Suburban Screams

Por Santiago Gonzalez

John Carpenter’s Suburban Screams
EE.UU., 2023, 6 episodios de 45′
Creada por John Carpenter 

El mago abandona la sala

Que Carpenter se mantiene coherente a su mundo. Que su vuelta detrás de cámara es una reformulación de Someone’s watching me (su telefilm de 1978) y por ende, un retorno a la sombra de Hitchcock. Que la filmó desde su casa. Que mantiene la idea de un mal, un espacio reducido y un personaje femenino fuerte, etc. Que las marcas de autor continúan presentes. 

Todos estos componen comentarios que se leen en las redes sociales donde comenzó a popularizarse hace pocos años la idea de la simetría autoral (más vieja que el espíritu, valga aclarar), que expone que cada decisión de puesta en escena tiene una directa consonancia con mirada del director y su mundo, con una conciencia férrea. Bien. Esta idea llevó a muchos de estos críticos a regodearse en nimiedades e hilar fino en cualquier aspecto formal solo con tal de justificarse, con tal de inscribirse en la obra del otro, en vez de liberar al cine de la cárcel del autorismo. 

Por supuesto que todo lo que haga Carpenter, Spielberg o Scorsese – no se emocionaron con el plomo de Killers of the flower moon– es valioso de por sí, incluso con todas sus fallas o problemas. Y no porque les tengamos que perdonar la vida, sino porque se trata de grandes maestros de los que siempre es posible aprender.  El problema es que, a veces, las celebraciones banales (o la banalidad de la celebración) compone una exageración que no da espacio a que una película sea un embole, es decir, ni siquiera nos permite la experiencia del aburrimiento. Se trata del extremo del análisis y lo que conlleva esto: extraviamos la emoción de ver una película porque necesitamos establecer los puntos posibles de conexión. ¿No podemos dejar que las películas sean simplemente películas y que pululen libres? 

Todo esto viene al caso del retorno de Carpenter, que con  Suburban Screams, juega a una suerte de retorno a medias, medio engañoso, ya que en esta serie juega como productor ejecutivo y sólo dirigió el último episodio desde su casa, como si eso fuera una hazaña.

Ese capítulo, que sí es una reformulación del mencionado telefilm de los 70s, que era una película previa a Halloween, era feísimo visualmente y pésimamente actuado (Carpenter nunca fue bueno dirigiendo actores, por eso los escondía tras la cáscara de pocos diálogos y emociones, en una estricta unidimensionalidad que tan bien se lleva con el cine de las imágenes antes que de las palabras). En el caso de Suburban screams estamos ante una serie que no es otra cosa mas que una recreación de sucesos intercalados con entrevistas a los protagonistas reales de cada historia. El resultado es una cosa rarísima que, incluso cada vez que logramos entrar, todo el tiempo nos saca constantemente de la historia. Un atentado contra el género perpetrado por el formato de true crime, tan adepto a las entrevistas y a la verbalización. 

Pero lo cierto es que ninguno de los seis episodios es realmente bueno. Como si fuera una antología de episodios unitarios, se tratan historias de fantasmas, leyendas urbanas ridículas y narrativas sobre asesinos. Pero los lugares comunes y las limitaciones del formato no son lo peor. Acaso lo peor sea la limitación autoimpuesta por la producción, que, como si se tratara de un homenaje a los primeros años de la TV, nos retrotrae a una especie de teatro filmado intolerable. Personalmente, y con la mayor honestidad intelectual, que no es lo que está abundando frente a este retorno, no creo que nadie recuerde esto en futuro cercano o lejano, como sucede cuando revisamos el IMDB de algunos directores y vemos una cosa que no reconocemos y nos decimos en voz baja “¿Y esto cuando mierda lo filmó que se me pasó por alto?”.  Lamentablemente, quizás eclipsado por su retorno y revalorización como músico, Carpenter dejó las ganas de filmar en un arcón hace años. Yo diría que desde Vampiros (a riesgo de que me digan que Los fantasmas de Marte es una maravilla o que Atrapada está muy bien o que los capítulos de la serie Masters of horror son muy buenos) cuando todavía tenía algo que contar, el resto demuestra que al cine también le hace bien bajar a los maestros del bronce inmediato, ya que, como todo humano, son pasibles de equivocarse, aunque también pueden ser responsables, voluntaria o involuntariamente, de una estafa al espectador, incluso desde la comodidad de la casa (la del director), estafa que los genios compran felices desde el otro lado del sillón, explicando los trucos de un mago que ya se fue de la sala.

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