FINAL DEL JUEGO

Abrimos y cerramos los ojos y se nos hizo agosto. Y como les contamos algunos números atrás, tenemos novedades. Pero dejemos esto para el final.
En el medio de estos meses hemos visto una sucesión de hechos que hacen que sea cada vez más preocupante el sistema de distribución y exhibición de cine comercial en Argentina. El asunto no es nuevo. La preocupación tampoco. Lo novedoso, en todo caso, es encontrar la misma escucha de demandas desde hace años. Si el cine argentino produce una cantidad importante de películas anualmente (al menos bajo la órbita del INCAA ha producido casi 300 largometrajes en 2018), la pregunta a hacerse (o que nos haremos aquí, en este editorial, puesto que los problemas son varios) no debería estar solamente asociada a los problemas de producción (particularmente el perverso sistema de scoring y de puntuación, implementado por el Instituto nacional de cine y artes audiovisuales) sino fundamentalmente de exhibición y distribución.

Que las productoras y distribuidoras majors tienen siempre la mayor parte de la tajada no es novedad. Que los tanques han pasado a imponer, en determinados períodos de estreno, la friolera que asciende de el 30% de pantallas (aquel pasado que sentó un nefasto precedente con El código Da Vinci) al 80% de pantallas de Endgame y Toy Story 4 tampoco parece algo imprevisible. En todo caso, frente a esa circunstancia, no hay análisis del fenómeno de fondo, que claramente excede el oligopolio de las grandes compañías. Y es que un período en el que el cine no hace otra cosa que perder público (algo que ya había experimentado en otros momentos de su historia) pareciera ser que la única forma que ha encontrado para traerlo de vuelta es, como ya sucedió hace más de medio siglo, el gran espectáculo, el sistema de la película-evento. O al menos esa parece ser la excusa esgrimida por los grandes jugadores de la industria.

En un contexto en el que el espectador promedio (si tal cosa existiera) se ve tensionado entre el consumo hogareño que lo invita a abandonar las salas y a sustituirlas por series o películas on-line (no somos quienes para decirles cómo ver y qué ver: para psicópatas tenemos el mundo, que está plagado de ellos detrás de buenas intenciones) y el consumo de películas-evento en salas repletas que se ocupan de destruir la diversidad audiovisual, pareciera ser lógico recomendarles que asistan a salas más pequeñas (algunas de ellas abandonadas a su suerte, otras con pésimas condiciones de proyección y sonido). Es decir: suena lindo proponerles que “hagan el aguante” a salas que no tienen fondos con los que mantenerse. Es una opción, desde ya. Sea cualquiera el caso elegido, el espectador parece ser siempre la moneda de cambio: si va al cine a ver tanques se lo culpa por ver tanques, si no va al cine y mira cine en su casa, poco menos que se lo acusa de traidor, si va a salas en estado descuidado, es un mártir pero debe cargar sobre su espalda el malestar (tenemos uno y mil casos de salas céntricas en la ciudad de Buenos Aires que no pasan un examen básico de condiciones de proyección y cuidado del espectador). Podemos recomendarles que vayan a salas por fuera del circuito comercial que, a primera vista, pueden parecer más cuidadosas con el espectador. Podemos recomendarles sumarse a páginas de cine independiente y apoyar esos proyectos no hegemónicos. Podemos proponerles una y mil cosas. Y sentirnos mejor por ello. Y hacerlos sentir mejor o peor a uds como espectadores dependiendo si cumplen o no con los mandamientos de la cinefilia (“no veo series”, “veo cine en salas”, “apoyo solo a las salas independientes”, “apoyo al cine argentino yendo a ver mayoritariamente producciones nacionales”).

Lo maravilloso es que, mientras no haya políticas de estado que verdaderamente se preocupen por resolver este entuerto (otros países tienen una política de desconcentración transparente y previsible: no vaya a ser que por antihegemónicos terminemos regalándole el mercado a los grandes jugadores locales, que es un hecho que parece consolidarse cada vez más) seguiremos discutiendo en el vacío. Quizás sea pertinente, entonces, preguntarse por el sistema tributario, por el modo en el que el INCAA percibe ingresos. Y quizás identificar que buena parte de ellos está directamente asociado a esa concentración de pantallas. O para decirlo más claro: para que haya políticas de estado y dinero que sustente un verdadero cambio de reglas en la distribución y exhibición quizás deberíamos dejar de poner el grito en el cielo sobre la educación psicopática del espectador (es decir: decirle qué tiene que hacer y ver, aunque sea de forma amable, copada y progresismo) y poner el ojo en el factor tributario, en las políticas de estado. Y con esto vamos a ser antipáticos: le conviene al INCAA (como ente recaudador y administrador de los fondos del cine nacional) que Avengers: Endgame y Toy Story 4 se lleven una parte obscena de la torta de ingresos anuales por espectador en este 2019? Para el cine nacional y para el cine menos comercial extranjero parece ser una mala noticia. Ahora bien, en términos de recaudación, el INCAA recaudaría más con menos salas para los tanques estadounidenses? Posiblemente recaudaría mucho menos. Y es tan angustiante como contradictorio como perturbador, pero es asi: el sistema tributario de la ley del cine está diseñado para que el cine argentino, mediante el INCAA, NO SE AUTOFINANCIE, sino que se financie en buena parte gracias a los tanques y los tributos aportados por impuestos de películas extranjeras. No, no es la principal fuente de ingresos, desde ya. Pero es un dato que no podemos dejar de lado. El INCAA se autofinancia, en efecto. Pero también buena parte de la producción nacional y de las políticas de estado que sostiene se asientan sobre esa paradoja: mayor es la concentración de marcado extranjero, mejores las condiciones de recaudación para el cine local (por el contrario, el cine nacional no paga tributo extra como si lo hacen las producciones extranjeras con estrenos de más de 15 copias).

Si, estimados lectores: es hermoso y liberador llorar, quejarse por el capitalismo y la concentración de pantallas. Pero en vez de poner, como casi siempre, el ojo sobre un espectador que está atravesando un proceso de mutación, quizás sería adecuado empezar a pensar en estas paradojas sobre las que dimos cuenta lineas arriba. Qué hay que hacer? Por lo pronto, para desconcentrar, el estado debe poner especial énfasis en políticas de distribución y de exhibición que sean verdaderamente progresistas: contar con más salas propias, contar con salas que sostengan producciones independientes, pero a la vez redefinir de una vez por todas cómo va a ser el esquema tributario: el impuesto a producciones majors extranjeras debe ser mucho más alto que el actual, las limitaciones a la cantidad de salas a ocupar también debe ser regulado, pero como contraparte el cine argentino debe redefinir sus estrategias de producción de una vez por todas. O para decirlo de otro modo: puede el cine argentino producir casi 300 películas por año para construir un mercado en el que unas 5 a 10 traen público y las restantes tienen que pelearse por el mismo espectador entre los meses de abril a julio y septiembre a diciembre? Debe el cine argentino más pequeño producir películas sin tener leyes que protejan su exhibición adecuada? Tiene el cine argentino que seguir produciendo a grandes productoras locales en desmedro de producciones pequeñas? O tiene que hacer una política distributiva ascendente en donde quien menos tiene y menos experiencia adquirida y espacio en el medio tiene reciba más que el que más de esas cualidades porta?

Nuevamente: el sistema de distribución y exhibición del cine en Argentina es una pesadilla y una paradoja caminante. Pero de una vez por todas dejemos de hostigar al espectador y decirle qué hacer.

Nosotros, por nuestra parte, como les comentamos al inicio, tenemos noticias hermosas. Primero, como siempre, revisen un poco lo que va a ser el número del mes de agosto viendo nuestro índice, donde a partir de este mes empezaremos a publicar notas sobre los problemas de producción/distribución/exhibición, al fin de cuentas algo asociado a lo que hablamos en este editorial. Pero segundo, para contarles que a partir de este mes daremos comienzo a los contenidos de nuestra comunidad.
Qué es la comunidad Perro Blanco? Antes que nada es un espacio en el que, por un arancel mínimo, uds podrán acceder a contenidos exclusivos: cuatro libros de nuestra producción propia (libros que mes a mes se irán expandiendo, como les comentamos algunos números atrás: gana quien se queda en la comunidad, quien más tiempo lleve adentro más beneficios y acceso a contenidos exclusivos tendrá): Uno sobre cine Bélico, otro sobre cine de Superhéroes, otro sobre Clint Eastwood y un cuarto libro sobre el cine de Claire Denis). Prometemos pronto mostrarles las tapas!. Sumado a eso una plataforma de películas online curada íntegramente por los integrantes de la revista. Y sumado a eso una plataforma de educación online con cursos abiertos y cerrados. Los primeros sobre diversos temas, los segundos, en el marco de un proyecto de formación de críticos de cine. Todas estas cosas formaron parte de los sueños de la revista desde un inicio. Pero los vaivenes económicos, la ausencia de apoyo de ninguna clase de publicidad ni pauta ni subsidio ni premio estatal hace que los planes se nos hayan estirado en el tiempo, pero no por ello renunciamos a los mismos. Con el paso de los meses que nos quedan en este año esperamos contar con su apoyo. De esa manera, cuanto más apoyo tengamos de parte de uds, mayor podrá ser nuestra producción de libros exclusivos, cursos y nuestro cineclub online. Hoy por hoy los proyectos culturales en Argentina son muy difíciles de llevar a cabo a pulmón. Y esta revista, con las casi 80 páginas que entregamos mes a mes de notas para ustedes, está hecha con amor y esfuerzo. Bueno, en esa dirección, la comunidad Perro Blanco no es otra cosa que ofrecerles más contenidos a cambio de contar con su apoyo. Si esos planes salen como están pautados estaremos hablando, de aquí a un año, de un proyecto que cuente con una decena de libros propios sobre géneros, autores y otros, con un espacio de formación de críticos de cine y con un hermoso cineclub virtual. Porque no se puede estar llorando todo el tiempo mientras los bárbaros avanzan. Y porque apostar siempre vale la pena. Los invitamos a apoyarnos en esta nueva etapa que comienza.

ESTRENOS
Rapidos y furiosos: Hobbs & Shaw por Gabriel Santiago Suede
Dogman por Marcos Rodriguez
Hombres de piel dura por David Obarrio
Santiago, Italia por Sebastián Rosal
#Polémica
La odisea de los giles (un poco a favor) por Rodrigo Martín Seijas
La odisea de los giles (en contra) por Gabriel Santiago Suede
Anna, el peligro tiene nombre por Rodrigo Martín Seijas
Había una vez…en Hollywood por Federico Karstulovich
Baldío por Carla Leonardi
La viuda por Raúl Ortiz Mory
Ted Bundy: Durmiendo con el asesino por Gabriel Santiago Suede
Margen de error por Ludmila Ferreri
Por la gracia de Dios por Federico Karstulovich

NO ESTRENOS
Nada es privado por Ariel Esteban Ramos
Rim of the world por Sergio Monsalve
Stockholm por Ariel Esteban Ramos
Apollo 11 por Amilcar Boetto
The Wandering Earth por Gabriel Santiago Suede
A land imagined por Amilcar Boetto
American Factory por Sergio Monsalve
Cities of last things por Federico Karstulovich

TV & SERIES
Years and Years por Ludmila Ferreri
Apache: La vida de Carlos Tevez por Federico Karstulovich
Monzón por Ludmila Ferreri
When they see us por Ariel Esteban Ramos

VOLVER AL FUTURO
Encandilan luces: viaje psicotrópico con los síquicos litoraleños por Rodolfo Weisskirch
La espia roja por Carla Leonardi
Las facultades por Leyla Manzur Horta

DIARIO CINÉFILO

Tres delirios cinéfagos por Federico Karstulovich
Se fue José: Adiós a Martínez Suárez por Rodolfo Weisskirch
Adiós a D.A. Pennebaker por Gabriel Santiago Suede

INACTUALIDADES
Corman’s World por Claudio Huck
El verano de Kikujiro por Fernando Luis Pujato

LOST AND FOUND
Sporloos (George Sluizer, 1988)
El sanatorio de la Clepsidra (Wojciech Has, 1973)
The Pyx (Harvey Hart, 1973)

PRODUCCIÓN/DISTRIBUCIÓN/EXHIBICIÓN
Los problemas de hacer una película en Argentina

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CINECLUB VIRTUAL
¿Qué es el CCPB?

PUBLICACIONES
Nuestros libros de próxima salida y los que siguen.

CLASES ABIERTAS Y CURSOS

Workshops, talleres de escritura crítica y cursos abiertos

Participaron en este número:
Amilcar Boetto
Tomás Carretto
Ludmila Ferrreri
Claudio Huck
Federico Karstulovich
Carla Leonardi
Leyla Manzur Horta
Sergio Monsalve
David Obarrio
Raúl Ortiz Mory
Fernando Luis Pujato
Ariel Esteban Ramos
Marcos Rodríguez
Sebastián Rosal
Rodrigo Martín Seijas
Gabriel S. Suede
Rodolfo Weisskirch

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