñado que hay que crecer con amigos, que hay que hacerlo rodeado de una campana protectora, que esos amigos, además, deben contarse por montones, que en el fondo la socialización es indispensable para crecer sanos, fuertes y consumidores. Pero aprendimos otras cosas.

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